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¿Los enemigos de la masonería son los propios masones?

 

 

 

 

(A propósito de un historiador jesuita)

 

Todo lo que somos es fruto de lo que hemos pensado; somos principalmente pensar, consistimos en pensamientos.

Francisco Ariza, La tradición Masónica, pág. 58

 

HACIA LA CONTEXTUALIZACIÓN

 

Los días 5 y 6 de agosto pasados, el reconocido historiador José Antonio Ferrer Benimeli dictó en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, un par de conferencias que ilustraron acerca de la relación existente entre religión, política y Mas.·., en las cuales quedó en evidencia el enorme caudal informativo que ha logrado atesorar este historiador.

Las investigaciones de Ferrer Benimeli le han permitido escribir más de veinte libros acerca de lo que la Mas\ representa y ha representado a lo largo de la historia, principalmente en los países de habla hispana. Para el efecto, y gracias a su adscripción a la Compañía de Jesús, se le abrieron los archivos del Vaticano y, en razón de su interés profesional, los archivos y actividades de infinidad de PPot.·. MMas.·. del mundo, entre las que se destacan la Gr.·. Log.·. de Inglaterra y el Gr.·.Or.·. de Francia.

El Dr. Ferrer Benimeli, a diferencia de otros científicos sociales, se aferra a un método de trabajo de corte positivista, esto es, que sólo reconoce como válido el conocimiento que se produce bajo ciertas condiciones, entre las que prima una supuesta “objetividad” del estudioso, la cual sólo puede darse en la medida en que éste se aísle de sus condiciones subjetivas, es decir, humanas, ideológicas, políticas y económicas. En otras palabras, la producción de nuevo conocimiento sólo tiene posibilidades si se utiliza un laboratorio, físico o ideal, para que el científico pueda poner en juego su propia experiencia.

Como es sabido, desde comienzos del siglo anterior, se han ofrecido otras alternativas a este tipo de investigación y se han propuesto otras epistemologías y metodologías, entre las que sobresalen la física cuántica, la hermenéutica, los estudios del discurso, las nuevas narrativas, etc. Al respecto, por ejemplo, recuérdese el conocido Principio de incertidumbre o de indeterminación que formulara Heisenberg en 19271, según el cual la precisión con que damos cuenta de un objeto es siempre limitada, debido a que nuestras experiencias siempre darán cabida a un margen de indeterminación que será amplificada con otras expectativas e incertidumbres.

Ahora bien, a los miembros de la Aug.·. Inst.·., a quienes nos preocupa la libertad de conciencia, seguramente nos llamará la atención el hecho de que las afirmaciones de un investigador como Ferrer Benimeli hayan sido asumidas con un acatamiento tal como el observado en esos auditorios y nos cuestionará el que nuestra conciencia aceptara lo que resulta inadmisible para quienes no pertenecemos a la Ord.·.: que un extraño dé cuenta de nuestras actividades MMas\ con ojos PProf.·. y que nosotros aceptemos sus interpretaciones como verdades indiscutibles2.

Estas páginas sólo buscan dar una mínima voz de alerta al respecto. Ojalá no se conviertan en un alarido en el desierto y, a cambio, más bien, propiciemos la coherencia de sentimientos, valores e ideas, de tal manera que prime el debate y pueda construirse conocimiento Mas.·. a plenitud.

  • 1Premio Nobel de Física en 1932.
  • 2   Aporte del Q:. H:. Manuel Romo, historiador chileno.

 

SOBRE LA ‘OBJETIVIDAD’ DEL CIENTÍFICO SOCIAL

 

Con la aureola del intelectual “objetivo”, del historiador “neutral”, del científico “imparcial”, se puede llegar lejos. Al menos eso es lo que podemos observar a lo largo de la historia de las ideas. No obstante, tarde o temprano se diluye el tapujo del mistificador y terminará por verse el entramado que se montó para representar la pantomima correspondiente.

Al efecto, estas reflexiones buscan demostrar que, a pesar de la objetividad, la neutralidad o la imparcialidad del investigador social, sus argumentos siempre tendrán unacarga valorativa que conduce la reflexión y hace posible una interpretación sujeta a los presupuestos ideológicos que animan al científico, hecho éste que fue clarificado por Max Weber, cuando dio cuenta de la confusión en la que estaba inmerso el historicismo alemán que establecía el compromiso con un método empírico riguroso y la utilización de conceptos de la filosofía trascendental (para Schmoller los individuos están influenciados por lo que él llamó “el espíritu del pueblo”, modificable a través del tiempo) y la cuestión de la supuesta irracionalidad de la conducta humana en el sentido de estar signada por el “libre albedrío” (Robles, 1998: 10).

Es por ello que, la historia que de la Mas.·. hace el jesuita español será vista con la mayor imparcialidad posible, pero sin dejar de lado el hecho de que soy un trabajador de las Ciencias Sociales y que oriento mi labor por los principios de las Humanidades y la ideología de la Mas\ que me define. En otras palabras: lo que ha dicho el padre Ferrer Benimeli ha pasado por el tamiz de mi conciencia y es ofrecido a ustedes para que ocurra lo propio y no continúe ese silencio que, de no conocer a mis HH\, un lector desprevenido podría asumir como cómplice o como expresión del temor ante la erudición confabulada.

IMAGINARIOS Y DISURSOS

Como nos lo han señalado la filosofía y la ciencia política3, la configuración de una particular interpretación del mundo y las relaciones sociales y políticas está mediada por la manera en que se han impuesto unas ideas que gobiernan, no sólo la reflexión sino la acción sobre el mundo y sobre los demás seres humanos.

Lo que Castoriadis denomina imaginario es una elaboración de ideas y formas significativas que determinan la existencia de una sociedad y que tiene relación con “un sistema de normas, de instituciones, de valores, de orientaciones, de finalidades de la vida tanto colectiva como individual” (1997: 195). Por su parte, Laclau y Mouffe caracterizaron el discurso como la resultante de un sistema de significación que determina la comprensión que tienen los sujetos acerca de sí mismos, de su desempeño en la sociedad y de su propia acción política, con la anotación schmittiana de que no existe nada que no sea político. De esta manera, DISCURSO no es solamente la expresión del pensamiento sino toda la configuración mental y material que lo sustenta.

  • 3 Cfr. Habermas, Gramsci, Castoriadis, Mouffe, Laclau, Žižek, Butler, entre otros.

En el caso que nos ocupa, Ferrer Benimeli, desde hace varios años, ha venido ofreciendo, en América Latina, un par de conferencias acerca la relación entre religión, masonería y política que se sustentan en sus cincuenta años de estar confrontando los archivos de múltiples instituciones, especialmente los del Vaticano.

En nuestro país, dictó las conferencias La masonería y la iglesia católica, primero, y Revolución francesa, independencia y masonería, al día siguiente. En ellas dejó en claroque su método de trabajo es de corte positivista y que, mientras no le demuestren lo contrario, su palabra es una verdad de a puño4, en tanto él sólo actúa como historiador objetivo e imparcial, no como católico ni como jesuita.

Entre las afirmaciones que hizo está la de que –a pesar de lo que nos transmite la tradición oral de nuestra Ord\– muchos de los grandes prohombres de la historia, no fueron MMas\ porque él no ha encontrado documentos que así lo demuestren. Deja de lado el ilustre conferencista la actual corriente de la historiografía que asume que no todas las fuentes son de carácter escrito y que muchísimas otras pueden aportar a la clarificación de un tema, máxime en unas épocas oscuras en las que era indispensable mantener en secreto las actividades ya fuera por persecuciones de orden religioso (el caso de la Mas\) o de orden político (en el caso de los luchadores libertarios de Europa y América, por ejemplo). Con ello no sólo se salvaguardaban las actividades encubiertas, sino la vida misma de los protagonistas. Así que negar lo que ha sido reconocido como verídico a lo largo de la historia porque el científico no ha podido acceder a otros archivos MMas\ resulta una muy endeble argumentación para sus planteamientos.

Asimismo, olvida el aclamado historiador que la moderna historiografía se ha visto abocada a reconocer que la verdad histórica se sustenta fundamentalmente en los intereses ideológicos del historiador y, por ejemplo, como lo demostró Habermas, la corriente que se dio a la tarea de negar el denominado Holocausto5 tenía “la intención de hacer una historia positiva que no desmoralizara al pueblo alemán y [que] realimentara su rivalidad con el enemigo comunista. De esta forma, se minimizaba el Holocausto y se lavaba una culpa que no era individual sino social” (Archila, 1999: 254).

Hemos hablado hace un instante de la ideología del investigador que conduce sus hallazgos y sus explicaciones. Pues bien, lo que sustenta nuestra acción sobre el mundo es un discurso6 compartido y aceptado como el que debe regir la sociedad y sus destinos.

  • 4Paráfrasis de lo expuesto en las conferencias mencionadas.
  •  De ella hacen parte, en acusación pública que les hizo Habermas a finales de la década de los años 80, Ernest Nolte, Michel Stürmer y Andreas Hillgruber.
  •  6En los términos arriba anotados. Lo que queremos decir es que el discurso de Ferrer Benimeli está construido sobre un imaginario en el que prima la verdad de la iglesia católica y, a pesar de sus escarceos ‘objetivistas’, necesariamente se vislumbran los alcances de la Compañía de Jesús y sus múltiples mecanismos para hacerse al poder (no sólo espiritual) en los países en los que ha podido. Es de anotar que el manejo del discurso mismo ha sido una manera permanente de penetración y de adoctrinamiento. Para el efecto, recuérdense –por solo citar dos– los casos de Theilhard de Chardin (de todos conocido) y, en nuestro país, el del padre Alfonso Llano Escobar, quien fue obligado a silenciarse y dejar la columna que publicó en el diario El Tiempo durante casi 30 años, porque “El padre Adolfo Nicolás, superior general de la Compañía de Jesús, le

 

Y de eso, nadie está exento, por cuanto todos compartimos signos, significados, sentidos y valoraciones que nos han sido trasmitidos desde el nacimiento o, incluso, algunos plantean que desde antes de nacer. Y, no olvidemos que, como dice el socorrido aforismo, la historia la escriben los vencedores usando–no hay duda–el discurso de quien detenta el poder,lo cual no implica que no haya un contradiscurso y, por lo tanto, una historia secreta, subterránea que, quizá se convierta en hegemónica si las condiciones lo ameritan. Y es innegable que la historia que circula por nuestros TTempl\ y TTall\, necesariamente resulta signada por el secreto.

LA ‘NEGACIÓN’ COMO AFIRMACIÓN DE LA COMPAÑÍA

Cuando ñigo López (Ignacio de Loyola, en los últimos 14 años de su vida) concluye en 1534 su cometido, se estructura la orden que ha sido considerada como un ejército en la sombra, al servicio del poder papal, con obediencia absoluta al que, en ese momento,detentaba el poder político de Roma, a más del imperio sobre la vida espiritual del mundo católico. Desde entonces, la Compañía ha sido enemiga declarada del librepensamiento y de las opciones políticas de corte republicano y democrático, actuando a veces de manera abierta y, casi siempre, en forma soterrada, clandestina.

Aunque nuestro historiador ecuánime se precie de ello, queda claro que sus libros, análisis y exposiciones se abordan siempre desde la perspectiva de la iglesia católica y de la orden a la que pertenece, y en no pocas ocasiones –con base en ellas– caracteriza una serie de “mitos” en la difícil relación entre las dos escuelas de pensamiento y acción7, ora para atacar una, ora para atacar a la otra e, incluso, en el apogeo de su neutralidad investigativa, cuestiona a varios jesuitas (o exjesuitas) porque en sus críticas a la Mas\llegan a extremos como los de “Hervás [quien] se extiende en el nacimiento de la que él llama «fiera democrática», así como en el del ideal de libertad «fruto abominable de las sectas jansenistas, filosófica y francmasónica». En especial, dirá que la auténtica función de la masonería en la obra revolucionaria consistía en la destrucción del catolicismo y de las monarquías, mediante la difusión de las ideas de libertad e igualdad.” (Ferrer Benimeli en Diccionario enciclopédico de la Compañía de Jesús, 2001, Vol. II, ‘Masonería’).

Entre los “mitos” o “leyendas” que él menciona, se encuentran la negación de la influencia de la Mas\ en la desaparición de regímenes políticos (la monarquía francesa, por ejemplo) y la consolidación de sistemas políticos no absolutistas (la república francesa y la española o las nuevas repúblicas americanas). Por otro lado, da similar tratamiento a las acusaciones en contra de los jesuitas por hechos desestabilizadores, intervención en política o por ataques a los MMas\ y a la Institución misma (los apoyos a Pombal para la primera expulsión de los jesuitas en la historia europea o la estrecha cercanía del conde de Aranda con los MMas\ franceses y españoles, por sólo citar dos casos).

  • ha dado orden al padre Alfonso Llano de dar por terminada su vocación apostólica de escritor, lo priva de su libertad de palabra y le exige que no se despida y que guarde absoluto silencio”, como dijo en el mismo diario el 9 de diciembrede 2012. Hasta el día de hoy, el padre Llano Escobar continúa en reclusión y silencio.
  • 7 La Masonería y la Compañía de Jesús, se entiende.

Pero, tal vez, donde más se nota su talante y sus pretensiones es en la negación del carácter Mas.·. de los libertadores latinoamericanos e, incluso, de las mismas LLog.·. Lautarinas, ni qué decir, entonces, de TTall.·. que por las dificultades propias de la época tomaron otros nombres y fachadas: a) como “Tertulia literaria” El Arcano Sublime de la Filantropía (1793), yb)como“escuela de idiomas”la Federación Filológica Fundamental

(1820), la cual encubría los TTrab.·, de la Log.·. Libertad de Colombia No. 1, a la que llamaron unos meses después Fraternidad Bogotana No. 1.

Con respecto a Nariño, dice Eduardo Ruiz Martínez, en una publicación dirigida por un Q.·, H.·,, destacado historiador y académico, quien no iba a dar su aval a un planteamiento como el siguiente, si se tratara de un error histórico:

[Nariño] funda su famosa logia –disfrazada de Círculo Literario–que denomina, como para que no quede duda, El Arcano Sublime de la Filantropía. La francmasonería –vínculo de moda entre los intelectuales europeos– es una receta inglesa, con ingredientes franceses, para exportar la revolución. Los venerables maestros recorren el mundo ayudados y protegidos por sus “hermanos”. Irreversibles causas históricas, sociológicas y económicas están señalando que la independencia de las colonias americanas es una realidad a corto plazo.

No obstante, no hay documentos físicos que den cuenta de las calidades MMas.·. del Arcano Sublime de la Filantropía, excepto, tal vez, el plano elaborado por el propio Nariño de su lugar de reuniones, llamado El Santuario, en el que es posible distinguir la configuración de un Temp.·, Mas.·., con sus símbolos característicos y sus llamados a la construcción de la Luz, la Libertad y la Fraternidad universales.

PARA CONCLUIR

Si bien estas líneas se han trazado de manera apresurada, no por ello vamos a dejar entre el tintero algunas de las hipótesis de respuesta al título que les dimos.

Es apenas comprensible que, al interior de la Mas\, existan HH\ con ideas y planteamientos que puedan resultar contradictorios e, incluso, puedan ver vistos como ilusos. Pero de ahí a asumir con el jesuita que por ello somos enemigos o, incluso, estúpidos, como él lo plantea, hay mucho trecho. Pensamos diferente, precisamente porque pensamos; y pensamos libremente, no bajo el influjo de una fe o una doctrina irreconciliable con esa Cam\ del Med\ que resulta de la interacción entre razón e intuición y, menos, vamos a pensar bajo la amenaza de reglas como la que reza: “Cada miembro de la orden debe obedecer como si fuera un cadáver o un bastón en la mano de un viejo”. (Ignacio de Loyola, citado por el H.·. Frau Abrines, Vol. I, pág. 644)

Los MMas.·. desde siempre hemos sido contradictores, cuando no adversarios, de los jesuitas y de ello da cuenta muy bien el Dr. Ferrer Benimeli. No obstante, plantear que en nuestro interior está el enemigo podría entenderse como parte de la misma estrategia embaucadora, empleada a lo largo de la historia jesuítica, y ello nos obliga a estar alerta ante estos signos de ataque, ahora que no solo tienen Superior General de su Compañía, sino Papa blanco.

Otra lectura resulta necesaria de esos documentos en feliz hora rescatados por el investigador jesuita, pero con ópticas más cercanas a la razón que al interés tradicional de quienes han sido, en palabras de un M.·. íntegro:

Flexibles, solapados, insinuantes, llenos de condescendencia hacia todas las flaquezas humanas, afectando una extrema moderación, echando mano de una moral acomodaticia, amoldándose con rara habilidad a las costumbres, a las ideas, a las supersticiones del país en que deseaban implantarse, estos epicúreos del cristianismo, como se les ha llamado, debían hacer, e hicieron en efecto, rápidos progresos. (H.·. Frau Abrines, Diccionario Enciclopédico de la Mas.·., Vol. I, pág. 644)

José Ignacio Correa Medina

Past Master

 

Resp.·. y Merit.·. Log.·, José Hilario López No. 20

 

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Or.· de Bogotá, 8 de agosto de 2013, e.·. v.·.

 

 

 

Author

Diario Masónico

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Comments

  1. Enrique Graner    

    Hay un dicho muy antiguo: “No hay peor enemigo, que del oficio” creo que fue dicho por Boaz, Jachin malchut Yeivin

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