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La teoría estoica del conocimiento

 

 

Diego Sánchez Meca

En tiempos de Séneca los retóricos ocupaban su tiempo en discutir por el placer de discutir, buscando argumentos y defendiéndolos con elocuencia y brillantez.

Pero se quedaban cortos: no buscaban la verdad, se quedaban en la discusión.El filósofo cordobés Séneca sostenía que había que educar para la vida. Es célebre su frase: “Aprendemos para la vida y no para la escuela”. 

Proponía que la enseñanza y la educación tuvieran un fin práctico. Por una parte formar profesionales que aprendieran a trabajar de forma competente en un oficio y por otra parte, formar ciudadanos que aprendieran a convivir participando con provecho en la vida social. Séneca también propone un cambio de método.

No interesa tanto llenar la cabeza de muchos conocimientos sino formarla con equilibrio, orden y prudencia, conforme a la virtud.

Para el filósofo, vivir conforme a la virtud tiene tres características: vivir la coherencia, que consiste en la unidad entre el pensamiento y la conducta; vivir con autenticidad o fidelidad consigo mismo y con la propia vocación, y por último, vivir para la solidaridad en la vida social.

Séneca nos propone seis medios para conseguir su ideal:

1.- El buen ejemplo de los educadores, tanto de los padres como de los profesores. Decía: “Largo es el camino de los preceptos, pero breve y eficaz el de los ejemplos”.

2.- Reducir las necesidades del cuerpo, viviendo la sobriedad y la austeridad de costumbres.

3.- Poner orden en la propia vida. “Es grave mal para el cuerpo, y frecuentemente para el alma, hacer del día noche y contra toda razón natural, convertir la noche en día”.

4.- Seleccionar las lecturas. “La muchedumbre de libros carga y no enseña, y así te será más seguro entregarte a pocos autores que errar siguiendo a muchos”.

5.- Tener buenos amigos. “Busca a aquellos que puedan hacerte mejor y recibe también a quienes puedes tú mejorar. Esto es recíproco, los hombres aprenden cuando enseñan”.

6.- Fomentar la exigencia personal para formar el carácter. “La educación austera robustece el ánimo y la hace capaz de grandes empresas”.

Los estoicos proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan sólo siendo ajeno a las comodidades materiales, la fortuna externa, y dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud. Asumiendo una concepción materialista de la naturaleza, siguieron a Heráclito en la creencia de que la sustancia primera se halla en el fuego y en la veneración del logos, que identificaban con la energía, la ley, la razón y la providencia encontradas en la naturaleza.

La razón de los hombres se consideraba también parte integrante del logos divino e inmortal.

La doctrina estoica que consideraba esencial a cada persona como miembro de una familia universal ayudó a romper barreras regionales, sociales y raciales, y preparar el camino para la propagación de una religión universal.

La doctrina estoica de la ley natural, que convierte la naturaleza humana en norma para evaluar las leyes e instituciones sociales, tuvo mucha influencia en Roma y en las legislaciones posteriores de Occidente. Además tuvo importancia en corrientes y filósofos posteriores como Descartes y Kant.

Hoy en día se utiliza el término estoico para referirse a la actitud de tomarse las adversidades de la vida con fortaleza y resignación.

En el campo de la lógica desarrollaron la lógica inductiva.

Dividieron la lógica en Retórica (ciencia del recto decir) y Dialéctica.

En el campo de la física retornaron a la filosofía de Heráclito: todo está sometido al cambio, al movimiento. La física, según el estoicismo, es el estudio de la naturaleza tanto del mundo físico en su totalidad como de cada uno de los seres que lo componen, incluidos los seres divinos humanos y animales.

Fundamentalmente especulativa, y en clara deuda con el pensamiento de Parménides (unidad del ser) y Heráclito, la física estoica concibe la naturaleza como un fuego artístico en camino de crear. El universo es un todo armonioso y causalmente relacionado (es decir, todo esta relacionado por una serie de causas), que se rige por un principio activo, el Lógos cósmico y universal del que el hombre también participa.

Todo en la naturaleza es mezcla de estos dos principios corpóreos (materialismo). Aunque la naturaleza (physis) es plenamente racional, no rige de la misma forma a todos los seres:

Los hombres nacen con un alma como si fuera una “tabla rasa” pero cuando adquieren cierta madurez pueden, mediante el uso de una “fantasía” aceptar o rechazar las impresiones que los “iconos” que desprenden las cosas fijan en el alma como conceptos.

Cuando el hombre maduro ejerce una “fantasía cataléptica” es capaz de comprender la verdad de los conceptos, a partir de dichas impresiones y elaborar a partir de los mismos juicios verdaderos y razonamientos verdaderos.

En los animales irracionales mediante un alma sensible que percibe pero no conoce. Mediante un alma vegetal en las plantas. Mediante el movimiento local de los átomos regidos por el fatum o destino.

La teología estoica es panteísta: no hay un Dios fuera de la naturaleza o del mundo; es el mismo mundo en su totalidad el que es divino, lo que justifica que la creencia en los dioses, pese a su heterogeneidad, sea universal.

La concepción de un cosmos dotado de un principio rector inteligente desemboca en una visión determinista del mundo donde nada azaroso puede acaecer: Todo está gobernado por una ley racional que es inmanente (como su lógos) y necesaria; el destino no es más que la estricta cadena de los acontecimientos (causas) ligados entre sí: Los sucesos anteriores son causa de aquellos que les siguen, y en esta manera todas las cosas van ligadas unas a las otras, y así no sucede cosa alguna en el mundo que no sea enteramente consecuencia de aquélla y ligada a la misma como a su causa.

El azar no existe; es el simple desconocimiento causal de los acontecimientos. Si nuestra mente pudiera captar la total trabazón (conexión) de las causas podría entender el pasado, conocer el presente y predecir el futuro. Este mundo es el mejor de todos los posibles y nuestra existencia contribuye a este proyecto universal, por lo que, como veremos, no hay que temer al destino, sino aceptarlo.

El lógos que todo lo anima está presente en todas las cosas como lógoi spermatikoi, razones seminales de todo lo que acontecerá. Como el mundo es eterno y el lógos es siempre el mismo inevitablemente habrán de repetirse todos los acontecimientos (eterno retorno) una y otra vez.

El mundo se desenvuelve en grandes ciclos cósmicos (aión, año cósmico), de duración determinada, al final de los cuales todo volverá a comenzar de nuevo, incluso nosotros mismos. Cada ciclo acaba con una conflagración universal o consumación por el fuego de donde brotarán de nuevo los elementos (aire, agua y tierra) que componen todos los cuerpos, comenzando así un nuevo ciclo.

Teoría estoica del conocimiento 

Los escépticos, muy influyentes a partir del siglo II a.C. trataban de independizar al hombre del mundo mediante la abstención de juicio. Dudaban de la posibilidad de conocimiento sensible, mediante el pensamiento discursivo y de los resultados de combinar ambos.

El relativismo de Protágoras es la base de la duda escéptica respecto a los sentidos. No pueden ser una reproducción inmediata de las cosas si la percepción varía de individuo en individuo y entre distintas situaciones del mismo individuo o del objeto.

Estas contingencias no se pueden evitar, así que no hay posibilidad de conocimiento sensible. Por otra parte, las opiniones vienen condicionadas por la costumbre.

Ante la contradicción de opiniones no se puede distinguir la veraz.

El método de deducción silogística de Aristóteles depende de las premisas. Estas premisas ni se pueden admitir sin demostración ni pueden ser simplemente hipotéticas. Por tanto, el camino del conocimiento de lo general a lo particular mediante el silogismo es imposible, pues el punto de partida es incierto. De modo que lo mejor desde el punto de vista escéptico es abstenerse de juzgar, pues no se puede decir nada más allá del parecer.

Frente a ellos, los estoicos, filósofos preocupados esencialmente por problemas éticos, sostienen que se llega a la virtud por el saber.

Por tanto, deben buscar el conocimiento pese a todas las objeciones, y para ello deben encontrar un criterio de verdad certero. Consideran que la percepción deja la impresión de lo externo en el alma, que al nacer sería como una tabla de cera en la que lo exterior imprime sus signos.

Las representaciones generales se deben al enlace entre impresiones o a su permanencia. No hay pues ni ideas platónicas ni una energía externa que produzca conceptos. A partir de esta base, el argumento principal de los estoicos para afirmar la existencia de un criterio de verdad es que las impresiones son iguales para todos los individuos. Consideran que el consenso de los hombres sobre las representaciones se puede tomar como punto de partida para la demostración.

Sin embargo, en el último estoicismo hay cambios respecto a este punto. Para Cicerón no se trata del consenso entre los individuos, sino de representaciones innatas, presentes desde el nacimiento en cada uno. Según Cicerón el hombre nace con unos principios morales, la creencia en Dios y otros.

Respecto a las percepciones, los estoicos consideran que el criterio del conocimiento verdadero es la evidencia de la percepción. Las percepciones son verdaderas, el error cuando hay contradicciones está en la opinión, no en las percepciones, que son veraces al mostrar algo en unas determinadas circunstancias.

La moral: estoica al estar todos los acontecimientos del mundo rigurosamente determinados y formar parte el hombre del logos universal, la libertad no puede consistir más que en la aceptación de nuestro propio destino, el cual estriba fundamentalmente en vivir conforme a la naturaleza. Para ello el hombre debe conocer qué hechos son verdaderos y en qué se apoya su verdad.

El bien y la virtud consisten, por lo tanto, en vivir de acuerdo con la razón, evitando las pasiones (pathos). Que no son sino desviaciones de nuestra propia naturaleza racional. La pasión es lo contrario que la razón, es algo que sucede y que no se puede controlar, por lo tanto debe evitarse.

Las reacciones, como el dolor, el placer o el temor, pueden y deben dominarse a través del autocontrol ejercitado por la razón, la impasibilidad (apátheia, de la cual deriva apatía) y la imperturbabilidad (ataraxia). Éstas surgirán de la comprensión de que no hay bien ni mal en sí, ya que todo lo que ocurre es parte de un proyecto cósmico. Sólo los ignorantes desconocen el lógos universal y se dejan arrastrar por sus pasiones.

El sabio ideal es aquél que vive conforme a la razón, está libre de pasiones y se considera ciudadano del mundo. El cosmopolitismo, que defiende la igualdad y solidaridad de los hombres.

Pedro P. Dollar:.

 

 

Publicado por:

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Comments

  1. ap    

    Deberías citar al profesor, Diego Sánchez Meca en algún lugar.

  2. José Martín ílvarez Villanueva    

    Millón de gracias por tanta luz QH Adolfo Mahla

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