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Por Antonio Candado Aguado

El lenguaje y sus etimologías en muchas ocasiones dejan fosilizadas pequeñas sinergias, no tanto en sus significados de uso cotidiano, sino más bien en los rasgos predominantes de sus campos semánticos.

Como es de esperar el sustantivo humildad también puede enseñarnos algunas curiosidades etimológicas: humildad proviene del latín Humilis, por otra parte el sustantivo humillar a su vez proviene también del latín humiliare y ambos términos a su vez son derivaciones del sustantivo latino humus que significa tierra, por ello, y en términos etimológicos, la diferencia entre ser humilde y humillar sería que mientras en la humildad uno se mantiene cerca del suelo por sí mismo en la humillación es otro el que forzosamente lo mantiene cerca del suelo. Pese a que esto me sea curioso no es el cariz que quiero que tomen estas palabras, por ello dejaremos lo dicho en el anecdotario sin más interés que el filológico.

Somos muchos los hermanos que hemos venido hasta aquí arrastrando nuestras preocupaciones, nuestras ilusiones, los desvelos de nuestras vidas diarias pero también la urdimbre de nuestras ilusiones y nuestros anhelos, ¿porque no reconocerlo? Muchos compartimos hoy este espacio y este momento como punto de encuentro, pero también como punto de partida habiendo llegado desde lugares muy diversos, en momentos vitales muy distintos, hemos venido de entre los muchos y muy dispares caminos que la vida nos ha hecho caminar para llegar hasta aquí.

La humildad sin embargo es algo que nos es común a todos, un idioma, una cultura o una forma de ver la vida si lo preferís.

Debería ser común para todos nosotros el saber habernos despojado de nuestros prejuicios al ponernos este mandil, relegar la soberbia y la envidia cuando nos ponemos esto guantes, valorar tan solo la calidad humana cuando portamos la escuadra y el compás porque esos son los puntos cardinales de la masonería, porque ese es el basamento del Templo de Salomón, porque ese es el prisma con el que, al fin y al cabo, pretendemos observar el mundo para hacer de él un lugar mejor. También se deciros que es fácil decirlo aquí donde observamos el mundo, pero infinitamente más difícil hacerlo día a día, en nuestras vidas cotidianas, donde no solo observamos ese nuevo mundo, donde somos artífices de su construcción.  

Es de la humildad de donde nacen el resto de virtudes, es de saber las limitaciones que uno mismo tiene de donde nace la fuerza para superarlas, es la humildad el antídoto para la soberbia, la altivez y la arrogancia, es el inicio para asumir que otros pueden enseñarnos, que siempre necesitaremos de los demás, que cada día la vida vuelve a ser una nueva senda a recorrer, es el inicio del camino masónico. En ocasiones la miseria moral y la podredumbre del alma  nacen en las personas de confundir unas aspiraciones económicas, sociales, laborales o materiales ya colmadas con creer estar titulado para dar lecciones a los demás sin recordar que todos somos aprendices. Lo cierto es que ninguno estamos vacunados contra la desgracia, contra la desdicha, contra esas catástrofes personales que nos devuelven al punto de partida y que exigen de nosotros que luchemos de nuevo para levantar una vida desde sus más ínfimos resquicios, porque, como yo, sabéis que solo siendo humildes tendremos las fuerzas para levantarnos de nuevo.

Honestamente escribo sin ningún temor ni reparo que en la masonería he encontrado una felicidad personal impagable, una felicidad que ha nacido no de tener que hacer lo que mejor se me da o lo que hago fuera cotidianamente, sino que puedo hacer lo que más me gusta. Me siento afortunado de poder haber aportado mi pequeño granito de arena en cada trabajo, conversación o acción para con todos vosotros. Aquí en la masonería he aprendido a expresar, a transmitir, a sentir…me es fácil escribir sobre las cosas que son importantes, las de actualidad, pero más difícil sobre mis pequeñas aflicciones, sobre el pesar, sobre las dudas, sobre la angustia, he ahí que se haya la mano del hermano para reconfortar y levantarte en un momento aciago y oscuro, he aquí la grandeza de la masonería: la grandeza de ese largo camino que comienza reconociendo íntimamente las flaquezas de uno mismo, reconociendo que será un largo camino de autoconstrucción.

Quizás sea mucho más asequible hablar de humildad siendo pobre, o siendo joven, o sin tener estudios, sin poseer el éxito social que se nos enseña a codiciar… porque en muchas ocasiones mencionamos la humildad como la virtud de consolación, recordad sino el eufemismo de “las clases más humildes”.

Realmente hay quienes ven la vida como una montaña a escalar, con una cima de éxito que conquistar y que cuando coronan suelen dar rienda suelta a su soberbia, humillan y hostigan para escalar por encima de los demás y luego se venden como adalides de la virtud… pero hermanos, la humildad no trata de eso, la humildad debe presidir todos nuestros actos, persistir en nuestras vidas desde su inicio pero también hasta su final con independencia de lo que lo que hayamos logrado. Como me enseñó un gran amigo y mentor: “la humildad no es escalar la cima de la montaña y quedarse solo y aislado, es prevalecer a los pies de la montaña, con el resto de los hombres, ayudándonos, compartiendo lo bueno y lo malo”. Con sus palabras siempre he asociado el vuelo de Ícaro y sus frágiles alas construidas de vanidad y cera, recuerdo a cada instante que la honra y la humildad son de esas virtudes que hacen grande al pequeño.

Verdaderamente hermanos esto que expongo es más fácil de decir que de practicar, en muchas ocasiones dejamos de ser humildes cuando su suave melodía se difumina en el ensordecedor ruido de la cotidianeidad; caminamos embebidos por los títulos, por las calificaciones, por las marcas, por lo caro que es esto, por lo que vale aquello, más preocupados por el tener que por el ser… Muy a menudo dejamos de ver la vida y la masonería como lo que realmente son: la oportunidad constante de ser mejores seres humanos, de enriquecer con nuestras obras las vidas de los demás, de dotar de un sentido a todo lo que no lo tiene a través de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad para que esas sean nuestras huellas en este mundo.

Publicado por:

Garibaldi

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Comments

  1. Antonio J. Candado Aguado    

    Buenos días Leomil Acevedo, en primer lugar muchas gracias por tus palabras, por otra parte tengo que decirte que suscribo todas tus palabras una por una: vivimos en una sociedad embebida por el ansia de triunfo sin tener un pequeño instante para nosotros mismos de introspección y reflexión. Un abrazo muy fuerte desde Zaragoza, España

  2. Leomil Acevedo    

    Muy complacido en leer esta plancha. No solo ha sido de gran interés, sino que además ha generado un profundo deseo de reflexión. La humildad sin duda alguna es en muchas ocasiones malinterpretada basada en términos económicos, y hay que dejar bastante claro que la humildad no es un escalafón económico o una interpretación de nivel social, la humildad es una de la más grandes y hermosas virtudes que puede llegar a desarrollar un verdadero ser humano.

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