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La iniciación del papa Roncalli en masonería (III)


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En los últimos días de Diciembre de 1944, Roncalli se preparaba para dejar Turquía y trasladarse a París, donde había sido nombrado Nuncio Papal de la Cuarta República Francesa.

La guerra todavía continuaba, y la diferencia que había entre la derecha y la izquierda, en cuestiones políticas, y que había dividido a Francia, salió a la superficie: pronto se hizo claro a los observadores, cuyo juicio no fue afectado por los títulos eclesiásticos, que las simpatías inherentes de Roncalli estaban con la izquierda. 

Fue por recomendación suya el que Jacques Maritain (neovitalista y neotomista) fuera hecho Embajador francés de la Santa Sede. Maritain era considerado mayoritariamente como un pensador del mundo, ciertamente como uno de los filósofos Católicos más prominentes. El impacto profundo de su “humanismo íntegro” había sido hasta ahora moderado por su perspectiva Aquina.

Su posición como filósofo “Católico” vuelve a levantar sospechas, ya que por testimonio propio, él no se convirtió por necesidad espiritual ni por argumentos teológicos o históricos, sino por los escritos de León Bloy (1846-1917). 

En 1947, Vincent Auriol fue nombrado Presidente de la República Francesa. Era un personaje anticlerical y, a pesar de eso, él y Roncalli no sólo se hicieron socios cordiales, como lo demandaban sus oficios, sino que hasta buenos amigos. Esto no se debió a la caridad Cristiana de una parte o cortesía de la otra, sino a la ceremonia de Estambul, por la cual pasó Roncalli, y que estableció un vínculo de entendimiento entre los dos hombres. 

A esto se le dio expresión tangible cuando, en enero de 1953, el Arzobispo Roncalli fue elevado a Cardenal y Auriol insistió en ejercer su derecho tradicional, como jefe del Estado francés, de conferir la birreta roja al nuevo príncipe de la Iglesia. Esto ocurrió en una ceremonia en el Palacio Elíseo, donde Roncalli, sentado en la silla (prestada por el museo) donde Carlos X había sido coronado. Roncalli también había sido jurado secretamente en este mismo designio

Tres días después, como Patriarca, fue transferido a Venecia; y durante sus cinco años de estancia volvió a mostrar, como lo había hecho en París, una cierta simpatía por las ideologías izquierdistas, y que a veces asombraba a la prensa italiana. 

Fue durante el pontificado de Pío XII que un número de sacerdotes, que entonces trabajaban en el Vaticano, se dieron cuenta de que no todo iba bien por debajo de la superficie. Pues una extraña influencia que no les gustaba, se estaba haciendo sentir. Esto lo descubrieron en un grupo que llegó a tener prominencia como expertos, consejeros y especialistas, y rodeaban tan estrechamente al Papa que hasta hablaban de él, medio bromeando, como su prisionero

Preocupación por las infiltraciones

Esos sacerdotes que estaban más preocupados, pusieron en marcha una cadena de investigaciones, llegándose a establecer el hecho de que los Iluminati se estaban haciendo sentir en Roma por medio de infiltrados, especialmente entrenados, y quienes venían de cerca de un lugar de Alemania, donde Adam Weishaupt se había jactado de su plan de reducir al Vaticano a una mera concha vacía.

Pío XII murió el 9 de Octubre de 1958, y el 29 de ese mes, después de que los Cardenales en cónclave hubieron votado once veces, Angelo Roncalli se convirtió en el papa número 262 de la Iglesia Católica. Tenía setenta y siete, pero con un físico capaz de sostener los treinta kilos de vestimenta eclesiástica con la cual fue sobrecargado para su coronación del 4 de Noviembre de 1958. 

La elección de Roncalli fue una señal para que explosiones de bienvenida hicieran eco alrededor del mundo, frecuentemente de los sectores más inesperados. Los no católicos, gnósticos y ateos estuvieron de acuerdo en que el Colegio de Cardenales había tomado una excelente decisión y, de hecho, la mejor en varios años. Se había encontrado a un hombre sabio, humilde y santo que iba a librar a la Iglesia de superficialidades y la llevaría de regreso a la simplicidad de los tiempos Apostólicos. Y, por último, pero no menos importante, entre las ventajas que prometían mucho para el futuro, estaba el que el nuevo Papa era de estirpe campesina. 

El Papado de Roncalli

El suyo fue un pontificado breve, pero cambió el curso de la historia. Angelo Roncalli (1881-1963), conocido como Juan XXIII tras suceder a Pío XII en 1958, disfrutó de una admiración prácticamente unánime, con las pocas excepciones de los integristas que lo consideraron un hereje. En contra de los que esperaban un mandato de transición, pasó a la historia por convocar el Vaticano II, un concilio que no se concibió, como los anteriores, para denunciar herejías, sino para hacer una puesta a punto general de la Iglesia. Una palabra italiana, aggiornamento, “actualización”, pasó a definir el espíritu de los nuevos tiempos.

El suyo fue un pontificado breve, pero cambió el curso de la historia. Angelo Roncalli (1881-1963), conocido como Juan XXIII tras suceder a Pío XII en 1958, disfrutó de una admiración prácticamente unánime, con las pocas excepciones de los integristas que lo consideraron un hereje. En contra de los que esperaban un mandato de transición, pasó a la historia por convocar el Vaticano II, un concilio que no se concibió, como los anteriores, para denunciar herejías, sino para hacer una puesta a punto general de la Iglesia. Una palabra italiana, aggiornamento, “actualización”, pasó a definir el espíritu de los nuevos tiempos.

Si Pío IX proclamó que el liberalismo era pecado, Juan XXIII reconcilió a la Iglesia con el mundo moderno. En adelante, la misa dejó de celebrarse en latín. Y se puso énfasis en que el buen católico no debía limitarse a asistir a misa, sino vivir activamente su fe. El papa también se pronunció acerca de la justicia social y de la búsqueda de la paz, esta última una cuestión urgente después de que la crisis de los misiles, en 1962, pusiera al planeta al borde de un holocausto atómico.

Juan XXIII fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en el año 2000. El papa Francisco lo canonizó junto con el Papa Juan Pablo II en el año 2014, siendo una decisión fuera de lo común ya que no se reconoció un milagro para reconocer su santidad.

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Garibaldi

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