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Elegido de los nueve: Sobre la corrupción y la justicia


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Elegido de los nueve: Sobre la corrupción y la justicia

 

 

 

 

Por Garibaldi, (Simb.·.)

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Concepto de Corrupción y Justicia

Irremediablemente, todas estas percepciones de tal o cual forma de gobierno, de la aptitud del sistema para la elección de representantes, o dicho masónicamente “los elegidos”, o la percepción ciudadana de la arquitectura legal que les protege supuestamente del poder absoluto, habría que ahondar en el concepto de justicia (y corrupción de ese ideal) en el sentido que el propio Platón se refería a la misma, en su libro I de la República, que años más tarde sería desarrollado por Carlos Marx.

En un artículo llamado “Corrupción” publicado recientemente en el diario provincial alicantino “Información”, el profesor Cecilio Nieto, sintetiza de forma brillante y en pocas frases, la cuestión de la justicia, palabras que cito textualmente:

“Cuando escucho noticias sobre corrupción política, me acuerdo inevitablemente de Platón y de su Libro I de la República. Los argumentos que allí se exponen son definitivos y ningún otro filósofo ha sabido reflejar el alma del ser humano que se vende a los favores de los poderosos buscando su beneficio particular en vez del general. La corrupción, que Platón identifica como injusticia frente a lo que no lo es, resulta ser algo tan «natural» que la justicia se convierte en un bien ajeno, algo que le conviene al que gobierna y al poderoso y produce daño al que obedece y debe estar sometido; éstos realizan lo conveniente para el que es más fuerte y, sirviéndole, lo hacen feliz, pero no a sí mismos. Al hombre justo le va peor en todas partes que al injusto pues en cualquier asociación el injusto siempre sale con más que el justo y en la sociedad el justo contribuye más que el injusto. (…)

(…)Años más tarde Marx abundaría en esta reflexión atribuyendo la naturaleza de la justicia (o las leyes) como un producto de la economía o infraestructura social, lo que quiere decir que las leyes se hacen para favorecer a los poderosos de un determinado sistema económico ya que aquéllas son pura ideología o superestructura.

Para corregir esta tendencia «natural» a la injusticia o a la corrupción, los dos pensadores citados coinciden en pensar una solución semejante: una República ideal (Platón) o una Sociedad ideal sin clases sociales (Marx). La primera se quedó sin poder ser aplicada; las utopías posteriores también quedaron en eso: soluciones idealizadas no llevadas a cabo. En el segundo caso, su aplicación en Rusia y debido, entre otros factores, a la misma corrupción o injusticia que se pensaba combatir, fue un estruendoso y doloroso fracaso.”

En conclusión, nos encontramos ante un grado que aborda, de forma masónica, temas de absoluta candencia profana. Temas que aún hoy nos preguntamos. Sin tener en cuenta en mayor o menor medida la vigencia del contenido ritualístico, los objetivos exotéricos del grado están muy bien definidos. El 9º Grado no es de aquellos que más se estudia. Según he podido comprobar, tanto en nuestra Obediencia como en otras, verbigracia el Gran Oriente de Francia en sus Logias de Perfección, que se otorgan por comunicación. Personalmente, agradezco infinitamente haber hecho una pausa en el mismo, porque sin él no se pueden hacer las reflexiones necesarias para proseguir con una adecuada cosmovisión de los núcleos que componen el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, subsumiendo así la pura esencia de su progresividad filosófica y espiritual. Hasta que este grado, como todos, no sea estudiado en profundidad, no se debería pasar al siguiente, ya que nos otorga las herramientas necesarias para proseguir sin ánimo de venganza, depositando la confianza en “los elegidos”, teniendo en cuenta el sentido profundamente democrático que destila, anteponiendo el “ordo ab chaos” frente a la injusticia o las ganas ciegas de revancha.

La justicia y la ecuanimidad deben presidir nuestros actos dentro y fuera del taller, y la mesura y el temple necesario para aplicarlas. Tanto es así, que debemos profundizar y debatir las nuevas formas de organización civil que se proponen desde la calle, analizarlas masónicamente y adquirir posturas generosas respecto a ellas, dado que surgen de un pueblo que cada vez más, se ve desprovisto de sus derechos más fundamentales y de las instituciones que debieran protegerlos frente a la corrupción, la barbarie económica y la injusticia social. Es ahí, donde debemos estudiar las magnitudes económico-sociales y adecuarlas a la medida humana, de modo que sea la economía y el derecho los que sirvan a la especie y no al contrario.

Es por ello que ahora, más que nunca, debemos situarnos con los otros hijos de la viuda, una democracia huérfana, como nosotros, de referentes claros, en donde la historia y la realidad se distorsiona a conveniencia de poderes fácticos apenas perceptibles.

Es nuestro deber masónico situarnos a su lado, solidariamente, extender la luz que emana de nuestras reflexiones y compartir su mismo dolor de huérfanos, de la ausencia de principios y valores éticos.

Quién sabe si somos los elegidos o simplemente los que elegimos. La cuestión es hacer una elección correcta o ejercer nuestra responsabilidad si ejerciéramos algún cargo de responsabilidad pública.

El grado en que nos encontramos bien vale una Plancha más extensa de lo habitual, y por su longitud me disculpo a quien pudiera parecerle larga, pero se trata de un Grado tan puramente democrático y limpio, que en estos días aciagos para la humanidad, puede resultar hasta combativo, que en definitiva es su esencia y su origen, al menos de la manera que he intentado abordarlo y asumirlo.

HH.·., no he pretendido ser molesto con este trazado, sino constructivo al modo que un albañil lo fuere en este oficio tan complicado que resulta construir nuestra catedral social y encontrar nuestro lugar en ella. Mal caminaremos si no nos percatamos de la ínfima partícula que suponemos para el universo, por ello, someto estas pocas líneas a modo de reflexión, bajo vuestro superior criterio para abrir un debate que en realidad es tan antiguo como la propia Orden, con todo respeto y humildad de quien se os dirige: una partícula más.

 

 

 

Publicado por:

Garibaldi

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