PREMIUM: La masonería y los laberintos de la República

Hay un dicho que reza: la democracia puede no ser el mejor régimen de gobierno que existe, pero aún no tuvimos mejor idea. Parodiando esto, me atrevo a decir que el régimen republicano puede no ser el ideal, pero aún no hemos descubierto otro más satisfactorio.

A pesar de que la masonería moderna se organizó en una monarquía -la buena y vieja Inglaterra entre 1717 y 1723- la actuación política de la Orden se firmó mediante una filosofía orientada hacia los ideales republicanos ya través de errores y aciertos. Incluso la  Gran Logia Unida de Inglaterra  reconoce que la institución se originó en las empresas que operan albañiles, por lo que las personas eran hombres corrientes y no de la nobleza.

Dos años después de que Jaime VI de Escocia fuera iniciado en la Logia  Perth, tomó el trono de Inglaterra e Irlanda, con el título de Jaime I. Desde entonces, todos los hombres de la familia real fueron iniciados en la masonería. Pero, el primer documento de iniciación en suelo inglés es, al parecer, de 1646 en Warrington.

Este primer masón, uno de los fundadores de la Royal Society, era el anticuario judío Elias Ashmole, oficial de armas, astrólogo, alquimista, todo menos un noble

Los primeros iniciados de sangre azul inglesa aparecieron a partir de las décadas siguientes a Ashmole. Y cuando los Stuarts fueron exiliados en Francia, se creó la primera Logia Escocesa en aquel territorio, primero en 1728 como Gran Logia de Francia, después en su forma y nombre actuales desde 1773. El Gran Oriente de Francia fue producto de la Ilustración con el objetivo de la práctica de la masonería liberal y adogmática.

Distanciados del fundamentalismo, los masones franceses moldearon una iniciación basada en el desarrollo individual y en una filosofía humanista dispuesta a repensar los problemas del mundo por el prisma de las cuestiones sociales.

En esta línea de pensamiento, durante dos siglos, caminaron los masones Voltaire, el abolicionista Schoelcher, el revolucionario Motier Marqués de La Fayette, el paladín de los derechos humanos Jean Zay, Garibaldi, Eboué, el emir Abd-el-Kader, el socialista Blanqui, y Brossolette, líder y mayor héroe de la Resistencia.

Sería una infantilidad afirmar que los buenos reformadores y buenos líderes son masones; pero no es exagerado decir que buenos masones están comprometidos con las reformas sociales.

Desde los inicios de la Revolución Francesa (1789-1799) la masonería se empeñó en la afirmación de los ideales republicanos garantizados de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

A pesar del achismo equivocado de que el tríptico Libertad, Igualdad y Fraternidad fue adoptado por la masonería a partir de la Revolución Francesa, el hecho es que fue la Revolución que llamó para sí el códice masónico. Georges Jacques Danton, procurador de la Comuna, Ministro de Justicia y diputado, fue iniciado en la misma Logia que Voltaire – Les Neuf Soeurs de París. Jean Paul Marat, médico y jacobino extremista, conoció la Orden en Inglaterra y alcanzó el Grado de Maestro en 1774 en la Logia King Head. Maximilien Robespierre frecuentaba los medios académicos en calidad de miembro de la Logia Hesdin del Pas-de-Calais en Arras. El periodista y abogado Camille Desmoulins se convirtió en masón en 1776 en la Logia Des Maîtres de Amiens. Charles Louis de Secondat Montesquieu (1689-1755), filósofo y miembro de la Academia Francesa, se inició en la Logia londinense Horn Tavern de Westminster,

Montesquieu fue uno de los precursores del método clasificatorio de las formas políticas: monarquía, aristocracia y gobierno de los comunes.

Su teoría de la separación de los tres poderes, consagrada en las constituciones liberales, establece la administración del gobierno a través del ejecutivo, legislativo y judicial en contraposición al poder soberano, dominador y centralizado en una persona, dinastía o casta.

Si hablamos del concepto moderno de la iniciación masónica, busca la evolución del hombre en todas sus dimensiones. Como masonería liberal y adogmática, la filosofía que heredamos interpreta al mundo como una gran república. Siendo que la mejor enseñanza es el ejemplo, la masonería practica, en las Logias, una administración según los parámetros republicanos de los tres poderes.

Las Logias, se encuentran abiertas a los hombres de todas las religiones, siempre que se disponga a la búsqueda de la adecuación pasible de ser establecida, por medio del pensamiento, entre la subjetividad y los hechos de la realidad objetiva. Este es el sentido masónico de la palabra investigación, la primera de las libertades, motor del pensamiento y de la acción.

Con respecto a la Igualdad, la masonería republicana se opone fuertemente a las manipulaciones del poder, al despotismo, a los enemigos de la democracia y los prejuicios. Ver la administración de la república en su forma más pura –  res públicos : los asuntos públicos – y la delegación de poderes sujeta a la elección de los ciudadanos y de duración limitada.

Autor: José Mauricio Guimarães

Traducido para Diario Masónico PREMIUM por Garibaldi (Simb.)

¿Cual podría ser el enlace entre la masonería y el republicanismo, la idea de la República?

¿Cual podría ser el enlace entre la masonería y el republicanismo, la idea de la República?

 

 

 

Si bien es cierto que se dice y se repite hasta la saciedad que la masonería no se mete en política, no lo es menos que lo que realmente no hace es entrar en el debate partidista, cuestión harto diferente, y que ello explique el posicionamiento de las obediencias masónicas ante hechos sociales relevantes.

La cuestión republicana -la conveniencia o no de ir hacia una república-  podría ser, quizás, el máximo exponente de ese estar en política pero por encima de las pequeñas miserias que acompañan a la acción de los partidos políticos. En éste sentido quizás sea bueno recordar algunas aportaciones de la historiografía española sobre el papel de la masonería en ámbitos ajenos a su primordial razón de ser, la vía iniciática, ” Los arquitectos de la República” de Luis P. Martín , “La masonería escuela de formación de ciudadanos” de Pedro Martínez Lázaro y el trabajo del profesor Valín “Masonería y movimiento obrero”.

¿Cual podría ser el enlace entre la masonería y el republicanismo, la idea de la República?

Si nos referimos a lo que se conoce como masonería regular y de manera más concreta a la Gran Logia Unida de Inglaterra, podríamos decir que nada ya que esta se encuentra perfectamente imbricada en el establishment británico y por tanto en la monarquía, aunque si tomamos como referencia la primigenia masonería a la que pertenecían muchos de los padres fundadores de los Estados Unidos de América del Norte nuestra conclusión sería a todas luces bien diferente.

El republicanismo es un concepto que está por encima de la ideología y la vida de los partidos políticos, nace del concepto de igualdad y se liga a la libertad aunque es evidente que, como la historia se encarga de demostrarnos, una república no es garantía “per se” del disfrute de ninguna de ellas.

Sin entrar en la discusión de qué fue primero si el huevo o la gallina con lo que respecta a la paternidad de la masonería sobre la Revolución francesa, paternidad por otra parte harto dudosa aunque parece innegable la participación de masones en la misma, podemos decir que la propia esencia de la masonería continental y la que llevó los ideales de libertad y emancipación a las colonias españolas en América, sí tuvo mucho que ver con las enseñanzas que algunos de los próceres latinoamericanos del XIX recibieron en las logias a las que pertenecieron.

La divisa de la masonería liberal -Libertad, Igualdad, Fraternidad- es en sí misma un compendio del espíritu republicano nacido con la Revolución francesa y entendido este como un concepto político por encima de ideologías concretas, y que exige un respeto a determinados derechos considerados fundamentales.

Precisamente ese respeto a valores humanistas hace que concepciones ideológicas, muy en voga en estos momentos, no puedan ser encuadradas dentro del republicanismo por el simple hecho de que rechazan la indivisibilidad del lema republicano por excelencia.

El acatamiento al régimen constituido no impide que se procure, democráticamente, su cambio y por tanto que se trabaje por la instauración de un régimen en el que sea más fácil alcanzar los fines últimos de la masonería: la construcción de sociedades más libres, justas, igualitarias y fraternas. No es tanto un problema de antimonarquismo como que, en base a la premisa de igualdad, resulta intolerable la existencia de privilegios basados en la “sangre”, tampoco en cualquier otra consideración sea esta de carácter político, económico o social.

Ahora bien, no se debe pensar que un cambio de régimen consiste en la simple limpieza de la fachada ya que se trata de algo más profundo, la construcción de una nueva sociedad basada en los valores que se entienden intrínsecos a una Republica y que en buena parte son aquellos que, de alguna manera, se aprenden y practican en la convivencia de las logias, respeto, igualdad, libertad ….. y que son virtudes que están, deben estarlo, por encima de ideologías y creencias.

Es evidente, desde la perspectiva de quien esto firma, que no se puede entender el hecho de “ser” masón o masona si ello no va ligado a un ideal republicano, de preeminencia de la ciudadanía y sus derechos sobre cualquier otra consideración política. El ser humano , sus derechos y necesidades básicas parecen ser difícilmente defendibles desde regímenes que desprecian la igualdad al estar basados en la primacía de derechos de sangre sobre los de ciudadanía.

 

Fuente: Masonería Mixta




14 de Abril de 2016: ¡A por la Tercera República Española!

14 de Abril de 2016: ¡A por la Tercera República Española!

 

 

 

 

Tal día como hoy, 14 de abril, y tras ganar unas elecciones municipales el 12 de abril de 1931, se proclamó la II República Españolaen las plazas de todos los pueblos y ciudades, en un clima de optimismo y hasta euforia popular porque de verdad había llegado para el pueblo un régimen democrático en el que confiar.

Alfonso XIII había cometido graves errores, entre otros apoyar el golpe de estado de un militar, Miguel Primo de Rivera, y haber aceptado una dictadura durante diez años en nuestro país. Dictadura que, tras imponer la represión de los derechos y las libertades, no resolvió ninguno de los principales problemas de nuestro país: desempleo, infravivienda, hambre y pobreza, caciquismo, analfabetismo, desigualdad social, etc.

El pueblo español, de forma absolutamente contundente, rechazó dictadura y monarquía a la vez, y a pesar de ser las del 12 de abril de 1931 unas elecciones municipales, la victoria electoral fue muy contundente pues venció en todas las provincias españolas menos en nueve. Con la primavera llegó la república, la ‘niña bonita’, como fue llamada por el pueblo español. Y España se acostó monárquica y se levantó republicana.

Fue el municipalismo, los ayuntamientos, los que trajeron la II República, no un cambio de gobierno, sino de régimen. A partir de ahí se inició un proceso constituyente, y en meses, España dispuso de una Constitución muy avanzada, que convertía a este país en ‘una República de trabajadores de toda clase‘, que reconocía para las clases desfavorecidas derechos sociales y económicos nunca aceptados, y que ‘renunciaba a la guerra como instrumento de política exterior’. Algo muy importante a valorar en tiempos de sí a la guerra, cuando desde el gobierno se nos quiere justificar otra guerra pura y dura por petróleo, con falsos motivos altruístas y humanitarios, cuando en realidad se apoya en la OTAN y en el imperialismo.




Y fue importante porque la II República significó el intento más importante del siglo XX español por cambiar desde la izquierda la sociedad y el estado, por realizar transformaciones populares, democráticas, socialistas. Las reformas políticas, educativas, económicas, militares, civiles, que la república puso en marcha a toda prisa sacaron del atraso a este país. Llegó el divorcio, los convenios colectivos, el voto femenino. En tan solo dos años (1931-33) se construyeron 2.000 escuelas, que son más de las que construyó Alfonso XIII en sus 30 años de reinado. La República creía en el desarrollo del pueblo y de la nación a través de la educación pública y de la cultura.

República fue la gestión de ‘la cosa pública’ sin corrupción, entendida la política en el más alto grado de nobleza: como el arte de gobernar con los ciudadanos para resolver los problemas colectivos, promoviendo la democracia participativa.

Todos los ciudadanos somos iguales, y es por esto, que frente a una monarquía, que siempre se basa en una desigualdad basada en el nacimiento, considerando normal y legítimo que la jefatura de un estado se herede como puede heredarse una finca, de padres a hijos; la República es la apuesta por la igualdad y la fraternidad entre los ciudadanos. Lo importante es el logro de los derechos civiles, sociales, económicos y culturales de todos los ciudadanos.

Hoy, 14 de abril de 2016, y en pleno siglo XXI, los republicanos consideramos que ya es el tiempo de superar los lastres de la transición, y que es más democrático que la jefatura del estado sea elegida por el conjunto de los ciudadanos y que su temporalidad dure cuatro años y no sea vitalicia y hereditaria.

Hay llamamos a todos nuestros lectores a dejar de leernos por un día y sumarse a los, escritos, jornadas, conciertos, libros, conferencias, exposiciones, congresos, manifestaciones o simples homenajes al recuerdo Porque República es memoria, pero también es futuro.

¡Salud y Tercera República!

 

Fuente: La República