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LA MASONERÍA (4ª Parte)

 

 

 

LA MASONERIA Y LA MESOCRACIA. UNA CONVERGENCIA ESPIRITUAL.

Históricamente, la Masonería, desde su expresión andersoniana; ha sido predominantemente expresiva de los sectores medios de la sociedad en que se ha desarrollado. Si consideramos quienes dan vida y forma a la Gran Logia de Londres, que parte en 1717; ellos son expresiones de las clases medias inglesas. Basta tener a la vista el Libro del Aprendiz de Oswald Wirth para tener una primera referencia sobre la extracción social de algunos de los fundadores de la Gran Logia de Londres; “El primer Gran Maestro fue Antonio Sayer, hombre obscuro, de condición muy modesta”.

Luego agrega: “Se apresuraron en 1718 a darle como sucesor a Jorge Payne, burgués acomodado”; y más adelante “El próximo elegido fue Juan Téofilo Desagulliers (…) doctor en Filosofía y en Derecho”.

No está de más considerar que James Anderson era pastor. Cuando se trata de ver el desarrollo primero de la Masonería en Francia, luego de 1717, Wirth menciona a oficiales de regimientos irlandeses, caballeros, cadetes de regimientos y comerciantes.

Si pensamos, entonces, en los actores que intervienen en la gestación de la Masonería Moderna; en sus principales exponentes, son hombres de las clases intermedias, que desempeñan diversos oficios propios de los estratos emergentes de las ciudades y burgos, que no poseen más que su tenacidad, su genio y su decisión de emanciparse de la dependencia de las clases poseedoras, y distanciarse del bajo pueblo; a través de su trabajo y del ejercicio de sus libertades individuales.

Así, podemos constatar que son hombres de oficios artesanales; comerciantes, pastores protestantes, músicos, anticuarios y libreros, educadores, militares, policías, médicos, científicos, abogados, etc. Ello viene a ser la característica común de una masonería que se va expandiendo por Europa y por el Nuevo Mundo; a medida que pasa el siglo XVIII, lo que se hace más evidente en el siglo XIX.

Si miembros de la nobleza fueron llamados a adquirir un rol en las instancias representacionales de la Masonería; ello fue siguiendo las antiguas tradiciones inglesas gremiales, fundadas en la necesidad de un patrocinio cerca de las esferas del poderdel Estado para protegerse institucionalmente; en un tiempo en que toda organización no patrocinada estaba sujeta a la sospecha y a la represión del poder.

Sin embargo, como toda gran idea fuerza, pronto la nobleza más progresista también adhirió al ideal masónico.

Pero ello, como toda moda, con los años fue decreciendo hasta el punto que hoy, salvo en Inglaterra; los nobles y los representantes de las clases más adineradas, solo se presentan en logia para asumir labores representacionales o a condición de patronos; siguiendo las antiguas costumbres medievales.

En América, carente de esas obligaciones de tener algunos nobles para garantizar el funcionamiento masónico, frente a las sospechas del poder; las logias y Grandes Logias se han caracterizado por ser eminentemente mesocráticas. Es fácil seguir los procesos de desarrollo masónico en los distintos países, que dan cuenta de una indudable presencia de los sectores sociales emergentes, ligados al trabajo y a las instancias socialmente intermediadoras del desarrollo de los procesos sociales; económicos y políticos de las naciones.

Y a pesar que muchos masones han sido hombres de gran poder económico; el elemento característico de la predominancia social ha sido, de acuerdo a su rol en las estructuras nacionales, de tipo esencialmente mesocrático.

Por ejemplo, propietarios de la tierra de la tierra o de la industria; vinculados a quienes ejercen profesiones liberales, pequeños y medianos propietarios,comerciantes; miembros de la policía o de las fuerzas armadas, intelectuales, funcionarios públicos, etc.

Ello ha significado que, entre las clases medias y la Masonería; por procesos históricos que las condicionan, y por la naturaleza de sus propuestas e ideas fuerzas, han creado una convergencia espiritual particular; sobre la base de que, de manera significativa, ambas han debido fundar su accionar y su discurso en la igualdad social, en la pavimentación de condiciones de convergencia social, hacia una práctica donde las diferencias sociales deben superarse para construir un integridad moral, espiritual; y una práctica de convivencia entre individuos diversos.

LO MASÓNICO EN O’HIGGINS.

Uno de los profundos errores historiográficos de determinados e influyentes historiadores o estudiosos de la historia masónica; ha sido el desconocimiento de la condición masónica de las Logias “Lautaro” y, por lo tanto; de que quienes la integraron. En algunos casos se ha dado sobre referencias extra-murales; de historiadores que tendenciosamente han buscado menguar el rol histórico de la masonería en la emancipación del hombre contemporáneo, y en otros casos se ha debido a la precipitada opiniónde autores masónicos; sin muchos antecedentes y sin mucha profundidad en la investigación historiográfica.

El tema lo traté hace tres años, en una Plancha presentada ante la entonces Logia en Instancias “Camilo Henriquez”; que estaba radicada en esa época en el valle de Lo Barnechea. En ella hice el planteamiento de que el mayor error está en considerar los elementos actuales que determinan la regularidad y el reconocimiento de las Grandes Logias, y, por ende; de las logias de cada obediencia.

De la misma forma, manifesté que los errores de apreciación que han tenido eruditos como nuestro Benjamín Oviedo; se deben al desconocimiento de antecedentes y fuentes, que bajo la labor dedicada de la historiografía actual han ido apareciendo y relacionando fuentes; que no se tenían hace treinta o cincuenta y más años.

Sin embargo, lo masónico está definitivamente presente en todo lo relativo a O’Higgins, por diversas vías de aproximación a su pensamiento y acciones.

Hay una coincidencia demasiado evidente entre cómo piensa y como actúa; y demasiadas referencias que saltan a la vista en la lectura de su epistolario. Hay expresiones en sus escritos, que dan una clara señal de coincidencia espiritual con quienes representarán la expresión más abierta de masonería en las décadas de la emancipación espiritual europea de fines del siglo XXIII; y de la emancipación política de América.

Repasando las cartas del Libertador, se hace presente la Logia “Lautaro”; con todas las referencias masónicas que son del caso evidenciar en las formas y estilos de inicios del siglo XIX: trabajaban en logia, trabajaban a cubierto, los unía un puro sentimiento de fraternidad, estaban sometidos a un código de honor; usaban formas de identificación y reconocimiento y formas abreviación.

Lo único que pone en tela de juicio su condición masónica es el vapuleable antecedente de la regularidad. Sin embargo, si aplicáramos los parámetros actuales de reconocimiento de regularidad; tendríamos que dejar sin reconocimiento masónico a gran parte de la Masonería en el mundo de inicios del siglo XIX.

El aplicar el criterio de regularidad de la Gran Logia Unida de Inglaterra como condición de reconocimiento; donde no hay una historia precisamente transparente sobre el tema de la regularidad, como resultado de la contradicción entre Antiguos y Modernos, que sirva como elemento conductor de la filiación regular de las logias en el mundo; presenta demasiadas aristas que no es el caso analizar en este trabajo.

Pero, con las dificultades de la reconstrucción histórica, que surge de los pocos antecedentes existentes; podemos advertir con claridad las prácticas masónicas en la Logia Lautaro.

Más allá del testimonio del documento que aparece en el cuaderno de O’Higgins que se ha interpretado como el “Reglamento de la logia lautarina”, por muchos, aunque bien pudo haber sido una propuesta de reglamento o un esbozo; lo que realmente manifiesta la condición masónica de aquella logia, es lo que se advierte a través de las cartas a San Martín.

En ese contexto, la abreviación ::: es una manifestación con la cual cierra sus cartas y cuando se refiere a los miembros de la logia. Es obvio que no corresponde a nuestra actualmente reconocida abreviación de los tres puntos en triángulo, pero, antes que esta se universalizara en el siglo XIX, los masones usaban el doble triángulo :::, así como el cuadrado y el rectángulo como formas de abreviación.

La expresión ::: también podía entenderse como una forma de expresar el rectángulo.

Repasando el epistolario, encontramos las siguientes referencias en cartas a San Martín desde Concepción: “Nuestra eterna amistad y fraternidad nos da campo para que tratemos nuestros asuntos confidencialmente como más nos convenga y a nuestra justa causa, para luego terminar indicando: “Expresiones a los ::: y adiós”, y en la posdata agrega: “Acompaño a Ud. lo acordado por los ::: acerca de la Legión al Mérito de Chile (19/05/1817).

“Al amigo Quintana mil expresiones, lo mismo a :::” (31/08/1817). Cinco días después, termina otra carta con los reiterados saludos a: “Quintana, Peña y amigos :::”. La carta del 04/07/1817 termina con una diferencia: “Mil cosas a los amigos :”, es decir ocupa solo dos puntos de abreviación.

Luego, en las cartas siguientes (agosto, septiembre y diciembre de 1817) se reitera la abreviación del doble triángulo o rectángulo de 6 puntos.

Lo mismo ocurre en las de 1818; donde recurre a esa abreviación al enviar saludos fraternos a los Hermanos de la Logia en Santiago. La de octubre de 1818, termina con la frase: “Dentro de tres días vuelvo a Santiago, donde espera un breve abrazarlo su amigo eterno y :::”.

Las cartas de 1919, concluyen con la expresión “su amigo f.” como costumbre. Esta expresión se repite e 1821. La del 04/08/1821 expresa finalmente: “Constancia, amigo, y firmeza en los trabajos, y mandar a su invariable f.” En tanto, en carta a Tomás Godoy Cruz la termina con “amigo verdadero f.” (28/09/1821) y a Beacheff: “Su invariable ff”.

Respecto al uso de la letra “f” hay dos formas de entenderla: una como derivado de “fraternidad” o bien derivado de “filosofía”, expresión que tiene alta importancia para los miembros de las logias independentistas; que gustaban calificarse como “filósofos”. Invito a hacer un seguimiento de las logias independentistas realizado por Carlos Wise en los simposios de la Respetable Logia de Investigación “Pentalpha”; para completar una visión al respecto.

Pero, es cuando hay conflictos fraternales, cuando se produce la mayor evidencia de uso de prácticas masónicas.

Esto se advierte en carta a San Martín, del 03 de abril de 1819, que empieza con la fórmula “U.F. y V.”, y que da cuenta de el sargento mayor don Manuel Borgoño fue escuchado en sus descargos ante la logia “habiéndose oído en 0-0 al sargento mayor”. Es decir, ante una situación que afecta la relación fraternal, el Hermano era acusado y se oían sus descargos en la logia, la que resolvía en conjunto. Esta es una práctica que aún se mantiene en algunas logias en el mundo, que no tienen la práctica de contar con un tribunal de honor como se usa actualmente en Chile.

Uno de estos conflictos los provoca Manuel Blanco Encalada, cuando abandona el bloqueo del Callao, y que O’Higgins pone en conocimiento de San Martín, y le expresa “Esos males que nuestro h:: Blanco nos está ocasionando” (03/06/1819). Recordemos que Blanco, posteriormente, protagonizará por lo menos un par de episodios masónicos de mucha importancia: el primero, la fundación de la logia “Filantropía Chilena”, y el segundo la paz firmada con el masón Santa Cruz, en Paucaparta.

Este episodio, sin duda, es suficientemente significativo para demostrar el carácter masónico de la logia “Lautaro”, puesto que hay un reconocimiento de la condición de fraternal de Blanco, de parte de O’Higgins, quien luego fundará, a su vez, una logia masónica con todos los elementos necesarios para reconocer ampliamente los usos y costumbres masónicas que nos son reconocibles, porque hemos encontrado el testimonio irrefutable de su existencia: el acta de fundación o carta constitutiva de la “Filantropía Chilena”. Tal vez, quienes reivindicamos el carácter masónico de las logias “Lautaro”, hasta ahora nos falta un documento similar que sea la prueba final y definitiva para los escépticos. Pero, a mi juicio Blanco Encalada es el hilo conductor que establece la filiación masónica común entre la Logia “Lautaro”, la logia “Filantropía Masónica” y la relación con el Mariscal Santa Cruz, como la ha señalado el historiador Carlos Wise.

Queda la discusión respecto si fueron o no regulares. En lo personal, he sostenido que la regularidad es un antecedente demasiado difuso e impracticable a inicios de los 1800, y que recién empieza a clarificarse en 1813, con la unificación entre Antiguos y Modernos, y que se requirió de gran parte de ese siglo para llegar a asentarse firmemente en las prácticas masónicas.

HITOS DE LA REIVINDICACION HISTÓRICA DE O’HIGGINS. UNA OBRA MESOCRÁTICA Y MASÓNICA.

A pocos años de su muerte, comienza la reivindicación histórica de O’Higgins, bajo el acento de tres vertientes que son recurrentes en el tiempo: la del pensamiento liberal, la mesocrática y la masónica. Ambas, en momentos convergen, y en otras circunstancias se expresan de manera individual.

Como expresión de la reivindicación mesocrática, será el intendente Rafael Sotomayor Baeza, que murió siendo Ministro de Guerra en Campaña, durante la Guerra del Pacífico, un típico exponente de la mesocracia decimonónica, quien pondrá el nombre de O’Higgins a la primera calle en Chile, algo que ahora resulta absolutamente recurrente en todas las ciudades y poblados del país. En efecto, siendo Intendente de Concepción, periodo que ejerce entre 1853 y 1859, pone el nombre del Padre de la Patria a una de las calles de esa ciudad, cuya denominación se mantiene hasta hoy.

La reivindicación que une la acción mesocrática y masónica, parte con el rol de quien fuera uno de sus Hermanos, con el cual tuvo una relación no poco conflictuada: Manuel Blanco Encalada. Cuando se constituye la comisión para establecer un monumento del Libertador y Padre de la Patria, en 1869, el año de la repatriación de sus restos, quien la preside es Blanco y actúa como secretario es el también masón Guillermo Matta. Tres años después esta obra sería entregada a la ciudad de Santiago. Recordemos que este reconocimiento llega después que los monumentos al general Ramón Freire (1856), al general José de San Martín (1863), al mercader Diego Portales (1863), y al general José Miguel Carrera (1864).

Durante la repatriación de sus restos, son recibidos en Valparaíso, donde uno de los discursos es realizado por el masón Jacinto Chacón. En Santiago, Blanco Encalada cerrará los episodios de desencuentros con su Hermano, y su voz se alzará para rendirle el último tributo. Pero, de todas las intervenciones, sin duda, será la de uno de los intelectuales más brillantes del siglo XIX, la que establecerá el carácter de la figura de O’Higgins en el ámbito de los debates de su tiempo, y sus consecuencias en las décadas siguientes, transformándose en una pieza oratoria memorable, que se ubica históricamente en el centro del relato mesocrático: fue el discurso de Diego Barros Arana.

En 1876, se inaugura el busto del Libertador en Copiapó, por obra de los representantes de la clase media, que hemos mencionado anteriormente. En 1888, el gobierno liberal de Balmaceda, inaugura el monumento a O’Higgins en Chillán.

En el gobierno de Arturo Alessandri Palma, donde confluyen las grandes tendencias mesocráticas y populares que se enfrentan a la oligarquía tradicional, se pone el nombre de Avenida Bernardo O’Higgins a la tradicional Alameda de las Delicias.

A partir de los años 1930 se inicia una reivindicación de la figura de O’Higgins, a través de distintas disciplinas: la literatura, el teatro y la plástica, además de la historia. Los autores corresponden esencialmente a intelectuales que pertenecen a las clases medias.

En 1941, Pedro Aguirre Cerda, promulga la ley 7.035, sobre la base de un proyecto del diputado Gustavo Vargas Molinares , que dispuso la construcción de un Santuario de la Patria, un lugar donde se guardarían los restos del prócer. El proyecto no pudo ser implementado por otras prioridades nacionales, y sería retomado por el gobierno de Salvador Allende.

En el ciclo de los gobiernos mesocráticos, encabezados por el Partido Radical, se emitirá el primer sello postal con la esfinge del Libertador, en 1943. Diez años después se funda el Instituto O’Higginiano, que ha sido históricamente una expresión asociativa esencialmente mesocrática en su composición.

En 1944 se inician los trabajos de la Respetable Logia “Bernardo O’Higgins” en el valle de Ñuñoa, que actualmente promueve los encuentros de Logias con igual denominación en América.

A inicios de los años 1970, bajo el gobierno de Salvador Allende se retoma la idea de construir un Santuario de la Patria, para los restos del Libertador. Los componentes mesocráticos de ese gobierno, buscan expresar a través de su figura, los sentimientos nacionales que son representados por las políticas de gobierno en torno a las ideas de independencia económica y de nacionalización de los recursos naturales. En ese contexto, se opta por cambiar el nombre al tradicional Parque Cousiño de Santiago, por el de Parque O’Higgins con el cual se le conoce hoy.

Las circunstancias políticas del gobierno de Allende impidieron continuar adelante con la idea del gran panteón para el Padre de la Patria, lo cual será retomado bajo la dictadura del general Pinochet, haciéndolo realidad.

UNA TRANSITORIA CONCLUSIÓN.

Nuestro país celebra el Bicentenario, y las grandes figuras de la historia cobran significación en el sentido de su trascendencia. En virtud de ello, la figura del Padre de la Patria, ha sido revista desde distintas perspectivas, a través de miradas que muchas veces burlan o distorsionan su esencia. Sectores interesados han buscado darle a su pensamiento, desde hace tiempo, una mirada absolutamente distante a lo que está presente en sus escritos.

El contra-o’higginismo aparece como moda de cierto pensamiento ligado a aquellos que históricamente han tratado de distorsionar su legado y su rol histórico. Su relación con la Logia “Lautaro” ha sido llevada incluso al nivel de la caricatura. Cierto progresismo sostenido en el fetiche ideológico, luego de la manipulación de la figura de O’Higgins durante la dictadura del general Pinochet, por lo demás absolutamente incongruente con la simultánea reivindicación portaliana, han llevado a construir una imagen del Padre de la Patria en el relato colectivo que constituye un éxito para quienes han tratado siempre de denostar su memoria.

Mi contribución con esta mirada al O’Higgins verdadero, apunta a reponer su legado y su contribución histórica, – libre de las condescendencias que imponen las lecturas uniformadoras, o de los resabios del pasado expresados en estructuras que terminan siempre levantándose contra el avance del progreso- , cuando se requiere hacer un recuento sobre lo somos, hemos sido y seremos como comunidad nacional.

Publicado por:

Diario Masónico

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Edición nº 4 de los “Cuadernos de la Logia Redención nº 167”

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