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EL CUENTO DE LA CHARCA Y LAS RANAS CANTARINAS O EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA


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Había una vez en un hermoso país en el que el tiempo transcurría a veces lento y otras veces marcha atrás, una charca con ranas cantarinas.

Para alguna de estas ranas el tiempo era una magnitud indeseada, odiaban el paso del tiempo porque con él se producían algunas alteraciones de usos y costumbres, y a ellas esos cambios no les gustaban.

Esa evolución de usos y costumbres la generaban otras ranas que soñaban cruzar valles, remontar cumbres de montañas, subir a los árboles y hasta volar para ver las charcas desde las nubes y sentir la luz acariciar su piel.

En la charca en que vivían tenían un gobernante al que habían elegido años atrás para apartar de ese cargo a otro que era manirroto y despilfarrador de las, ya de por sí exiguas,riquezas públicas. Al principio era un buen gobernante, pero pronto cegado por los muchos homenajes y halagos recibidos, degeneró a batracio tunante y ladino,un insensato e irresponsable mandamás, y en su charca quitó y repuso cargos como el de administrador de los caudales públicos o el de jurisconsulto de inconvenientes de la charca y tramó, ayudado por sus ranas lisonjeras cómplices, expulsar de la misma a las ranas disidentes de su megalómano plan de involución basado en la restricción de las ideas y la coerción de las conductas .Estos eran los usos y costumbres de un gobernante absolutista en todo tiempo y lugar: rodearse de cortesanos que lo elogien y vitoreen, escogidos de entre una nobleza de rancio abolengo, también elegida por méritos de protección, defensa, o ampliación del territorio mediante ocupaciones y guerras. Y había que hacer una guerra en defensa de un acervode vetustas costumbres. Así es, si así se permite que sea, la condición batracia.

Ese cavilado dislate era consecuencia de una enajenación extravagante e incoherente, y como tal le llevó a perpetrar numerosos desaciertos. Pero él creía que así, su estanque sería un remanso de bienestar y con el tesoro suficiente para hacer verbenas y otros festejos en los que se practicaría la natación de salón, el salto a la comba y el brinco con rebote y doble pirueta.

Viajaba a países lejanos en los que era recibido y tratado como su cargo merecía, donde interpretaban sus hechos como travesuras y no como atentados a la sensatez; exhibía un comportamiento que debiendo ser discreto y circunspecto, era inoportuno, disparatado y temerario.

Hasta tal punto que, un día, visitando una remota charca en un ignoto país, nadando en un estanque de límpidas y tibias aguas, en compañía de otro batracio lugareño, se adornó la pechera con cocos y se bebió un mojito; ese fue el momento cumbre, un apogeo de vanidad, un clímax de fatua petulancia le abordó la mente y creyó ser el batracio astro perpetuo incombustible de todos los estanques; y eso era muy gratificante.Poseído por este sentimiento de magnificencia, pensó en promocionarse para Gran Batracio amanuense de todos los aguazales planetarios, que era un cargo que estaba libre. Y se entregó a ello. Viajó más de lo que viajaba hasta entonces para nadar en muchas charcas, y como ejercía de histrión y saltimbanqui, pisó muchos charcos. En un país lejano instituyó una Gran Alberca de Anfibios con usos y costumbres diferentes, desestimando la norma internacional de que sólo la Rana Goliat de las Grandes Albercas podía hacerlo. ¡Una metedura de anca!

Nos dice Rita Levi-Montalcini en Tiempo de Cambios: «La obediencia ciega conduce a la aceptación estúpida». Y eso era lo que él quería y sabía cómo hacerlo.Lo haría sin que se percatasen de ello, había que abducir al mayor número posible de ranas y por supuesto a todos los renacuajos ya que estos eran más fáciles de catequizar. Todo valía con el fin de asegurar su supervivencia en el cargo.

Para este menester cogió una gran cazuela de la cocina batracia, la llenó de agua y la puso sobre un hornillo en una isleta en el centro de la charca. Su finalidad era hervir ranas sin que se percataran de ello. Las introducía en la cazuela de docena en docena, en fases; encendía el hornillo y el agua subía de temperatura lentamente, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, así conversarían alegremente en el agua caliente y no se percatarían de tal desafuero hasta estar hervidas. No hubiera sido eficaz echarlas en el agua ya hirviente pues de un salto hubieran salido de la cazuela. 

Y fue elegido Gran Anfibio Amanuense de Pantanos, Pozas y Balsas y  en todos los estanques visitados le hacían el saludo batracial y le croaban setenta veces. Y más seguro de sí de lo que hasta entonces había estado, siguió erre que erre en sus trece hasta que algunos habitantes de la charca se plantaron y dijeron: ¡Basta! Porque una cosa es ser gobernados y otra ser sometidos, una cosa es ser orientados y otra ser encauzados, una cosa es ser instruidos y otra ser adoctrinados.

Tras alguna purga con bajas en su charca, ésta quedó dividida en tres partes: la de los anuros cocidos, incondicionales a cambio de cargos y prebendas; la de los disidentes y otra mayoritaria de los que estaban a verlas venir, esperando la llegada milagrosa de un batracio salvador.

Y con este paupérrimo panorama de privilegios y prebendas para sus ranas lisonjeras, y para otras de desigualdades y ausencia de libertad de expresión, el Batracio Gobernante creía haber triunfado, una mayoría de ranas estaban cocidas, quietas, paralizadas de punta a punta del raquis de su anura anatomía. Creía tener ya asegurado su futuro, y en la soledad nocturna, en su juncal preferido se regodeaba envanecido y croaba: Soy un sapo de la noche, sapo cancionero, y vivo soñando junto a mi laguna; tenor de los charcos, grotesco trovero y estoy embrujado de amor por la luna…Al escuchar su canto todas las ranas adeptas a su causa le croaban a coro: Sapo cancionero, canta tu canción que la vida es triste si no la vivimos con una ilusión…las demás callaban.

Pero no pensaba que en tiempo de cambios una pertinaz lluvia podría desbordar la charca y esparcir su agua formando otros estanques.

Saludos fraternales de  “El Colegio Invisible”

Publicado por:

Diario Masónico

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Comments

  1. Kim Peex    

    Fantástico. No hay para tanto.

  2. Kim Peex    

    ¿No publicáis los comentarios?

  3. Kim Peex    

    La reseña que hacéis es casi exacta. Para especificarla exactamente, falta decir, que las ranas se caracterizan por tener la cola corta, cuerpo corto, no tienen pelo y patas adaptadas para el salto. En este caso el susodicho , ha saltado desde Salatino a Sarobino, pasando por Coruminos y Carretone, con una gran agilidad, con quiebros vertiginosos, quiebros verdaderamente traicioneros, rompiendo cinturas y cabezas. Con una habilidad de camuflaje propia de un camaleón, tanto así, que sus compañeros de nido no se dan cuenta de nada, el problema es que cuando en el último salto tropiece, que así será, toda su cohorte caerá resbalando en su baba al pozo de donde han salido.
    Como es posible estar tan obcecado, tan obnubilado; la única explicación es la falta de capacidad de conocimiento, mejor dicho la ignorancia, no puede ser que por un puñado de mosquitos para comer arropen a su “rana madre”.
    La cuestión es que hará esta rana después, quizás algún príncipe le de un beso (agggs) y se convierta en una bella dama dispuesta a requebrar a otras provectas especies.
    Croac.

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