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La iniciación del Papa Roncalli en la Masonería (I)


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La Mano Oculta en el Vaticano, por Piers Compton, 1984

El Papa Juan XXIII. “La Historia de la iniciación del Cardenal Roncalli en la Masonería de los Rosacruces en 1935″

Comentarios, en cursiva, por Cardenal Gordon Bateman, Agosto de 1999 (Para leer la segunda parte, pulsar enlace del final del artículo)

Prefacio

Los extractos de abajo vienen del libro “La Cruz Quebrantada” de Piers Compton, quien era el editor del periódico Católico “The Universe”.

Las revelaciones de este libro nos hablan de la iniciación del “Cardenal” Roncalli en la Masonería de los Rosacruces. Roncalli fue el mismo clérigo que, en el Cónclave de 1958, ocupó la Silla de Pedro.

También es interesante notar que, desde que Roncalli ocupó la Silla de Pedro, un gran número de Cardenales han sido expuestos como masones secretos.

Capítulo 2

Como ya se mencionó, la reunión de las sociedades secretas se llevó a cabo en París, en 1935, en la cual se aprobaron un número de resoluciones memorables: y alrededor de ese tiempo, un Obispo del Norte de Italia que estaba trabajando en Estambul, la capital Turca, como representante de la Santa Sede, pasaba por una extraña experiencia que iba a convertir hasta lo más mínimo de estas resoluciones en una realidad trascendente. -El editor se refería sin duda a las instrucciones permanentes del Alta Vendita (el Iluminista italiano más importante de aquel tiempo)-.

El obispo en cuestión era Angelo Giuseppe Roncalli. Nacido en 1881 y ordenado en 1904. Atrajo rápidamente la atención del Vaticano como Doctor de Teología y Profesor de historia Eclesiástica. En 1921 fue asignado a la Congregación de Propaganda y, después de haber sido consagrado Obispo en 1935, entró al servicio diplomático de la Iglesia.

Su primer proyecto estaba en los Balcanes que, como Roncalli descubrió, era una parte del mundo que estaba lejos de estar a favor de cualquier influencia Católica. Como Visitante Apostólico, o Chargé d’affairs, de la Santa Sede en Sofía, se vio envuelto en dificultades diplomáticas con el Rey, tomando éstas un aspecto insignificante pero personal, hasta que en 1935 fue transferido como Delegado Apostólico a Estambul.

El presente fervor de modernización, bajo Mustafa Kemal, estaba en pleno desarrollo. Algunas de sus leyes cayeron pesadamente sobre la religión, Islámica y Cristiana, y el uso de cualquier vestimenta clerical en público estaba estrictamente prohibido. El uso de títulos eclesiásticos también fue proscrito.

Se hizo sentir a Roncalli como si estuviera en una especie de camisa de fuerza, nunca realmente libre sino que vigilado y espiado, y sus acciones reportadas. Cualesquier contactos que haya desarrollado, eran poquísimos. Su invariable rutina era, al final del día, irse calladamente a su casa como un peatón extranjero y anónimo.

Una tarde se sintió más cansado de lo normal y, sin desvestirse o apagar la luz, se echó a la cama. En las paredes habían recordatorios de su vida anterior: fotografías de parientes, y de la villa sobre el llano de Lombardía, donde se criaron juntos. Cerró sus ojos y murmuró sus oraciones habituales. En una especie de visión, observó caras flotar de una nube ante él, aquellas que él pasó descuidadamente en la calle de aquél día. Entre ellas estaba la cara de un anciano con cabello blanco y una piel de olivo que le daba un aspecto casi oriental.

¿Estás Listo?

Lo que siguió después pudo haber sido un sueño, o al menos así pareció cuando el sol ya había salido. Pero en el silencioso cuarto, Roncalli oyó claramente al anciano preguntar: “¿Me reconoces?”, y, sin saber qué lo impulsó, Roncalli respondió; “Sí siempre.”

Su visitante prosiguió: “Vine porque me llamaste. Estás en el camino correcto aunque todavía tienes mucho que aprender. Pero, ¿estás listo?” -Aquí deberá recordarse que para este tiempo Roncalli ya se había interesado en el liberalismo, pero fue sospechoso y consecuentemente expulsado del puesto de enseñanza del palacio de Letrán. Por tanto, fue natural que Roncalli, como un liberal, se interesara en la ideología masónica de la adoración humana, que es lo que el Vaticano II enseña hoy. Paulo VI claramente lo definió en su discurso de clausura del ílicito Concilio Vaticano II, el 8 Dic. de 1965.-

Roncalli no experimentó la más mínima duda. Todo había sido preparado para él. “Te espero Maestro”. Fue lo que dijo.

El anciano sonrió y preguntó tres veces si lo volvería a reconocer; Roncalli respondió tres veces que sí.

Ni siquiera la llegada del día hizo que la experiencia pareciese inusual. Roncalli sabía que aquello habría de repetirse de tal manera que le daría un sentido nada ordinario.

Se dio cuenta que el tiempo había llegado, cuando encontró al mismo anciano esperando afuera de su habitación; también sintió que se había desarrollado una situación más familiar, causa por la cual Roncalli preguntó al anciano si lo acompañaba a la mesa. –Roncalli siempre fue un gastrónomo, y este hábito lo llevó al palacio papal hasta llegar a su gran volumen.-

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Publicado por:

Garibaldi

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