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“NOS RESULTA POSIBLE”, por Adolfo Alonso


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Nos resulta posible, aunque sea en una forma burda, por generalista, caracterizar las distintas masonerías nacionales.

Por Adolfo Alonso Carvajal

No es cuestión aquí y ahora, de realizar el minucioso trabajo de identificación y diferenciación, entre rasgos de las grandes logias y las sociedades nacionales que las acogen, protegen ,rechazan, o los estados que las prohíben o condenan, según los casos. No sucede así en la masonería española. Su definición resulta siempre, incompleta y poco definitoria. Esto se debe, todos lo sabemos, al nacimiento y desarrollo de nuestra masonería, como un hijo ilegitimo en un imperio en decadencia.

Los datos que conservamos de sus primeros pasos resultan barrocos y nada fidedignos puesto que el secreto no solo fue virtud sino también necesidad. Lamentablemente nuestra información masónica española comienza con la partición, más o menos veraz, del país entre patriotas y afrancesados; continua con Cristinos y Carlistas pasando por liberales y conservadores o estallando entre rojos y nacionales. Durante los siglos XIX y XX la historia de nuestro país, parece reducirse a esta polémica fratricida. Tal vez porque todo fue aquí política o todo fue definible en términos políticos, la Francmasonería en nuestro país también lo ha sido, activamente y pasivamente, como actora o como víctima.

Represión y vuelta

La Francmasonería española actual, renace en la transición tras la muerte de nuestro último represor, envuelta en la polémica de un reconocimiento institucional por vía judicial, y en los problemas generados al Grande Oriente Español en el exilio, que lleva a la institución que nos precede a irradiar a quienes van a fundar una asociación denominada GRANDE ORIENTE ESPAÑOL, privándoles de legitimidad, y a nombrar  gran maestre al MRH Francisco Espinar Lafuente, quien constituye la asociación denominada GRANDE ORIENTE ESPAÑOL UNIDO  , y que al final, con el paso de unos años,  se integra, siendo gran maestre del GOE del exilio, en la GRAN LOGIA DE ESPAÑA (GLE).

La integración en la GLE del MRGMGM es una trasmisión histórica simbólica, y no adaptada a la realidad española de aquel momento ni mucho menos a una evolución futura que resultaba como una galaxia lejana desconocida. La Masonería es una Orden que, en el fondo , es universal y única. No es un género que pueda aplicarse a diferentes ejemplares. Pero esta unicidad puede tener una riqueza interior, que es la de una pluralidad de Ritos. Una Masonería que tuviera un Rito único adolecería de una falta de contraste. Todo esto tiene conexión con la idea de “regularidad”. Cualquier Obediencia, para tener legitimidad, ha de insertarse en esa Orden universal y única.

Tiene, pues, que ser reconocida, como miembro de ella, por las restantes Obediencias.

Para este reconocimiento se tiene que acreditar que se posee una serie de requisitos fundamentales, los que constituyen los llamados Landmarks, esto es, hitos o mojones que marcan los límites de lo masónico. Entre ellos figuran la creencia en el Gran Arquitecto del Universo y en la inmortalidad del alma.

Pero esta Masonería única tiene que acomodarse a la división en Estados que se encuentra establecida en el mundo. Se tiene así otra pluralidad, que consiste en que, en cada Estado, ha de haber una Obediencia propia y distinta, cuya independencia debe matizarse por la vocación que todas ellas tienen, en común, hacia el cosmopolitismo. Por todo ello no podrían existir en un mismo Estado varias Obediencias que fuesen reconocidas por las demás como igualmente regulares. La Masonería regular es, por consiguiente, una Red única formada por la pluralidad de Obediencias nacionales, en la que cada una de ellas representa, de un modo exclusivo, a la Masonería en su propio territorio estatal .

Y esto es lo que ocurre en la mayoría de los países en que se encuentra establecida nuestra Orden.

La Masonería regular no es, como se dice a veces, una Masonería “inglesa” (o anglosajona) sino que es la Masonería de ámbito mundial, en cuanto se ajusta a los Landmarks, aunque es cierto que tuvo como punto de partida a las Constituciones de Anderson de 1723 y la constitución de la Gran Logia Unida de Inglaterra en 1813 Frente a ello surgió, a finales del siglo XIX, una desviación esencial, que condujo a una escisión, primero en el Gran Oriente de Bélgica, en 1854, al admitir en sus logias las discusiones sobre religión y política, y luego, en 1872, al suprimir el Art.12 de sus Estatutos, que establecía la creencia en el Gran Arquitecto del Universo y en la inmortalidad del alma.

A esta posición se adhirió luego, en 1877, el Gran Oriente de Francia, que se convirtió en el abanderado de esta nueva tendencia.

En España tenemos, como en cualquier otro país, una tradición masónica que posee unas características especiales. Mientras que en los países del Norte hubo una buena relación entre el protestantismo y las Grandes logias, en los de impregnación católica, como España, Francia o Italia; la persecución que hubo por parte de la Iglesia (condenas papales, prohibiciones, los dos Syllabus etc.) dio lugar a una reacción que provocó un activismo político, de signo netamente antirreligioso. A ello contribuyó también que, en la segunda mitad del siglo XIX, se produjo la expansión del positivismo y; en la primera mitad del XX, a su vez, la del materialismo y, en general, la de un agnosticismo inmanentista.

Sin embargo la Masonería española, desde su época de mayor influencia , que fue la de finales del siglo XIX, trató de seguir una línea moderada. Por un lado mantuvo la creencia en el Gran Arquitecto del Universo y en la inmortalidad del alma, así como el uso de la Biblia; que simbolizaba esas creencias en la forma más extendida dentro del área occidental, pero la cual se sustituiría por otras paralelas (como las del Corán, o la Torá) en sus ámbitos respectivos.

Por eso las principales Obediencias españolas no se afiliaron al grupo, minoritario; de Grandes Orientes, que habían seguido en su desviación al Gran Oriente de Francia. Pero, por otro, se impregnaron del activismo que se llevaba a cabo no sólo en Francia, sino también en Italia y en otros países. Pero el siglo XIX fue también el siglo del individualismo, el de la tendencia hacia la anarquía. Y ello se reflejó en el proceso de disgregación y de luchas intestinas que caracterizaron a la Masonería española durante el período mencionado, e incluso después en el siglo XX.

Publicado por:

Diario Masónico

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