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El cedazo, la desconocida herramienta masónica

El cedazo, la desconocida herramienta masónica

 

 

 

 

 

A lo largo del camino que los masones vamos recorriendo se nos entregan diferentes herramientas, entre otras el cedazo, para nuestro aprendizaje y perfeccionamiento.

Todas ellas están referidas al mundo de la construcción, a ese mundo que simbólicamente recreamos en nuestro interior para su mejora.

Trabajamos con ellas de modo constante y están presentes en todo momento en nuestras referencias personales en cómo hablamos, pensamos o actuamos.

Las conocemos y son parte del imaginario no sólo masónico sino también popular. La más conocidas son la escuadra y el compás: auténticos iconos de la masonería.

Entre nosotros es muy común hablar de cuánto tenemos aún que pulirnos, de cuánto trabajo de mallete y cincel tenemos aún por delante, de cuánta regla debemos aplicarnos, del cuidado que hay que poner en el corte con la escuadra en lo que hacemos o de la verticalidad de nuestra opinión.

Mallete, cincel, regla… son expresiones frecuentes en nuestras conversaciones y planchas. La invitación a continuar trabajando con estas herramientas, a perfeccionarnos en su uso es constante en la vida masónica.

Pero hay otras herramientas que no he oído mencionar y me parecen tan útiles, al menos, como las mencionadas. Y son la llana y el cedazo. Quizá es que no tengan esa prestancia que un compás o una regla parecen llevar en su diseño y uso, especialmente en manos expertas, y sin embargo que útiles se nos muestran en algunas ocasiones. Especialmente el cedazo.

El cedazo, del que no he oído hablar en masonería como una herramienta con la que tengamos que trabajar, me parece especialmente útil en esa construcción en la que cada uno de nosotros aspira a ser una piedra del conjunto.

Pues si es importante encajar bien en la obra, tener las medidas adecuadas, las aristas limadas no lo es menos cómo se llega a tener esa piedra pulida y bien sujeta al resto. Y ahí el cedazo es la herramienta que te permite filtrar aquellas experiencias finas, humanamente ricas que te dejan un poso útil, y desechar lo grosero, lo basto que pesa y entorpece el trabajo de fraguado de tu cemento interior.

Sin ser conscientes de cómo usar el cedazo daremos importancia a cosas que no la tienen, dejaremos que acontecimientos o personas que no nos aportan nada ocupen nuestro tiempo en demérito de quienes sí la tienen. Prestaremos atención a hechos que en nada nos van a servir para avanzar.

Si filtramos con cuidado lo que nos hace crecer, si aprovechamos esa palabra amable, el cariño de quien te tiende una mano en un mal momento y desechamos el resto estaremos construyéndonos más fuertes y con ello más útiles para el trabajo con el resto de HH y HHnas.

He dicho. Ricardo.

Fuente: Masonería Mixta

 

 

 

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