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¿Los masones festejan la navidad?

 

 

 

Antes de lograr una respuesta satisfactoria, es importante analizar qué entendemos por “navidad”.

Los actuales hábitos navideños provienen de unas antiguas costumbres babilónicas registradas, aproximadamente, 2600 años ante de la era actual. Fueron algunos gobernadores romanos, en sus constantes afanes de sincretismo religioso, quienes la trasladaron como fiesta cristiana.

La tradición de aquellas costumbres relatan que existió una reina llamada Semiramis, en cuyo vientre crecía su hijo Tamuz, a quien habría concebido virginalmente. No cabe duda que las costumbres de Babilonia trascendieron las fronteras romanas, asentándose con mucha fuerza en el politeísmo del imperio. Así, cada 25 de diciembre se conmemoraba alumbramiento de Tamuz (Saturno para los romanos), el dios sol encarnado.

Esa festividad iba acompañada de orgías, desenfrenos y una gran inclinación hacia el valor de la amistad, que se ratificaba con intercambio de regalos y presentes. También había surgido la costumbre de adornar las puertas de cada casa, con coronas de flores y hojas verdes, y por cierto, la práctica de adornar un árbol con frutas y decorativos alusivos al dios sol.

La celebración se realizaba durante el solsticio de invierno, fenómeno natural que constituye el origen de toda celebración navideña, aún más remota que las costumbres babilónicas.

Durante este solsticio se produce un acontecimiento cósmico que vivifica la naturaleza con su luz y su calor, razón por la cual, para todas las culturas antiguas, representaba el auténtico nacimiento del sol y, con él, toda la naturaleza comenzaba a despertar lentamente de su letargo. Los humanos veían en esta manifestación natural la renovación de sus esperanzas de supervivencia gracias a la fertilidad de la tierra.

La fiesta giraba en torno a grandes festejos caracterizados por la alegría general y el protagonismo de las hogueras, alrededor de las cuales se concentraban los lugareños, con el fin de manifestar su alborozo y esperanza mediante ceremonias colectivas centradas en cantos y danzas rituales, y en la recogida de ciertas plantas como el muérdago. Las grandes hogueras, al margen de simbolizar el gran acontecimiento, tenían la función de excitar el calor y la fuerza de los rayos de un sol recién nacido que encaraba su curso hacia la primavera, inundando la tierra con su poder regenerador.

Siglos después, cuando fue establecido el catolicismo romano, bajo las falsas pretensiones religiosas de Constantino aproximadamente hacia el 325, la mezcla de la celebración solsticial, el paganismo babilónico y romano, fue introducido deliberadamente al cristianismo, a modo de contener el avance infiel.

Así, la antigua Semiramis pasó a llamarse virgen María y la encarnación del dios sol Tamuz, Jesús.

El festival del solsticio de invierno, celebrado el 25 de diciembre de cada año, pasó a ser la fecha oficial del nacimiento de Jesús, y la antigua costumbre de la entrega de regalos y presentes fue acomodada en función de la experiencia que, según la doctrina cristiana, tuvieron los magos al visitar al niño Jesús, al entregarle obsequios por su advenimiento. El antiguo árbol que la religión de Babilonia adornaba en celebración del nacimiento de Tamuz pasó a llamarse “el árbol de Navidad”. Con esta genealogía de la navidad podemos entender que el cristianismo no es otra cosa que un paganismo reformado.

En la actualidad, la navidad es un verdadero caldo de cultivo para los comerciantes y el consumismo, pero todo detrás de una pantalla o envoltorio cristiano, a modo de aliviar la pena consumista. En esta vida de consumo, como lo sugiere Zygmunt Bauman, los individuos pasamos a ser los promotores del producto y el producto que promovemos, puesto que debemos, según postula el sociólogo, aprobar el examen para acceder a los tan codiciados reconocimientos sociales que exigen reciclarse bajo la forma de bienes de cambio; es decir, como productos capaces de captar la atención, atraer clientes y generar demanda. Esta transformación de los consumidores en objeto de consumo es el rasgo más importante de la sociedad contemporánea.

Esta práctica navideña del consumo y de los regalos en particular, proviene de la prostitución de una tradición católica: El rol de papá Noel. El sacerdote católico Nicolás, obispo de Mira en el tiempo del emperador Diocleciano (siglo IV), entre todas sus prácticas religiosas, acostumbraba en época de “navidad” a dar regalos y presentes a los niños.

Luego de su muerte, la iglesia de Roma lo elevó a los altares y  pasó a ser San Nicolás o Santa Claus, a quien todos los niños esperan ansiosamente para recibir los regalos, y tomar el soma de la felicidad, como remedio del mundo feliz de Aldous Huxley. Más tarde, este “san Nicolas” adoptó el nombre de “papá Noel” de la raíz francesa, que a su vez deriva del latín Natalis, natal, osea “padre de la navidad”.

Este “papa Noel” trascendió y ya en época contemporánea, fue introducido en diversas historias que hablaban de su origen, relacionándolo con el polo norte, con la participación de gnomos y renos que lo trasladaban en su tarea de repartir “regalos” por todo el mundo. Todo terminó de pudrirse en 1931, cuando la Coca Cola tomó a este popular personaje y lo vistió con sus colores corporativos, y desde entonces se produjo una verdadera explosión y propagación del culto a papá Noel y la compra de regalos.

Ante el análisis presentado, ¿los masones festejan la navidad? Si tomamos a la organización por sus miembros, seguro que muchos masones festejan la navidad, pues profesan el cristianismo; entonces, en particular, algunos masones festejan la navidad.

Pero, la fraternidad como institución no participa de estas fiestas, puesto que su doctrina establece una laicidad en sentido filosófico, aquel que propugna una visión naturalista y razonable de la vida sin sostener ningún dogma. A lo sumo se conmemora el solsticio de invierno. En el fondo, la esencia masónica podría generar un conflicto en el hermano cristiano, puesto que la fraternidad es adogmática y promueve una visión del mundo libre de seres sobrenaturales. El equilibrio se encuentra en el respeto a la intimidad, puesto que la masonería es tolerante de todas las religiones cultivadas en el ámbito privado, convirtiéndose ella en el centro de unión de todos los hombres, por encima de los mismos dioses.

Christian Gadea Saguier

Publicado por:

Diario Masónico

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Comments

  1. Facundo Tessone    

    Me gustaria saber porque dice en la plancha que la institucion no cree en seres sobre naturales, especialmente a la hora de entender al espiritu y al gadu. Gracias!

  2. Gustavo Adolfo Jesùs Casartelli Mieres    

    Excelente……. muy ilustrativo,sobre todo que la navidad es mas bien un negocio

  3. Marco    

    Yo en alguna ocasion escuche a un maestro grado 32 que los festejos del nacimiento del nino jesus en diciembre tenia mas que ver con la epoca en la que goberno constantino, debido a otros motivos. no recuerdo a detalle la historia ya que tiene algunos anios, fue una platica rapida y en ese entonces yo no era miembro de la orden.

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