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Efemérides: La revolución de los claveles


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Tras casi 50 años de dictadura (1926-1974) liderada por Antonio de Oliveira Salazar, el 25 de abril de 1974 un levantamiento militar puso fin al Estado Nuevo, como se había autodenominado el régimen autoritario que había subyugado a los portugueses hasta entonces.

A las 12h y pocos minutos de la noche, Radio Renascença pinchaba la canción de Jose Afonso Grândola, Vila Morena, prohibida durante la dictadura y que se había pactado entre los mandos del ejército como la señal para iniciar el levantamiento. Los soldados aguardaban órdenes en las calles cuando uno de ellos se cruzó con una mujer que no llevaba el tabaco que le pedía, pero sí un ramo de claveles en la mano. El soldado colocó uno en la punta de su fusil como símbolo del espíritu pacifista de la revolución, algo que imitaron el resto de sus compañeros. Acababa de empezar la Revolución de los claveles.

Madrugada del 25 de abril

En Portugal, la revolución que depuso al salazarismo es conocida popularmente como el 25 de abril

La revolución comenzó a las 22:55 horas del 24 de abril, con la conocida canción E depois do Adeus de Paulo de Carvalho, que había representado a Portugal en el Festival de Eurovisión unos días atrás, transmitida por el periodista João Paulo Diniz de la Rádio Emissores Associados de Lisboa, que era el primer aviso para que las tropas se prepararan en sus puestos y sincronizaran relojes. A las 00:25 horas del 25 de abril, la Rádio Renascença transmitió «Grândola, Vila Morena», una canción revolucionaria de José Afonso, prohibida por el régimen.​ Era la segunda señal pactada por el MFA para ocupar los puntos estratégicos del país, mediante una serie de coordinaciones fijadas por un puesto de mando establecido por el mayor Otelo Saraiva de Carvalho en el cuartel de la Pontinha en Lisboa.​

En las horas siguientes, el régimen dictatorial se derrumbó. A partir de las 01:00 horas del 25 de abril, las guarniciones de las principales ciudades (OportoSantarémFaroBragaViana do Castelo) decidieron seguir las órdenes del MFA, ocuparon aeropuertos y aeródromos, y tomaron las instalaciones del gobierno civil. De hecho, fuera de Lisboa la situación discurrió con sorprendente calma, y a lo largo de la madrugada las autoridades del Estado Novo perdieron el control del país sin resistencia.

Pese a que desde las 03:00 horas se emitieron continuos llamamientos radiofónicos de los «capitanes de abril» (los oficiales jefes del MFA) a la población, para que permaneciera en sus hogares, y a la policía, para no oponerse a las actividades de las tropas,​ al amanecer de ese mismo día miles de civiles portugueses ganaron las calles en varias localidades, mezclándose con los militares sublevados. En el transcurso de la madrugada, los militares rebeldes salieron de sus cuarteles y ocuparon los aeropuertos internacionales de Lisboa y Oporto, ordenando el cese de los vuelos en todo el espacio aéreo portugués. Unidades de la marina de guerra se adhirieron a la revuelta y tomaron el control de los puertos del Atlántico, de Madeira y de las Azores.

Si bien al inicio las tropas de la aviación se mantuvieron indecisas, aceptaron seguir al MFA debido a la decidida actuación de las tropas del ejército. A las 04:00 horas el gobierno de Caetano tomó conocimiento de la revuelta y se perdió el factor sorpresa, pero las órdenes del gobierno (dictadas durante las tres horas siguientes) para detener a los rebeldes por la fuerza no fueron obedecidas3​ y pronto las fuerzas del MFA controlaron puntos claves del país a las 09:00 horas.

Tras el amanecer del 25 de abril

Uno de los hitos de aquellas concentraciones fue la marcha de las flores en Lisboa, caracterizada por una multitud pertrechada de claveles, la flor de temporada. Una camarera, Celeste Caeiro, que regresaba a casa cargada de las flores que iban a ser entregadas a los asistentes de un banquete para celebrar el primer aniversario del restaurante de autoservicio «Sir» en la calle Braamcamp, el cual fue suspendido por la situación; no pudo dar el cigarrillo que un soldado le pedía desde un tanque en la plaza del Rossio, justo al inicio del Largo do Carmo, donde los tanques de los sublevados aguardaban nuevas órdenes en una tensa espera desde la madrugada. Como la joven solo llevaba los manojos de claveles, le dio uno. El soldado lo puso en su cañón y los compañeros repitieron el gesto colocándolos en sus fusiles, como símbolo de que no deseaban disparar sus armas, extendiéndose la acción por toda la ciudad​ y generando el nombre con que la revuelta pasaría a la historia.

Las acciones militares fueron protagonizadas también por el capitán Salgueiro Maia que, al frente de las fuerzas de la Escola Prática de Cavalaria, salió de Santarém para marchar sobre Lisboa con una columna de tropas. En la capital logró la adhesión de más tropas y con ellas ocupó el Terreiro do Paço a primeras horas de la mañana del día 25, luchando por mantener el orden, evitar desmanes de civiles y convencer a las fuerzas militares de la capital que aún se hallaban en duda ante los sucesos.

El profesor Marcelo Caetano se refugió con sus ministros en el cuartel del bairro del Carmo, en Lisboa, que fue cercado por el MFA a las 10:00 horas del 25 de abril apoyado por una multitud de manifestantes. La intervención de un buque de la Armada en la desembocadura del Tajo para liberar a Caetano y sus ministros fracasa a las 12:00 horas​ mientras los comunicados del MFA declaran tener bajo control todo el país y que «se acerca la hora de la liberación«; Caetano discutió la situación con el capitán Salgueiro Maia, quien dirigía a las tropas sublevadas del Carmo, y que le presentó un ultimátum a las 14:30 horas para abandonar el gobierno.

La caída del gobierno

Tras vencer a las 16:00 horas el ultimátum para la rendición del gobierno, y siendo imposible contar con apoyos significativos en las fuerzas armadas para defender al régimen, Marcelo Caetano pidió a Salgueiro Maia rendirse ante un oficial de alta graduación,​ a lo cual accedió Salgueiro.

Para ese fin se dio aviso al general Antonio de Spínola, uno de los jefes del MFA en el cuerpo de caballería, quien acudió al Cuartel do Carmo para recibir la rendición de Caetano a las 17:45 horas. Caetano indicó a Spínola que capitulaba con todo su gabinete ante un general «para evitar que el poder caiga en la calle» y fue sacado con sus ministros en un transporte de tropas Bravia Chaimite a las 19.00 horas, en medio de la multitud en las calles, para ser mantenido bajo arresto. Horas después Caetano y sus ministros partieron al exilio en Brasil.

A las 20.00 horas las tropas del MFA ocuparon el cuartel general de la aviación en Lisboa y arrestaron a líderes del gobierno Caetano que se habían refugiado allí, sin resistencia; en paralelo los hombres del MFA tomaron los últimos cuarteles de Lisboa donde resistían oficiales leales a Caetano, que se rindieron sin lucha en tanto la gran mayoría de reclutas y suboficiales se habían pasado horas antes a las filas del MFA.

Pese a que los jefes del MFA insistieron en que deseaban evitar violencias, la revuelta provocó cuatro muertos y decenas de heridos ocasionados por los disparos de algunos agentes de la PIDE, la policía política, desde su cuartel general lisboeta contra manifestantes civiles a las 20:30 horas en un esfuerzo por resistir al golpe de Estado; los agentes policiales quedarían cercados por tropas afectas al MFA y se rendirían a las 09.46 horas del día siguiente.​ La ausencia de apoyo al régimen entre las Fuerzas Armadas causó que la policía política se rindiera poco después, al ser inviable oponerse por la fuerza a una revuelta militar masiva.

A las 01:00 horas del 26 de abril, la televisión y la radio estatales presentaron a los miembros del MFA encabezados por el general Spínola, que ya habían asumido el control de todo el país y que estarían encargados del gobierno a partir de entonces.​ Se constituyó la Junta de Salvación Nacional.

Publicado por:

Garibaldi

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