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¿Hay que creer en dioses para tener moralidad?

 

 

 

Subordinar la distinción del bien y el mal a la creencia en Dios, pretender que, sin dicha creencia, un hombre pueda disponer de los otros como quiera, incluso aniquilarlos; subordinar así el respeto a la persona humana a esta creencia ha sido siempre el principio de las persecuciones religiosas.

Pero, por otra parte, se ha vuelto usual sostener que toda limitación impuesta por la ley a las manipulaciones genéticas, por ejemplo, limita la investigación científica en nombre de arcaicos prejuicios cristianos; que incluso el respeto otorgado a la persona humana, esto es; el rechazo de la reducción del hombre al animal que también es, es un prejuicio cristiano o judeocristiano; suprema injusticia.

Sería una ilusión antropocentrista afirmar la superioridad del hombre sobre la bestia, el valor absoluto de la persona humana. Bonito futuro les espera a estas “tesis” cientificistas si los creyentes religiosos no cambian de retórica, pues se hace imposible distinguir religión y superstición y sostener que el respeto a la persona humana no es una creencia irracional contraria a la biología molecular o a la neurología, las cuales, en efecto; no van a correr el riesgo de encontrar en sus laboratorios lo que distingue al hombre del animal.

Contemplada desde el punto de vista político; la subordinación de la moral a la religión significaría, por ejemplo, abandonar a la arbitrariedad los comités de ética; puesto que dicha creencia no podría servir como base de una legislación que se impusiera también a los no creyentes.

De este modo, bastará considerar que hay  gran diversidad de religiones y creencias, que varían según lugares y épocas, y que sólo la verdad científica es universal. El catolicismo manifiesta frecuentemente cierta tendencia a la universalidad (católico, en griego, quiere decir universal), es decir, a afirmar el valor absoluto de la persona humana, de cualquier hombre. Si este valor depende de la religión que se tiene o no se tiene, entonces se acabó la universalidad. Se perdonará la banalidad de semejante proposición, pero  solamente quiere decir que el anticlericalismo es un combate eterno; al menos para quien no se contenta con una falsa moral y una falsa espiritualidad.

 

Fuente: Logia Tartessos

Publicado por:

Diario Masónico

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Edición nº 4 de los “Cuadernos de la Logia Redención nº 167”

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