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En esta plancha, pronunciada durante la tenida de la Gran Logia de Colombia en Bogotá el 28 de agosto de 1971, el entonces presidente de Chile proclama su profunda y constante adhesión al ideal masónico que lo guió en la acción política.

El proyecto y programa de la Unidad Popular, el movimiento que llevó a Allende a la presidencia de Chile, surge claramente como una recuperación histórica y política de un frente popular chileno liderado en los años 30 por el hermano masón Pedro Aguirre Cerda, radical de derecha y líder de una formación que iba desde los marxistas hasta los radicales, hasta los demócratas. Es evidente, y probablemente lejos de ser casual, la relación que el frente popular de Cerda tiene con la lista que llevó al hermano Ernesto Nathan a convertirse en alcalde de Roma.

Documento de gran interés, en el que Allende muestra una considerable conciencia de las dificultades que la Unidad popular habría encontrado en su camino. Sin embargo, ciertamente subestimó los riesgos y peligros, y es una prueba de ello en la afirmación serena, quizás ingenua: “es raro que hoy se tema la presencia de un masón o un socialista en la Presidencia de Chile”. La historia nos ha mostrado cuanto se temía  la presencia de un socialista.

Serenísimo Gran Maestre de la Gran Logia de Colombia, queridos hermanos del Consejo Supremo, altos dignatarios de la Orden, queridos hermanos:

Mirando hacia atrás, al comienzo de mi vida, recuerdo que no obtuve fácilmente el derecho a ser miembro de la Gran Logia de Chile, porque había sido un estudiante rebelde.

Y si insistí en llamar a las puertas de la Respetable Logia Progreso Nº4 de Valparaíso, lo hice con profunda convicción y poseyendo los príncipes masónicos inculcados en nuestra familia por mi querido abuelo, el querido hermano Ramón Allende Padilla Huelvo, quien fue Serenísimo Gran maestro de la Gran Logia de Chile y fundador de la Logia, cuyas puertas se abrieron para mí en Valparaíso, siendo la misma la segunda Logia del país.

Era plenamente consciente de que la Orden no es ni una secta ni un partido, y que al desbastar la piedra bruta, uno se prepara para actuar en el mundo profano. Y es obligación de los masones actuar en el mundo profano sobre la base de los principios permanentes de la masonería. Por esto, y no para agradecer (ya que creo que este término es impropio entre hermanos) sino para dar testimonio del contenido generoso de las palabras del Soberano Gran Comendador y del Serenísimo Gran Maestro, me gustaría recordar la noche de mi Iniciación, cuando por primera vez, escuchando el Ritual, oí que “los hombres sin principios y sin ideas firmes, son como los barcos que, una vez que se rompe el timón, son aplastados contra las rocas”. También aprendí que en nuestra Orden no hay jerarquías de naturaleza social o económica.

Desde el principio se hizo más fuerte en mí la convicción de que los principios de la Orden, proyectados en el mundo profano, podrían y deberían ser una contribución al gran proceso de renovación que todos los pueblos del mundo tratan de llevar a cabo, especialmente los pueblos de este Continente, cuya dependencia política y económica acentúa la dolorosa tragedia de los países en desarrollo.

Por esto, y al estar seguro de que la tolerancia es una de las virtudes más profundas y sólidas, en toda mi vida masónica, que ya ha cumplido 33 años, en las planchas presentadas a las diferentes logias de mi tierra natal siempre he insistido en la seguridad, para mí cierta, que podría coexistir en los Templos con mis hermanos, aunque para muchos era difícil imaginar que esto fuera posible para un hombre que en la vida pública dice públicamente ser marxista.

Esta realidad que existía en las Logias, fue mal entendida muchas veces en mi partido. Más de una vez en los congresos del partido fundado por nada menos que el ex Gran Maestro  de la Orden Masónica de Chile, Eugenio Matto Hurtado, se discutió la incompatibilidad entre ser masón y socialista.

La intolerancia en los partidos políticos es más severa. Apoyo mi derecho a ser masón y socialista al mismo tiempo. En estos Congresos, dije públicamente que si esta incompatibilidad fuera aceptada, habría abandonado el partido como militante, aunque nunca dejaría de ser socialista en cuanto a ideas y principios. Al mismo tiempo, sostuve que el día en que la incompatibilidad entre mis ideas marxistas y  ser masón fuera aceptada en la Orden, habría dejado los Templos, convencido de que la tolerancia no era una virtud practicada en ellos. Pude vivir esta realidad (siendo marxista y masón), y creo que puedo ofrecer a los Hermanos de la Gran Logia de Colombia sólo una vida leal a los principios de la Orden, tanto dentro de la Orden como en el mundo profano.

Durante muchos años, desde que era estudiante, conocí la prisión, la expulsión de la universidad así como el «destierro»1 y  hasta ahora, siempre he sido consecuente con mis convicciones. He sostenido mis batallas en un mundo político convulso, en un país que ha alcanzado altos niveles políticos, a veces sin posibilidad, pero siempre estando seguro de que  llegaría un día a acceder a la Presidencia de Chile.

Me interesaba abrir un surco, sembrar una semilla, regarla con el ejemplo de una vida de esfuerzos, para que un día esta semilla diera sus frutos. No para mí, sino para mi pueblo, el de mi patria, que merece una existencia diferente.  Aunque Chile – como dije anteriormente- es un país que ha alcanzado niveles de desarrollo político superiores a otros países en este continente, también es un país donde la democracia burguesa ha permitido el desarrollo de todas las ideas, esto se debe a la lucha de las masas populares por el respeto de los derechos humanos y a las conquistas obtenidas por el pueblo en batallas heroicas por la dignidad y el pan. Y aunque Chile puede haberse convertido en un país políticamente independiente, desde un punto de vista económico no lo es. Y creemos que es necesario lograr la independencia económica, para que nuestro país pueda llegar a ser genuinamente libre a nivel político. Y creemos que es esencial lograr este objetivo como pueblo, como nación o como país.

Así es esencial que el hombre de mi tierra pierda el miedo a la vida, rompa con la sumisión, tenga derecho al trabajo, la educación, el hogar, la salud y el entretenimiento.

Pensamos que el hombre de Chile debe vivir el contenido de las palabras tan significativas, como las que constituyen el trinomio fundamental de la Masonería: LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD.

Hemos argumentado que la igualdad no puede existir cuando pocos lo tienen todo y muchos no tienen nada. Pensamos que la fraternidad no puede existir cuando la explotación del hombre por el hombre es la característica de un régimen o de un sistema. Porque la libertad abstracta debe dar paso a la libertad concreta. Por todo esto hemos luchado.

Sabemos que la tarea es difícil y somos plenamente conscientes de que cada país tiene su propia realidad, métodos, historia y forma de pensar. Y por lo tanto respetamos las características que le dan un perfil propio a cada nación del mundo, y particularmente a las de este Continente. Sin embargo, también sabemos, y con plena conciencia, que estas naciones lograron emerger rompiendo las cadenas, gracias al esfuerzo solitario de unos pocos hombres que, nacidos en diferentes países, con diferentes banderas, todos se unieron bajo la misma bandera ideal, para hacer posible una América independiente y unida.

La historia nos enseña que algunas logias irregulares, como la Lautariana2 fueron la semilla y el cemento de las luchas por la independencia. Y aquí, en la Gran Logia de Colombia, puedo recordar con profunda satisfacción que Bolívar, al enterarse de las derrotas, escribió a O’Higgins3: “Eso dio prueba de tenacidad”, y estas palabras se hicieron eco en el Padre de la Patria, dándole la fuerza para recuperarse y mudarse a su hermana tierra argentina donde, junto con San Martín,4 tuvo la oportunidad de comenzar la batalla decisiva por la liberación de Chile. Para el extremo sur de América, tuvo la misma “visión” que Bolívar tuvo para el resto del continente. Y el 20 de agosto saludó a los barcos que navegaban desde la bahía de Valparaíso para comenzar la expedición liberadora del Perú con estas palabras: “De estos cuatro leños depende el futuro de América “.  Fueron soldados de Chile y Argentina los que contribuyeron a la liberación del Perú.

Por esta razón, sabiendo que en el mundo contemporáneo más que los hombres son los pueblos los que deben ser, y son,  los actores fundamentales de la historia, traté de que el pueblo chileno tomara conciencia de su fortaleza y supiera cómo encontrar su camino.

Personalmente solo hice una aportación. Eran las masas populares chilenas, integradas por campesinos y trabajadores, estudiantes, empleados, técnicos, profesionales, intelectuales y artistas, ateos y creyentes, masones y cristianos, laicos. Eran hombres formados políticamente en partidos centenarios, como el partido radical o sin afiliación política, los que se fusionaron en un programa que elevó la voluntad de lucha de las masas chilenas para enfrentarse al reformismo de la democracia cristiana y a la candidatura de Jorge Alessandri, que representaba el capitalismo tradicional.

Chile experimentó la fase prolongada, pero no estéril,  de los gobiernos típicamente capitalistas. Y digo que no es estéril, ya que siempre he sostenido que en nuestro país la democracia burguesa ha funcionado realmente como tal. Las instituciones chilenas son más que centenarias, y este año el Congreso de mi tierra natal, del cual formé parte durante veintisiete años, dos de ellos como diputado y veinticinco como senador, cumplirá 160 años de trabajo casi ininterrumpido. De hecho, diría de trabajo ininterrumpido. Por eso no negamos lo que se ha hecho, pero entendemos que el  camino de ayer no puede ser el mismo que el de mañana. Por eso, en el proceso político del antiguo sistema sucedió la brillante esperanza, sembrada demagógicamente, de una revolución y una libertad caracterizada por el reformismo de la democracia cristiana. Tampoco niego que ese gobierno, que es el gobierno del pueblo, no haya progresado en los campos económico, social y político. Sin embargo, los grandes déficits que caracterizan la existencia de pueblos como el nuestro están siempre presentes: hogar, trabajo, salud, educación.

Ningún país en desarrollo puede resolver al menos uno de estos elementos esenciales, y menos en este Continente, donde un vasto sector humano siempre ha sido mal interpretado. Ya sean los descendientes de Atahualpa o los hijos de Lautaro en mi país, el heroico araucano, el mapuche, el indio o el mestizo. Y aunque han dado la semilla de nuestra raza, han sido rechazados y colocados en un estado inferior y, en algunos países, incluso renegados.

Esta es la razón por la que nuestra lucha y nuestra decisión deben tender a otorgar poder a un pueblo que desea una transformación profunda en lo económico, social y político, no a una transmisión de poder de un hombre a otro. Como ya dije Serenísimo Gran Maestro, para abrir el camino a su legítimo derecho al socialismo, Chile tiene su propia historia, al igual que los otros pueblos tienen la suya, cada uno de ellos con características peculiares. Y Colombia tiene, como Chile, su propia vocación democrática y libertaria. Pero en 1938 vivimos una era diferente de todos los demás pueblos del Continente, y de casi todos los pueblos de Europa y del mundo: Chile fue uno de los tres países del mundo en tener un “Frente Popular”. Y un radical masón, maestro y estadista, Pedro Aguirre Cerda, llegó al poder gracias al acuerdo entre el pluricentenario partido radical y los partidos marxista, comunista, socialista y democrático.

En mi país, y más allá de mi país, se luchó contra la posibilidad de la victoria del Frente Popular haciendo sonar las campanas del terror y el pánico. Se habló de “idiotas útiles”, diciendo que comunistas y socialistas se habían servido de los radicales para establecer una dictadura. Y Aguirre Cerda, un radical de derecha, se hizo grande con el ejercicio del poder, porque le dio vida al contacto con el pueblo y a su lealtad hacia él.

Y cuando un día de mala suerte los soldados que no respetaban el pacto contraído con  la Constitución política, se rebelaron con la excusa inútil de que una bandera roja ondeaba en la fachada de la Casa de la Moneda, mientras que en realidad era la bandera de un partido apoyada contra la pared, fue el pueblo quien rodeó los cuarteles. Fue el pueblo el que sin ningún arma los obligaron a rendirse, sin disparar un solo tiro contra una multitud dispuesta a defender a un masón radical, maestro y  estadista.

Por esta razón, en la raíz de la evolución política chilena hay antecedentes que no tienen paralelos, y por eso es difícil entender lo que está sucediendo hoy en mi país: por eso es raro  que hoy en día se tema la presencia de un masón o de un socialista en la Presidencia de Chile. La verdad, Gran Maestro Serenísimo, es que nadie en mi país, ni más allá de la frontera, puede afirmar haber sido engañado. A lo largo de más de un año hemos dado a conocer el  programa de Unidad Popular integrado, como ya se mencionó, por laicos, marxistas y cristianos; por hombres de pluma, arado y de la minería del cobre. Todos los que lo quisieron han podido saber por qué y por quién luchábamos. Siempre he afirmado que si era difícil ganar las elecciones, más difícil sería asumir el gobierno y aún más difícil construir el socialismo.

Y siempre dije que esta era una tarea que tampoco podría haber logrado un hombre o una coalición de partidos, sino sólo un pueblo organizado, disciplinado y consciente, responsable de su gran tarea histórica, y los hechos han confirmado lo que había sostenido. Nos combatieron como en el año ’38. Y yo, que he sido candidato varias veces, sé qué métodos se utilizan para impedir el avance de los pueblos.

En 1969 se creó una cruzada impresionante que extendió el pánico de la persecución religiosa, el temor a la eliminación de las Fuerzas Armadas de Chile, la disolución del Cuerpo Carabineros.  Argumentos simples, pero sin embargo, capaces, gracias a su maldad, de ser asimilados y negarnos los votos que necesitábamos. Siempre he sostenido que cada país debe buscar un camino basado en su propia realidad. Por eso siempre he mantenido que,  desde el punto de vista teórico, al menos para mí, el brote de la guerrilla, la rebelión armada, el pueblo armado o las elecciones, son otros tantos caminos que pueden elegir los pueblos, de acuerdo con su propia realidad. Lo digo sin circunloquios.

Hay países en los que nadie puede imaginar que se puedan llevar a cabo elecciones, ya que no hay Congreso, ni partidos ni organizaciones sindicales. Es por eso que seguimos este camino dentro de las leyes de la democracia burguesa, con la intención de respetarlas y al mismo tiempo transformarlas, para hacer posible una existencia diferente al hombre de Chile, y que Chile sea verdaderamente una patria para todos los chilenos. Hemos propuesto una auténtica revolución chilena, hecha por chilenos, para Chile. No exportamos la revolución chilena por una razón muy simple: porque conocemos, al menos un poco, las características de cada país. Para exportar democracia y libertad debe haber condiciones que hoy  no tienen la inmensa mayoría de los pueblos latinoamericanos.

Por este motivo, Hermanos de la Gran Logia de Colombia, podéis daros cuenta de la sinceridad de nuestra posición de no intervención. Esta es la exposición franca de la posición de un Hermano ante sus hermanos. Nuestra batalla es dura y difícil porque, sin lugar a dudas, para mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo, debemos llevar a cabo las grandes transformaciones revolucionarias que hieren intereses externos como el capital extranjero y el imperialismo, e intereses nacionales como los monopolios y los bancos.

Estamos convencidos de que no podemos derrotar el subdesarrollo y la ignorancia, así como la miseria moral y fisiológica, si no utilizamos los excedentes de nuestra economía para sembrarlos en escuelas, calles, granjas cultivadas con tecnología moderna; para obtener, en nuestra propia patria, el beneficio de aquello que legítimamente nos pertenece. Para entender nuestra posición, puedo ilustrar como ejemplo lo que sucede en Chile con el cobre: esta riqueza fundamental para nosotros, pilar de nuestra economía, representa el 82% de las exportaciones y produce el 24% de los ingresos fiscales. Y el cobre siempre ha sido manejado por manos que no son chilenas. Las inversiones iniciales de las compañías de cobre estadounidenses, hace 50 años, no superaron los 13 millones de dólares. Y durante esos años salieron de Chile 3.200 millones de dólares, que fueron a fortalecer los grandes imperios industriales.

En estas condiciones, ¿cómo podemos progresar? ¿Cómo es posible que un pueblo, que posee las reservas de cobre más grandes del mundo y la mina más grande del mundo, Chuquicamata, no pueda controlar los precios, los niveles de producción o los mercados cuando una variación  de un centavo de dólar en el precio de la libra de cobre representaría para Chile un ingreso de más de 12 millones de dólares?

¿Cómo es posible que esto, que yo llamo “el salario de Chile”, sea manejado por manos que no son chilenas? Queridos hermanos, declaro solemnemente que en esta decisión nuestra, de redención de nuestras riquezas fundamentales, no hay voluntad discriminatoria, ni es contraria a los pueblos. Respetamos a los Estados Unidos como nación; conocemos su historia y entendemos perfectamente las palabras de Lincoln cuando dijo, refiriéndose a su tierra natal: “Esta nación es mitad libre y mitad esclava”. Estas mismas palabras, esta misma frase, pueden aplicarse a nuestros pueblos aparentemente libres, pero esclavos en la realidad moderna. Es por eso que hemos luchado y por esto nos combaten.

He expuesto el ejemplo del cobre, y podría hablar sobre hierro, acero, carbón y azufre, y también sobre la tierra. En un país que puede alimentar a 20 millones de habitantes o quizás más, se importa carne, trigo, grasa, mantequilla y aceite, por un valor de 180-200 millones de dólares. Si continúa el aumento de la población con una tasa del 2.9% por año, en el 2000 Chile debería importar 1.000 millones de dólares en alimentos. En la actualidad, todas las exportaciones chilenas son del orden de 1.200 millones de dólares anuales, de los cuales el cobre representa 1.030 millones.

En estas condiciones, no se puede pasar por alto la necesidad de una reforma agraria completa, que forma parte del proceso de desarrollo económico de un país. Y no se trata sólo de un cambio de la propiedad de la tierra, sino de la elevación del nivel intelectual y moral del trabajador de la tierra. Hicimos nuestra la frase de Tupac-Amaru, el cacique del Perú, cuando dijo a sus indios: “El amo no comerá más de tu hambre”. Queríamos que el trabajador de la tierra obtuviera el derecho a comer también él de aquello que la tierra produce.

Y yo, que soy médico y que fui presidente del Colegio de Médicos de Chile durante 5 años, mientras era un senador socialista agresivo, que conozco la vida de la asociación, que puedo decir con satisfacción a mis hermanos que los médicos de mi país siempre me han valorado y me han apreciado, debo señalar con el dolor de un chileno lo que seguramente les sucede a otros pueblos:  600.000 niños de mi país, una patria, Serenísimo Gran Maestro, que ha alcanzado los niveles políticos mencionados anteriormente, tienen retraso mental porque no han tenido proteínas en los primeros 6 meses de su existencia. Ante esta realidad no se puede ser conformista. Ante este escenario, los principios que me han enseñado y que he aprendido en la Orden deben llevarse al mundo profano. Por eso luché, y por esta razón me considero no un verdadero presidente, sino un portavoz del pueblo, que debe realizar el programa que presentó al pueblo, sin dudarlo; porque tengo este pacto con mi conciencia, el pacto de un masón con la conciencia de un masón, con la historia y con mi patria.

Todo esto significará represalias: perjudicar algunos intereses es difícil, y estos intereses se defienden, lo sabemos y ya lo estamos viendo. ¿Pero hasta cuando los pueblos de este continente aceptarán ser manejados con un control remoto? A lo largo de veinte años se ha hablado del Fondo Monetario Internacional y de  la convertibilidad de la moneda en oro. Y de la noche a la mañana, cuando se trata del país hegemónico, las reglas del juego cambian y nuestras economías débiles son golpeadas.

Durante quince o veinte años hemos visto que la República Popular de China no pudo ingresar en las Naciones Unidas, un país de 900 millones de habitantes. Pero cuando conviene a los problemas internos de un país, en vísperas de las elecciones, se puede declarar que China será reconocida y que el Presidente de los Estados Unidos puede ir a China para hablar con Mao Tse Tung. Pero nosotros no podíamos hacerlo antes. ¿Hasta cuándo podamos ver que tenemos derecho a trazar nuestro propio camino, a recorrer nuestro propio camino, a tomar en la mano los estandartes libertarios de los partidarios de la independencia de este Continente para convertirlos en realidad, porque ésta es la tarea que nos confiaron? Si esto es ser revolucionario, lo declaro, y si esto es ser masón, también en este caso lo declaro.

Y puedo decir a los Queridos Hermanos de la Gran Logia de Colombia que en mi tierra natal no hay un hombre encarcelado por sus ideas, en mi país no hay un solo preso político, en mi país se respetan todos los derechos. Y esta noche tuve el placer de venir a este Templo acompañado por el embajador de Chile en Colombia, querido hermano Hernán Gutiérrez. Y con nosotros vino el Director General de los Carabineros, el General José María Sepúlveda, también un hermano nuestro, y sabe perfectamente, como sabe el querido hermano Gutiérrez, que es cierto lo que estoy diciendo. Y si todavía existía la necesidad de encontrar un testigo, aquí hay un Hermano que vio en este Templo la luz masónica, porque es colombiano. Se trata del embajador de Colombia en Chile, quien no olvidando ser masón, tuve la alegría y la suerte de saludarlo y darle la mano después del triunfo de las urnas, en un templo masónico de Chile, pues al igual que Gutiérrez entra en las Logias colombianas,  para cumplir con su obligación masónica.

Por eso sostengo que, a juzgar por el clima creado antes y durante las elecciones, veremos hechos mucho más graves, que tendremos que afrontar. Sin embargo, incluso si hay gobernantes o gobiernos que creen que es legítimo defender los intereses de unos pocos, aunque muy poderosos, yo sostengo el derecho a defender los intereses de mi pueblo y mi tierra natal, en contra de los intereses de unos pocos. Si alguien piensa que en este momento las amenazas materiales pueden doblegar a los pueblos, se equivocan.

Los Estados Unidos deben aprender la lección de Vietnam. Y la lección de Vietnam es una lección para todos los países pequeños, porque es la lección del heroísmo y la dignidad. Y mientras hay países que gastan cien mil millones de dólares al año en un continente que no es el suyo, para evitar que las personas se den el destino que quieren, hay una América Latina que debe estar con las manos extendidas e implorando, para obtener pequeños préstamos, gotas de leche de los grandes pechos del país más poderoso del capitalismo. También en este continente en la última década han salido, para  amortización de capital e intereses, muchos más millones de los que han ingresado como inversión extranjera. América Latina, un continente pobre, es un exportador de capital, a diferencia del país más poderoso del mundo, el país del capitalismo internacional.

Por eso esta es nuestra lucha, y es por eso que uso este lenguaje, que es el lenguaje de la claridad, ya que estoy obligado a hacerlo frente a mis hermanos. Es una lucha frontal que no tendrá lugar solo en Chile: se está desatando en todas partes del mundo, porque estamos viviendo el momento de la trascendencia, donde crujen los sistemas antiguos, y es nuestra obligación ser abiertos con respecto a lo que mañana sucederá, analizando si somos capaces de encontrar esos cauces que permiten a las masas continuar un viaje que no sea el de la violencia inútil. Lo he dicho en mi país y lo repito aquí entre los Hermanos de Colombia: yo no soy una presa, pero sí el cauce del río donde la gente puede caminar con la certeza de que se respetarán sus derechos. Las avalanchas de la Historia no se pueden frenar. Las leyes represivas no pueden calmar el hambre de los pueblos. Tal vez se demoren unos años, quizás incluso una generación. Sin embargo, tarde o temprano, las represas se romperán y la marea humana estallará; pero esta vez con violencia, una violencia justa a mi juicio, porque el hambre y el sufrimiento son más que milenarios en muchas partes y centenarios en nuestro continente.

Si viejas instituciones como la Iglesia ven transformados los contenidos de su propia existencia, si los obispos reunidos en Medellín usan un lenguaje que hace cinco o diez años hubiera parecido revolucionario, es porque entendieron que deben recuperar la Palabra de Cristo si quieren salvarse como institución. Porque si continúan comprometiéndose permanentemente con los intereses de unos pocos, mañana nadie creerá en la enseñanza de quien la dio: el Maestro de Galilea, respetado por mí al menos como hombre.

Y es  por esto que  yo pienso y sueño. Sueño con la noche de iniciación cuando escuché estas palabras: “Los hombres sin principios fijos e ideas, son como esos botes que, perdiendo el timón, se atascan en las rocas”. Quiero que los Hermanos de Colombia sepan que no perderé el tiempo constituido por mis principios masónicos. Es difícil hacer una revolución sin un costo social, y es difícil chocar con los poderosos intereses internacionales y nacionales.

Lo único que quiero es que mañana, una vez que se haya cumplido mi mandato, pueda ingresar en mi Templo, igual que hoy lo hago como Presidente de Chile.

Transcripción de la cinta magnética grabada por la Gran Secretaria de la Gran Logia de Colombia.

Publicado por:

Garibaldi

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Edición nº 4 de los “Cuadernos de la Logia Redención nº 167”

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Comments

  1. Augusto Geronimo Busse    

    Demostracion casi grafica del dicho: “la Masoneria es perfecta, sus unicos errores visten de negro”

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