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Orfandad y paradigma

 

 

 

 

Fuente: Taberna del Ganso/ Autor: Vicente Rocamora

La vida es un fluir constante de experiencias y aprendizaje. Hay quienes buscan experimentar y se dejan afectar por la experiencia y otros permanecerán en su zona de confort.

Otros ni siquiera se plantearán experiencia alguna aunque no podrán evitar experimentarla sin consciencia de significado. A esta altura de la vida me he cansado de muchas cosas, de aquellas que no me han proporcionado un sentido útil a la experiencia vital.

El esoterismo ha acabado por parecerme una actividad interesante, estimulante, pero un lenguaje circular, un pasatiempo entretenido, agradable y que como actividad de ocio está muy bien. Pero muchas de las cosas que fueron materia esotérica son hoy conocimientos exoterizados.

La espiritualidad, podríamos definirla como una afección del ánimo que induce a la trascendencia, pero la trascendencia espiritual no precisa de formas religiosas ni místicas ligadas a escuelas espirituales o esotéricas concretas. El ánimo afectado hacia lo trascendente se nutre de la experiencia de aprendizaje y de la voluntad.

Todo lo que el ser humano necesita para su trascendencia espiritual lo lleva ya “de serie” en su mente y es en la existencia misma y la forma en la que nos desenvolvemos en ella, por sencilla que sea, lo que nos hace trascender o no. Las formas religiosas, las doctrinas, son instrumentos útiles que pueden potenciar en la persona que los practica coherentemente, el progreso espiritual que ansía.

Es en el encuentro y desarrollo de nuestra propia consciencia en donde encontramos el sentido espiritual de nuestra existencia, en el sencillo vivir día a día las experiencias más simples o las más complejas, como una gran oportunidad de aprendizaje.

Lo metafísico deja de ser una materia relacionada con el misterio, para ser algo relacionado con el mundo de las ideas.

¿Cual es entonces el sentido del trabajo masonico? Si la masonería utiliza el oficio de la construcción como universo simbólico, el sentido de la labor masónica se encuentra en el paradigma constructivo.

Las creencias espiritualistas proyectan al ser humano a una realidad que para muchos es fantasía pero que para otros es una experiencia trascendente, que le separa del mundo y que entiende que es ese escapar del mundo lo que le proporciona sentido existencial.

Y pongámonos en el caso de que realmente las creencias espiritualistas tuvieran razón, de que el ser humano viniera aquí a la Tierra a algo, y que viniera sin memoria o conscienscia de si mismo como una entidad de otro mundo, esa “amnesia espiritual” formaría parte del sentido de su existencia en la Tierra y por lo tanto, centrar la existencia en el escape constante al otro mundo intuido, sería estar rechazando el objetivo existencial que explicaría nuestra presencia aquí en este planeta.

De modo que ni siquiera desde el espiritualismo se justifica el desentenderse de la experiencia humana.

El ser humano vive y ha de vivir como si estuviera solo y de hecho lo está, a pesar de que ha creado tradiciones espirituales con las que sentirse unido a otro mundo espiritual intuido.

Dios; aquello a lo que llamemos Dios, es ajeno a la trayectoria humana en la Tierra y esta soledad, esta orfandad, obliga al ser humano a actuar responsablemente ante si mismo y ante el resto de la humanidad.

Una humanidad que solo puede esperar lo que por si misma sea capaz de hacer, de ahí la relevancia de ese paradigma constructivo, porque es lo único que realmente le dota a la masonería de la vigencia que como institución humana a veces es difícil de justificar.

Esta soledad no implica una negación de una consciencia superior a la que denominar Dios, pero si significaría que ese Dios no participaría en la realidad humana, siendo el ser humano el único responsable de la felicidad y del dolor que existe en nuestro planeta.

Esta soledad; esta orfandad, es una exhortación a la responsabilidad individual y colectiva, que nos exhorta a ser capaces de construir realidades no hostiles para el conjunto de la humanidad.

La creencia de que Dios participa en la historia, ha servido para justificar nuestros errores individuales y colectivos a lo largo del tiempo, y ha sido la excusa para crear guerras y argumentos de dominación.

Asumir nuestra soledad es empezar a construir con responsabilidad, la separación de la motivación trascendente espiritualista por un lado y por otro lado, la trascendencia colectiva, es imprescindible, porque esta trascendencia colectiva conlleva una trascendencia individual universalista, que es la que realmente encaja con el espiritu masonico de superación de los conflictos politicos y religiosos a los que aspiraba la masoneria moderna creada en el siglo XVIII.

Si el ser humano está solo en relación con Dios, no lo está en relación con los otros seres humanos, si asume su orfandad, entonces el progreso de la humanidad ya depende de la actitud individual de cada ser humano en relación con los demás, la causa humana se convierte en una necesidad y el compromiso con esa causa sería además del compromiso con uno mismo, una extensión obligada de la trascendencia individual. Mejorar las condiciones de vida de la humanidad es un acto de generosidad y de responsabilidad.

El masón participa en una construcción intima y otra colectiva y ambas están en relación, porque si la masonería adoctrina en algo es en la universalidad, y eso afecta a la humanidad transformandola en un material sobre el que se construye una obra colectiva.

 

 

 

Publicado por:

Diario Masónico

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