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¿Qué hay detrás de las acusaciones que conectan a la masonería y la mafia?

Por: Garibaldi (Simb.)

Hace dos días aparecía en el diario español ABC, habitualmente antimasónico, una noticia que relacionaba a, al menos, 193 miembros de la masonería con la «Cosa Nostra» y diversas organizaciones mafiosas. Veamos con qué intencionalidad.

En él se llega a afirmar sin rubor «¿En Sicilia, qué diferencia hay entre masonería y mafia?». Hay que recordar que hace unos meses, se inició una caza de brujas a todos los niveles por parte del gobierno ultraderechista italiano, en la que se obligaba a todos los funcionarios públicos a identificarse como masones si lo eran, o no.

Evidentemente, las potencias masónicas, Gran Oriente de Italia, la Gran Logia de los Alam, Gran Logia regular de Italia y la Gran Logia Serenísima de Italia, se negaron en rotundo a facilitar los listados de sus miembros a las autoridades.

Venezuela y la persecución de Maduro

La persecución de masones no es nueva. El ejemplo más reciente lo tenemos con el gobierno venezolano de Maduro, que llegó a allanar directamente las Logias de cada región. Llegaron a incautar listas de miembros, manuales, catecismos, y todo el material de índole formativa. Además se procedió a detener a decenas de Hermanos con sus correspondientes interrogatorios secretos. Todo a causa de la condición masónica de Óscar Pérez y su asesinato, opositor al régimen y, por qué no decirlo, un mero aprendiz que poca influencia podía tener en las cúpulas de la dirección masónicas para conspirar de una forma medianamente organizada.

No es objeto de este artículo rebatir las conclusiones de la justicia italiana o de los informes policiales, instigados por una comisión «antimafia», que según ABC han hallado más de 3.000 evidencias de la conexión entre estos 193 miembros de las supuestas «Logias» en las zonas de Sicilia y Calabria.

Sin embargo, no es posible criminalizar a todo un colectivo de masones de un país entero, por los medradores que se puedan haber infiltrado en sus filas.

No es posible si no se tiene como objetivo cercenar los derechos individuales y colectivos de una organización compuesta desde hace siglos por librepensadores de todo el mundo, y que ha conseguido reunir a los personajes más honorables y talentosos de la historia, entre ellos, al unificador de la propia Italia, Giusseppe Garibaldi, en cuyo honor no hay una sola ciudad que no le dedique su plaza principal.

Esto huele a caza de brujas, y ya lo denunció Diario Masónico en octubre de 2018 en su artículo «El Parlamento de Sicilia recupera la persecución de la Masonería en el corazón de Europa».

La reacción del Gran Oriente de Italia no se ha hizo esperar. En una carta abierta consideró que estamos ante la “confirmación formal de un juicio negativo y criminalizador” hacia una institución que “educa en el respeto hacia los demás, la tolerancia, la inclusión, independientemente de las opiniones políticas y las creencias religiosas” formada por personas “honestas, con profundas raíces éticas y un hábito bien establecido de razonamiento, escucha y discusión pacífica“.

Persecución histórica en Italia y otros países europeos

Pero esta no es la primera vez que esto sucede en Italia concretamente. El primer paso oficial que el fascismo italiano dio contra la masonería fue a raíz de la deliberación del Gran Consejo Nacional Fascista del 15 de febrero de 1923, con la participación del Duce y otros catorce miembros de dicho Consejo. El resultado fue invitar a los fascistas que eran masones a elegir entre el pertenecer al Partido Nacional Fascista o a la masonería.

Poco después el Gobierno italiano, por medio de la llamada Comisión de los Quince, preparó un informe histórico sobre el significado y la obra de la masonería.

A la vista de este informe el propio Mussolini entregó a la Cámara un proyecto de ley el 12 de enero de 1925, que él mismo se encargó de presentar. Tras reconocer que de todos era conocido el papel que en el Risorgimiento italiano desempeñaron las sociedades secretas, dijo que la existencia de tales sociedades se justificaba en tiempos de esclavitud, no en los tiempos actuales de libertad. En los nuevos tiempos, era incompatible con la soberanía del Estado. La ley contra la masonería fue finalmente fue aprobada.

Otros ejemplos europeos son de sobra conocidos. Unos años más tarde, en el Portugal de Salazar, se iba a repetir la experiencia italiana. Oliveira Salazar centró su atención en el peligro de las sociedades secretas como responsable de la decadencia de Portugal. Un Informe contra las sociedades secretas acabaría siendo aprobado y promulgado oficialmente bajo forma del ley el 21 de mayo de 1935. El poeta Pessoa, declarándose no masón ni tampoco antimasón, escribió un largo artículo criticando el proyecto del señor Cabral, que se integraba, tanto por su naturaleza como por su contenido, en «las mejores tradiciones de los Inquisidores». La consecuencia de la promulgación de esta ley fue la persecución y el exilio para no pocos de los 9.500 masones portugueses catalogados entonces como tales por las fuerzas gubernamentales.

Por su parte, en la Alemania de Hitler, la lucha contra la masonería estuvo íntimamente ligada no sólo a la prohibición de las sociedades secretas y a la supresión del marxismo internacional, sino especialmente con la cuestión del judaísmo, en gran medida inspirada en Los Protocolos de los Sabios de Sión. Ya Hitler los utilizó múltiples veces en su obra Mein Kampf, en la que desarrolló en 1924, sus concepciones de «pueblo y raza» y manifestó su decidida lucha contra las potencias supraestatales que encarnaban «el judaísmo, el bolchevismo y la masonería». En Alemania, la difusión de los Protocolos sirvió para la propaganda hitleriana. Desde 1934 fueron introducidos en la enseñanza. De esta forma se fue extendiendo en Alemania la obsesión de la alianza subterránea de los judíos y los francmasones por la conquista del mundo.

Ante esta actitud de ataque y persecución, las logias alemanas —al igual que las de Italia y Portugal— por iniciativa propia cesaron sus actividades. El Gobierno requisó todos sus bienes muebles e inmuebles.

Goering afirmaba en 1933: ¡Para la Francmasonería no hay lugar en la Alemania nacionalsocialista!». Y el 1 de marzo de 1942 escribía lo siguiente:

«La lucha contra los judíos, los francmasones y las otras potencias ideológicas en lucha contra nosotros, es una tarea urgente del nacionalsocialismo durante la guerra».

Con la llegada de los alemanes a Francia, los primeros en ser señalados fueron los participantes del Frente Popular, los francmasones, los judíos, los anglosajones y, más tarde, los bolcheviques. Ello dio origen a la legislación antimasónica del Gobierno de Vichy, especialmente la ley del 13 de agosto de 1940 por la que se prohibían las sociedades secretas, sin hacer expresa mención de la masonería, su principal destinatario.

Volviendo a la situación italiana, según la publicación «El Oriente», órgano de comunicación de la G.L.E., la carta abierta del Grande Oriente de Italia, recuerda que en dos ocasiones el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado al Estado Italiano por impulsar este tipo de legislaciones discriminatorias con la Masonería.

La Masonería siempre ha sido históricamente perseguida por los regímenes totalitarios, iliberales y violentos. StalinHitler, Mussolini, Franco, todos han tratado de eliminarnos porque nuestro camino moldea a los hombres libres, defiende el pensamiento libre, enseña tolerancia e igualdad y es incompatible con cualquier régimen totalitario“, dice la carta

La ley aprobada es peligrosa. El fascismo hizo lo mismo y solo Antonio Gramsci intervino en el Parlamento para oponerse a ella; no porque fuese masón, sino porque entendió que este sería el primer paso que conduciría al abismo de la dictadura. Cuando Italia se liberó de ese yugo, el masón Meuccio Ruini presidió la Comisión de los 75, encargada de redactar nuestra Carta Constitucional“.

La cuestión final es que la historia tiende a repetirse, y Europa, como su propio mito, está siendo secuestrada por los totalitarismos que las propias democracias modernas han generado.

Somos víctimas de nuestro propio éxito, y no hemos aprendido tras dos guerras mundiales, cientos de millones de muertos, legislaciones represivas y persecuciones constantes. ¡Que detengan a todos los mafiosos de todas las Logias del mundo, que no hay pocos!. Los propios Hermanos tenemos la obligación de denunciar estas prácticas totalitaristas dentro de nuestro propio seno. No admitamos a estos personajes, y si están dentro, denunciémoslo y pidamos su expulsión. Aún así, tristemente, el fascismo ha vuelto para quedarse. Combatamos.

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