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Por Antonio J. Candado Aguado .·.

En este año 2019 conmemoramos el 80º Aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pero también, el 75º Aniversario del desembarco de Normandía (1944).

El 6 de junio de 1944, el día D, en la hora H, comenzó la operación Overlord: el ejército norteamericano junto al británico y al canadiense desembarcaron en las playas “Utah”, “Omaha”, “Sword”, “Gold” y “Juno”. En paralelo, las unidades aerotransportadas norteamericanas saltaron sobre las poblaciones de Caen y Carentan, situadas tierra adentro, con el fin de poder inutilizar la artillería alemana y facilitar el desembarco. Hasta aquí podría ser una magnífica reseña histórica: sencilla, breve, asequible y con empaque historiográfico, pero…

¿Qué significa realmente el desembarco de Normandía?, ¿por qué debería ser efusivamente celebrado por la masonería?, ¿qué hace de esta fecha algo más que una simple efeméride?

El 6 de junio celebramos que en 1944 comenzó la liberación de Europa, se dio el primer paso para liberar una Europa esclavizada y gobernada por la tiranía para convertirla en una Europa plural, progresista y libre, una Europa de todos y para todos, de naciones unidas entre sí como iguales.

Europa había sucumbido a la fuerza del eje y entre sus hermosos parajes se esparcían cientos de campos de batalla con toneladas de acero y  millones de muertos. No solo perecieron soldados, también mujeres, niños, civiles e inocentes cayeron en el fuego cruzado y los bombardeos, la bella Europa se vio convertida en un espectro donde abundaban aquellos campos de concentración donde se acallaron millones de voces.

No debemos olvidar el sacrificio de tantos millones de seres humanos que por el mero hecho de ser judíos, masones, gitanos, homosexuales, comunistas fueron sistemáticamente exterminados en el anonimato. El 6 de junio, todos debemos celebrar ese primer paso para reconquistar una Europa sumida en el caos a la que se le llevaba de nuevo la llama de la democracia.

La masonería, sin embargo, debe celebrar con más ahínco esta fecha por haber podido elevar de entre los escombros el proyecto de una Europa basada en la libertad que se perdió, la igualdad tan necesaria entre todos los seres humanos y la fraternidad entre naciones para evitar que tal cataclismo se repita.

La masonería debe celebrar una Europa democrática, abierta, tolerante, transparente, progresista, laica, una Europa donde se respetan las libertades, donde se vela por los derechos humanos.

En una Europa del siglo XXI debemos recordar el sacrificio que supuso para millones de personas que tan solo fueron juzgadas por su raza, por su religión, por sus creencias, por los clichés y las generalizaciones que, incluso a día de hoy, siguen siendo motivo de exclusión social. Un recordatorio que, no en vano, debe alertarnos del auge de los populismos que pretenden fragmentar y aislar a los pueblos de Europa en vez de unirlos y enriquecerlos. Afortunadamente no estamos tan cerca, tristemente no estamos tan lejos.

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