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Educación y Masonería en Cataluña

 

 

 

 

Resumen

Se acepta, por lo común, la opinión de que la masonería coadyuvó, durante los siglos XVIII y XIX, al triunfo y consolidación de los valores que hemos convenido en llamar modernos.

La razón, la ciencia, la dignidad humana, la justicia y la libertad fueron, entre otros, principios asumidos por los masones como propios, y sobre los que se debía edificar el nuevo templo de la modernidad. Tampoco los proyectos de filantropía, interpretada como un amor hacia la humanidad y mejora del género humano, quedaban al margen del ideario masónico. Es lógico, pues, que esta filosofía fuese asumida por buena parte de una burguesía progresista deseosa de aniquilar todo posible vestigio oscurantista, apoyando naturalmente aquellos movimientos revolucionarios de ascendencia liberal que pululaban tanto en Europa como en América. De hecho, y aun a riesgo de caer en un cierto reduccionismo, podemos vincular la acción de la masonería con el triunfo de los ideales burgueses. Sin embargo, sería un simplismo suponer que el éxito o fracaso de las distintas revoluciones democráticas hay que apuntarlo en el debe o haber de la masonería. Como ya hemos indicado la masonería colaboró decididamente en la difusión de los valores de la modernidad política y científica, pero no asumió -de modo alguno- un papel exclusivo y hegemónico. Según la realidad concreta de cada país, la labor de la masonería tomó aspectos y características propias. La historia de la masonería está determinada tanto por las distintas geografías nacionales, como por sus diferentes cronologías, aunque la misma naturaleza hermética de la organización la llevó a trabajar clandestinamente en circunstancias, en ocasiones, adversas. En Cataluña la suerte de la masonería fue paralela a la de su burguesía y por ende, estuvo sujeta a los avatares de la burguesía en el Principado.

Hoy, felizmente, contamos ya con el primer estudio riguroso sobre las actividades de la masonería en Cataluña que completa trabajos de carácter más general, pero de indudable relevancia, para nuestra historiografía más reciente. Al socaire de los mismos, y al hilo de nuestras propias investigaciones, podemos afirmar que la masonería se pergeñó aquí como un movimiento marginal que se vio obligado a pactar con diferentes fuerzas radicales y progresistas, a fin de articular un frente común contra los tradicionalismos existentes.

Nadie debe olvidar que junto a los idearios revolucionarios y progresistas, también llegaron a Cataluña, como al resto de España, aquellas visiones románticas de talante conservador que, por lo general, únicamente proponían una vuelta a la teocracia. Sólo de este modo podremos entender las continuadas refriegas, luchas y guerras entre liberales y carlistas. El liberalismo llegó a consolidarse en una fecha tardía, y aun a expensas de sufrir crisis constantes y reajustes, cuya dinámica nos proponemos exponer en este trabajo. Antes de analizar la incidencia y participación de la masonería en las batallas escolares, muy especialmente durante las campañas orquestadas en la Cataluña contemporánea, no es ocioso fijar los aspectos y dimensiones en que se presentó la masonería -culturalmente hablando- a los ojos de los liberales ochocentistas.

A nuestro entender, la masonería recoge tradiciones, asume propuestas y plantea alternativas ya conocidas. La novedad consistió en presentarlas con un nuevo cuño y articularlas a través de rituales y simbolismos que le dieron una imagen atractiva. La masonería venía a ser la heredera de añejas aspiraciones racionalistas que buscaban hacía tiempo, a través de un neoplatonismo enriquecido con aportaciones lulistas, la construcción de una mathesis universalis que tuvo en Descartes a uno de sus más brillantes exponentes. Esta voluntad de tender hacia una única sabiduría había logrado cierto éxito y predicamento entre círculos luteranos, destacando entre sus cultivadores Aggripa von Nettesheim, médico y filósofo alemán instalado a caballo de los siglos XV y XVI, cultivador de las ciencias ocultas y uno de los representantes más destacados del lulismo de la Europa central. Bajo la impronta de Ramón Llull se pretendía elaborar un saber universal de marcado carácter simbólico hermético, mediatizado por una literatura naturalista y cabalística que encontró una excelente caja de resonancia, tanto en autores como Giordano Bruno, como en la tradición luterano-esotérica de la época.

De hecho, la historia reconoce hoy la existencia de unas líneas de pensamiento, más o menos ocultas, como por ejemplo, el movimiento de la Rosa Cruz, de innegable presencia en determinadas filosofías modernas. No ha de extrañar, por tanto, que la masonería emergiese en contacto con estas tradiciones. Al parecer, fue precisamente la masonería uno de los canales utilizados por los Rosa Cruz para continuar desarrollando sus actividades. Como a veces se suele señalar, la masonería fue un lugar de asilo para los librepensadores del siglo XVII, afirmación que nosotros haríamos extensiva a la masonería catalana de los siglos XIX y XX.

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Masonería y educación en la Catalunya contemporánea

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