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El estudio de la verdad

 

 

 

En este Gr:., nos impele la Mon:. a ser “Soldados de la Luz, de la Libertad y de la Razón Pura: El Pueblo y la Masonería”.

Con esto, es evidente que la palabra “luz” es ambigua desde la perspectiva de un profano, siendo referida como sinónimo de Gnosis, de iniciación, de conciencia evolucionada, de conocimiento vivenciado de la Verdad. Ser un soldado de la luz, así se interpretaría como quien defenderá los logros de legiones de masones que han logrado mover el punto de referencia de la evolución humana en diferentes ámbitos, así como la lucha en contra de las fuerzas que pretenden seguirnos sumiendo en el oscurantismo, sumisión, obnubilación y acorralamiento.

Sin embargo, ¿hemos estudiado la Verdad? ¿La conocemos lo suficiente como para poder defenderla? ¿Nuestra conciencia está entrenada para ejercer con presteza ese buen gusto moral que discierne la hipocresía de la nobleza? Por ello precisamente nuestra Or:. es una incesante escuela evolucionista para quien antes que asumirse soldado y fiero defensor de principios mal digeridos, silentemente se dedica al estudio de la Verdad.

Recordemos aquél grado al que estamos altamente emplazados a seguirlo practicando para estar presentes aquí y ahora: el de Apr:. Mas:. Su mónita nos exhorta a dedicarnos al estudio de la verdad, libres de preocupaciones.

Esto suena verdaderamente difícil para quien vive inmerso en la cotidianeidad, realizándose preguntas tales como ¿en verdad es posible tener la mente en reposo absoluto?, ¿cómo puede un ser humano alcanzar ese estado de ausencia de preocupaciones?

Las respuestas las conoce todo iniciado. Aunque lograrla materializar requiere mucho orden e higiene mental. Existen muchas técnicas de concentración y de elevamiento de nuestro estado de conciencia, destacando de todas ellas la relajación, la meditación y el Yoga, todas al alcance de nuestro bolsillo. El ejercicio reflexivo, los juegos de concentración e incluso el análisis sistemático de nuestro acontecer diario, de los hechos y de nuestra vida interior nos ayuda a mantener nuestra mente despierta y alerta, viviendo en el aquí y el ahora.

Pero una vez que hemos aprendido a alcanzar  nuestra mejor capacidad de concentración necesaria para los efectos que la vida nos propone, inexorablemente nos preguntaremos qué es la verdad. Alguien le preguntó en una ocasión al V:. H:. Mahatma Gandhi –“¿qué es la verdad?”, a lo que él respondió: -“Es lo que te dice tu voz interior”. Y en cierta medida le respondió a la altura de la pregunta, ya que en la Mas:.  nos dicen que debemos de desarrollar nuestra conciencia, para poder discernir el bien del mal adecuadamente. Hay un enorme recorrido a través de ese eje transversal en los 32 grados masónicos que inicia con  las entrevistas para el profano y que en el programa tradicionalista de burilado para los aprendices es el Tema #7 del libro de Terrones Benítez, denominado “La Educación Masónica”, pero hay poco acompañamiento.

Tal parece que de lo que se trata es de escuchar el grito interno de la vocación para buscar en vida nuestra verdad y despreocuparnos mucho de lo que sucede con nuestros hermanos neófitos.

Sin embargo, el camino verdadero para cada uno de nosotros habrá de aparecer conforme sigamos el llamado de nuestro ser interior, del llamado Maestro Secreto, que habrá de llevarnos hasta donde somos más útiles a la conformación del Gran Templo, que en el Cap:. Kad:. se menciona como la Jerusalén Celeste, que bíblicamente aparece como Nueva Jerusalén, que por el rumbo de Turicato sigue esperando que algún liberal –ahora sí, soldado de la Luz- se pronuncie en  contra de los atropellos cometidos en contra del estado Laico.

En todo este camino, no olvidemos jamás que construir el éxito es recorrer una sucesión de miles de pasos en muchos senderos paralelos, semejando más el tejido de una red para trasladarse de hoy al futuro posible y próximo.

Sin embargo, la verdad en este mundo también se ha expresado como todo aquello que es comprobable, eles decir, conocimiento relevante, científico, pertinente y sistematizado. La ciencia, para muchos seres humanos es la Verdad. En realidad, a través de la razón pura que nos marca la mónita de este Gr:. nos estamos aproximando a la verdad.

Para otros, desde la perspectiva religiosa, la verdad es de índole dogmática, única y está escrita en un libro sagrado. Un buen ejemplo de ello es la cita del Evangelio Según San Juan (Jn 8: 4-7) siguiente:

4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.
5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

Por ello, más adelante afirma el Maestro Jesús, que “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8:32). Desde esta lógica tiene razón: la libertad depende de no estar atados a la irrealidad. Con ello, los propios dogmas que en ocasiones lindan en lo absurdo que proclamaron sus prevaricadores, fanáticos y malos exégetas se derrumban, es decir, la Biblia brinda antídoto en este pasaje en contra de las interpretaciones convenencieras.

En suma, tanto el religioso como  el científico tienen razón y se equivocan a la vez cuando aseveran que conocen la verdad sin haber comprendido el sendero oculto para ellos.

El científico mira a la verdad desde una montaña, el filósofo la barrunta desde un valle, un religioso la atisba desde la arena del mar, el masón contemporáneo la contempla a través de su espéculo, pero el sabio vive nadando en ella; el epítome lo constituye el Maestro, quien  regresa caminando sobre las aguas a iluminar a todos los demás.

Pero, ¿qué es verdad?, ¿qué es mentira? Hay quien dice que la verdad es única para todos, exterior a la mente y dependiente de los hechos, es entonces conformidad de la mente con los hechos, de las palabras con los hechos y la mente. Vive en la verdad aquel ser humano congruente en pensamiento y acción con lo que sucede fuera de su persona.  Pero para conocer lo que sucede fuera de su persona tiene que entregarse al estudio de la Ciencia, las Artes y la Filosofía; para conocerse a sí mismo, debe volverse un Maestro.

No olvidemos que, a pesar de nuestra antigüedad, altos grados y condecoraciones, venimos a este Cons:. a estudiar quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, a conocer particularmente la moral, para saber cómo elevar templos A:. L:.  G:. D:. G:. A:. D:. U:. y cómo cavar pozos sin fondo a los vicios y bajas pasiones, para regresar a ayudar a nuestros semejantes constituidos ahora sí, en Soldados de la Luz, santos y puros, sublimes y perfectos. Altísimos ideales, ¡pero no esperemos a ostentar tanto para compartir un poco!

Conforme vamos avanzando en nuestra carrera como Aapr:. nos es cada vez más claro que la inteligencia subyuga y conduce la fuerza para desbastar imperfecciones.

Por ello, usemos nuestras facultades humanas más elevadas a cubierto para resolver nuestros problemas y preocupaciones, ya que la solución a los problemas de determinada índole siempre se encuentran en un plano superior, al que el Maestro accede sin dificultad para desatar y transmutar lo que en su camino se ha atravesado para seguir adelante en su sendero, buscando los más nobles fines, solamente aquellos que pueden ser elevados a la gloria del G:. A:.  D:. U:.

Desde esta perspectiva, ser estudiante implicará entre muchas otras actividades, desafiar con el guante de la congruencia los acontecimientos que suceden, así como pasar por los tamices de la razón y la intuición todo aquello con lo que nos enfrentamos cotidianamente. Proclamarse estudiante no brinda patente de corso para lograr llegar a ser maestro, pero ser un aprendiz de masón y fijar nuestra atención y conciencia en descifrar por todos los medios humanos la realidad externa e interna, sí que nos ayudará a devenir en verdaderos Soldados de la Luz, que puedan proclamar al mundo entero que vivir congruentemente es ejercer plenamente nuestra libertad en búsqueda de la verdad.
Ccamp:. de Morelia, Michoacán, a 19 de agosto de 2012, E:. V:.

Frat:.

MDP

¡Es Cuanto!

Texto: Masón de Pants

Publicado por:

Diario Masónico

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