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Plancha de un maestro masón sin título

 

 

 

No he querido titular esta plancha. Y no lo he hecho porque creo que es su estructura la no lo permite. Como oirán a partir de ahora, QQHH, este trazado se irá desgranando poco a poco.

Y entregarles desde un comienzo un título podría generar expectativas diferentes a las que espero generar. Lo que hoy quiero compartir con Ud. QQ.HH. es, en gran medida, una declaración de principios. Para ello intentaré ser sintético y, sobre todo, transparente y fiel a mis ideas. No me conocen aún, pero sabemos que por mis actos más que por mis palabras, me reconocerán.

He llegado a España en un contexto adverso para la mayoría. O al menos eso es lo que oímos decir en los medios, con una prensa más o menos amarillista, pero siempre en busca del titular que hace al espectador incauto creer que una crisis viene necesariamente aparejada de lo peor en todos los sentidos. Lo peor en términos económicos, sociales, morales; y lo peor de todos y cada uno de los que forman un pueblo.

Yo no lo veo de este modo. Y no es que niegue que la realidad económica española vea tambalear ese equilibrio inestable que muchos predijeron hace más de una década. Tampoco es que sea ciego a las dificultades que a diario todos hemos experimentado, como testigos en el mejor de los casos, de lo que significa suplir las necesidades creadas y preocupaciones baladí por las necesidades y preocupaciones básicas de subsistencia; trabajo, alimentación, salud, educación.

Estas necesidades son concretas y como masones tenemos el deber de buscar mediante la razón más desapasionada, la cura a los abusos, a la injusticia y la falta de armonía social que impida alcanzarlas. Todo este panorama desfavorable, desde luego, lo veo y lo lamento.

Sin embargo existe otra esfera de representación social que surge siempre de mano de una crisis y que, como respuesta humana, se atreve a hacerle frente a la adversidad. Es el momento en que colores políticos pasan a un segundo plano en el debate más sincero; donde la diferencia no pasa de ser una anécdota entre tantas dificultades compartidas y donde todos entienden que la única forma sustentable de salir del pozo, es trabajando juntos. Eso, hasta donde alcanzo a entender, acerca los valores de cualquier sociedad a la M.·. y viceversa. Es el momento ideal, a mi juicio, de tomar cartas y actuar.

Aquí me detengo. Hasta ahora, ninguna novedad. Me pregunto entonces, ¿cómo debe enfrentar la M.·. este contexto adverso?

Lo primero que pienso es que este fenómeno no es nada nuevo para la M.·., considerando los siglos de historia, favorables o desfavorables, que nuestra orden ha enfrentado y de los que ha sabido salir airosa o, más loable aún; de los que ha logrado resurgir luego de incontables infamias y cruentas persecuciones. Entonces, me imagino que, para nosotros, la respuesta a esta pregunta se debe encontrar en los símbolos. No me cabe duda que así es. Pero, ¿en cuál? Me atrevo a proponer un símbolo y a interpretarlo, en busca de esa respuesta; y se me presenta la “Granada”.

Conocemos su significación y complejidad, nos apropiamos de su estructura y su sentido. La “granada” viene a ser la representación simbólico-alegórica de lo que somos, de cómo nos organizamos y de lo que buscamos individual y conjuntamente. Desde su origen mitológico, con Hades y Perséfone de amantes, desde el Egipto de Ann y Tosues, hasta su incorporación a la M.·. a manos de Hiram Abif (Reyes; VIII), la granada sobre nuestros pilares nos ha guiado en el afán de cumplir un nuestros principios éticos y morales fundacionales. La igualdad y la fraternidad se ven reflejados en este fruto, desde su exterior hasta su vital médula.

En nuestros Templos, la granada se iza en lo alto de cada dintel de nuestros pilares, tan alto como nuestros ideales.

Sus granos, que son a la vez semilla y sustancia, además de simbolizar la fertilidad, connotan la importancia de cada grano para formar la fruta. El jugo, agridulce, alude a las fortunas e infortunios de nuestro devenir vital. Su cáscara, delgada pero resistente, nos recuerda que la M.·. puede resistir los golpes y ataques exteriores si su interior se encuentra sano.

Esto me parece que se puede extrapolar a la sociedad en su conjunto. La sociedad puede llegar a ser como una granada, esto es, unida, vital, fértil, resistente, en una palabra, roja. La granada, a mi juicio, no es solo la representación de nuestra institución, sino que es también la representación de la utopía social que buscamos. Por esto, veo en su significado, la respuesta a la pregunta inicial. La forma más adecuada de enfrentar tiempos violentos, es fortalecer el vínculo entre cada uno de nosotros, otorgando vigor a nuestra cáscara, sin perder la tan necesaria sensibilidad social.

Para terminar, sabemos que la M.·. no es una agrupación política.

Su objetivo no es participar ni figurar en esquemas políticos partidistas o dicotómicos. Sin embargo, el Masón, debe transformar sus acciones en acciones políticas. Políticas y comprometidas. El filósofo eslavo Zizek hace un tiempo predijo que la “vieja democracia liberal está llegando a su fin y creo que para asegurarnos un espacio de libertad vamos a tener que reinventarla”. Aquí es donde veo la tarea del M.·. del s.XXI. Aquí radica la complejidad de nuestra tarea.

No podemos ser simples espectadores y dejar que la crisis nos pase por delante. Es nuestro compromiso con nosotros mismos y con la sociedad en la que nos insertamos. Si alguno de uds. comparte esta preocupación conmigo, si alguno de uds. se ha visto convocado a estar allí donde se nos necesita, entonces, ya seremos dos, dos hermanos en la misma causa. Y como masones, no tengo duda de que así será.

He dicho, V.·.M.·. y gracias por escucharme QQ.·.HH.·.

 

 

 

 

Publicado por:

Diario Masónico

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Edición nº 4 de los “Cuadernos de la Logia Redención nº 167”

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Comments

  1. Jotenegro    

    “Nada nuevo bajo el sol”, ese sería el titular de esta plancha, a mi juicio.Entonces, a seguir luchando que para ello hemos nacido..y a seguir bregando con nuestra convicciones para mejorar al Hombre que somos y a nuestra Humanidad.La Masonería así lo espera por el bien de nosotros mismos.

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