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La  Gran Luz nos alumbra

 

 

 

 

 

Por: Roland Delacretaz  4º

 

En el momento de mi iniciación, el Venerable Maestro me pidió: “¿Recipiendario: que solicitáis de nosotros?” Y, respondí “la luz “. En el curso de este balaustre, trataré de demostrar que la percepción de la luz cambia en el espíritu de un hermano a partir del día de su iniciación y durante su vida masónica.

Sumergirse en la búsqueda de la verdad, del conocimiento o de la luz, es un compromiso muy importante que es susceptible de revolver toda nuestra existencia. Este paso impone la convicción imperativa que nuestra vida es incompleta y que el futuro estaría privado de sentido y de interés si no llega a penetrar el misterio del universo.

El conjunto de nuestros éxitos personales, o, sociales sería flaca recompensa, frente a la intuición que existe de una dimensión es-condida que nos interpela. El hombre se dirige hacia lo desconocido, porque reconoce su propia impotencia para colmar sus miedos y sus deseos. En el mundo profano, asimilamos lo que brilla, como una fuente de alegría y de riqueza. También, la francmasonería nos despoja de nuestros metales.

Si encontramos a un hombre lleno de paz ,o leyendo un libro sobre la sabiduría, y, después de una gran reflexión, pensamos que podemmos transformar nuestro odio en amor, nuestro temor en confianza, esto sería hundirse en el error. Con la esperanza de realizarse y de vivir armoniosamente con sus semejantes, el aprendiz, el compañero, respectivamente talló luego pulió su piedra, y, el Maestro trabajó con la plancha a trazar; así es el principio del camino muy largo de la iniciación.

 

La luz, alumbra el espíritu humano si nada se opone a su brillo. Mientras la ilusión y los prejuicios nos cieguen, la oscuridad reina sobre nosotros y nos hace in-sensibles al esplendor de la verdad.

Al volver la mirada atrás sobre el camino de mi progresión iniciática, compruebo que en las logias simbólicas, traté de adquirir fundamentos necesarios para esta evolución.

¿Al cuarto grado, en el momento de la apertura de los trabajos, a la cuestión del Maestro : “¿ qué hora es?”  El Inspector responde : ” La claridad del día disipa las tinieblas, y la luz del Sol empieza a iluminar esta logia·”.

Esta llamada, me devuelve la iniciación del cuarto grado, con esta venda sobre los ojos, ni opaca, ni transparente, y, que permite sólo una luz tamizada. Es el reflejo de mis conocimientos actuales y de mi grado de comprensión. La Luz, simboliza “Ver”, es un tema del Génesis, donde narra que la luz alumbra las tinieblas. El símbolo de la Luz, esta unido íntimamente a la obra de los siete días de la Creación.

Para el francmasón, esta experiencia iniciática de la Luz se presenta bajo un aspecto doble. Primero, la de unaconciencia progresiva del mundo cercano donde comienza a discernir su parte de ilusiones y de prejuicios. Luego un trastorno súbito del Ser que opera una conversión, haciéndolo salir de un universo profano para ponerlo en busca de la Verdad y en busca de la Luz y del Espíritu del que es portador.

Entrando en el cuarto grado, el nuevo Maestro Secreto, se da cuenta que los espacios se hacen infinitos. Deja el geocéntrico para el cósmico, es decir que pasa del terrestre al celeste. El divino sucede al intelecto. La cuarta dimensión va a reemplazar la tercera. Allí, se trata verdaderamente de una segunda iniciación.

Al principio era el caos, todo estaba sumergido en la oscuridad inconsciente mecanismos de la vida.

La luz estaba en las tinieblas y el hombre no lo sabía. Por la iniciación y su trabajo, el francmasón despertó su conciencia, esta conciencia que detecta las fuerzas negativas; las combate sin cesar para que todo su ser comience a irradiar.

La Luz, por su aspecto inmaterial, pero también por su muy fuerte poten-cia simbólica, nos permite comprender el mundo informal. Ciertos pensadores, filósofos, creyendo haber alcanzado el fin de sus búsquedas, dudaron, Se dieron un golpe allí de buena fe y sin pesar, ya que el solo hecho de dudar constituía un progreso formidable sobre la vía de la espiritualidad.

Porque buscar, es evidentemente creer en la existencia potencial de lo que buscamos, sino, ¿por qué buscar? Lo importante posiblemente no es descubrir la verdad, es intentar siempre descubrirla.

No fiarse, es el signo de una evolución espiritual, de una fe muy viva que caracteriza, el, que va por delante, el, que se atreva de las verdaderas cuestiones, y se abre al viento del espíritu. Cerrar los ojos, volvería a perder de vista el sentido de la vida.

Pero, por encima las dudas, por muy sinceras que sean, las cuestiones permanecían indecisas. Entonces, la francmasonería vino para alumbrar los espíritus, y los corazones. Vino para anunciar que la respuesta era en otro lugar, y que esta respuesta se encontraba dentro del hombre mismo.

El soplo espiritual del universo mostró a los hombres, que todo había sido ordena-do y había sido organizado por el gran arquitecto del Universo. Una vez Francmasón, el hombre podrá, sin ningún miedo, entender el mundo que le rodea, y adaptarse a el. Podrá construir su vida según los planes del G.A D.U, y progresar en la noble intención de hacer progresar la humanidad entera.

El fin del francmasón, es hacerse un templo ascendido a la gloria del G.A.D.U, francmasón despertó su conciencia, esta conciencia que detecta las fuerzas negativas; las combate sin cesar para que todo su ser comience a irradiar.

La Luz, por su aspecto inmaterial, pero también por su muy fuerte potencia simbólica, nos permite comprender el mundo informal.

Ciertos pensadores, filósofos, creyendo haber alcanzado el fin de sus búsquedas, dudaron, Se dieron un golpe allí de buena fe y sin pesar, ya que el solo hecho de dudar constituía un progreso formidable sobre la vía de la espiritualidad.

Porque buscar, es evidentemente creer en la existencia potencial de lo que buscamos, sino, ¿por qué buscar? Lo importante posiblemente no es descubrir la verdad, es intentar siempre descubrirla. No fiarse, es el signo de una evolución espiritual, de una fe muy viva que caracteriza, el, que va por delante, el, que se atreva de las verdaderas cuestiones, y se abre al viento del espíritu.

Cerrar los ojos, volvería a perder de vista el sentido de la vida.

Pero, por encima las dudas, por muy sinceras que sean, las cuestiones permanecían indecisas. Entonces, la francmasonería vino para alumbrar los espíritus, y los corazones. Vino para anunciar que la respuesta era en otro lugar; y que esta respuesta se encontraba dentro del hombre mismo.

El soplo espiritual del universo mostró a los hombres, que todo había sido ordenado y había sido organizado por el gran arquitecto del Universo. Una vez Francmasón, el hombre podrá, sin ningún miedo, entender el mundo que le rodea, y adaptarse a el. Podrá construir su vida según los planes del G.A.D.U; y progresar en la noble intención de hacer progresar la humanidad entera.

Fuente: Revista Zenit/ SCG33 España/ La Gran Luz que nos alumbra

 

Publicado por:

Diario Masónico

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