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Se consuma la dimisión del Gran Orador y la GLE se asoma al abismo

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Lo que ayer anunciábamos, hoy es una realidad. El Gran Orador ha dimitido hoy y deja a un Gran Maestro muy tocado por multitud de frentes.

Uno de ellos es la resolución en la que el propio Gran Orador, que se marcha con los deberes hechos, se oponía a la decisión de Óscar de Alfonso de destituir al Gran Tesorero el pasado junio.

Otro de los frentes abiertos, y relacionados con el anterior, era la de los procedimientos incoados a través de la justicia masónica en los que se abría expediente a Hermanos sin, ni siquiera, comunicarles los cargos que causaban tal suspensión. Quizás, la falta de garantías procesales haya sido uno de los principales motivos que han empujado al Gran Orador a tomar su decisión de abandonar la Gran Oficialía y la Gran Logia de España definitivamente.

¿Quién será ahora el Gran Orador?

No hay duda de que el cargo requiere experiencia masónica, ciertos conocimientos de derecho masónico y profano, además de un profundo conocimiento de su aplicación y de la Orden en sí.

Probablemente Óscar de Alfonso opte por la figura «pro tempore» hasta la siguiente asamblea, al igual que hizo con la figura de Gran Tesorero, pero esto no haría más que alimentar las constantes acusaciones de falta de democracia interna, ya que los dos principales cargos electos, al ser destituidos o haber dimitido, serían nombrados «a dedo» por el Gran Maestro. Esto significaría que la separación de poderes interna de la GLE quedaría anulada y el poder ejecutivo del Gran Maestro acumularía todo el poder en sus manos.

Quiere decirse, que tanto las cuentas, como la administración de justicia, podrían manipularse a su antojo para la presentación de las mismas en la asamblea soberana de los masones regulares españoles y, en consecuencia, puestas en duda más de lo que ya lo están.

¿Qué opciones quedan?

Las opciones son más limitadas a medida que pasa el tiempo y el margen de maniobra muy pequeño. Ante el menosprecio a la reforma constitucional y reglamentaria propuesta por MESA, las importantísimas bajas en el gobierno de la GLE, la falta de transparenica en cuentas, las políticas comunicativas y las cazas de brujas internas sólo hay dos soluciones:

  1. Convocar una asamblea de refundación y así evitar la ruptura definitiva en su seno, tal y como proponía el, hasta hoy, Gran Orador.
  2. Dejar que la situación llegue a un estado tal de putrefacción, que el fratricidio masónico llegue al extremo de romper la maltrecha fraternidad y que los detractores de Óscar de Alfonso abandonen en masa la GLE, lo que dejaría a la Obediencia tocada de muerte.

No obstante, la solución a estas alturas se antoja difícil. En lo que sí parecen coincidir todas las partes es que el principal problema es el Gran Maestro, aunque a estas alturas, su dimisión no sería la respuesta a la reconstrucción de la fraternidad. La GLE está en un punto de no retorno y, a través de la ruptura o la refundación, la resolución del conflicto parece estar cada vez más cerca.

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