shadow

Semántica, fonética y simbólica


shadow

SEMÁNTICA, FONÉTICA Y SIMBÓLICA

 

 

 

 

EDOUARD RIVET

En su obra El Cratilo, Platón hace decir a su personaje:

“Aquel que conoce los nombres, conoce también las cosas que ellos expresan”.

Es pues de los nombres, de las palabras que se tratará en este artículo. Se podrá pensar, a primera vista, que un trabajo sobre las palabras depende de la ciencia profana. Pero se puede decir, desde ahora, que va a tratarse de otra cosa, ya que, según el verso célebre de Víctor Hugo, ”¡Pues la palabra, es el Verbo, y el Verbo es Dios!”

Sabido es que la semántica es el estudio del sentido de las palabras y de las variaciones que este sentido ha seguido, y que la fonética es el estudio de los fenómenos, es decir de la forma misma de las palabras y de sus variaciones. En cuanto a la simbólica, es inútil, aquí, definirla.

Estos tres términos habrían podido ser reemplazados por uno solo, una palabra sánscrita que no tiene equivalente en francés, el Nirukta, un procedimiento de mucho uso en el hinduismo, definido en esa parte de los Vedas llamada Mîmâmsâ.

Este procedimiento ha sido igualmente utilizado por los griegos, especialmente por Platón: la palabra griega que corresponde al Nirukta es “Hermeneia“, que ha dado en francés “herméneutique” [hermenéutica], una palabra que tiene la ventaja de contener la palabra “hermes”, pero que tiene un sentido diferente del Nirukta, ya que la hermenéutica es la interpretación de los textos antiguos, y constituye, por otra parte, una ciencia oficial o profana.

Con el Nirukta, como se va a ver, se trata de otra cosa: no se trata ya de una ciencia como la filología o la etimología, sino de un procedimiento que consiste en hacer comparaciones entre palabras asonánticamente cercanas.

Dos ejemplos muy conocidos van a aclarar de qué se trata.

Los lectores de la obra de René Guénon saben que en ciertas partes, ha comparado el Agni védico (que es exactamente el Fuego) con el Cordero de la tradición cristiana que ilumina la Jerusalén celeste.

“No da lugar establecer, dice Guénon, una relación etimológica entre Agnus, el Cordero, e Ignis, el Fuego, equivalente latino de Agni; pero comparaciones fonéticas entre estas dos palabras juegan a menudo un papel importante en el simbolismo. No hay nada aquí de fortuito, al tener, todo lo que existe, una razón de ser, incluidas las formas del lenguaje. Conviene además señalar, bajo el mismo aspecto, que el vehículo de Agni es un carnero”.1

En otro ejemplo, tomado del mismo autor, se trata de la palabra “graal” que se puede considerar como un receptáculo o como un libro que representa la Tradición. Guénon escribe:

“Por una de esas asimilaciones verbales que juegan a menudo en el simbolismo un papel no despreciable y que tienen por otra parte razones mucho más profundas de lo que uno se imaginaría a primera vista, el ‘Graal’ es a la vez un vaso (‘grasale‘) y un libro (‘gradale‘ o ‘graduale‘). En ciertas versiones, los dos sentidos se hallan estrechamente próximos, ya que el libro deviene entonces una inscripción trazada por el Cristo o por un ángel sobre la copa misma”.2

Por supuesto, para la ciencia oficial, los procedimientos nirúkticos no son más que fantasías etimológicas, completamente artificiales, a saber, simples juegos de palabras.

Hablando de Platón, y sobre todo de los Vedas, otro autor, René Daumal, escribe:

“Comparación de las palabras por la sonoridad o la etimología, empleo de una palabra en el curso de un mismo texto con sentidos diferentes, todo esto, el orientalista Sénart lo llamaba ‘filosofía mediante juego de palabras’; es verdad, salvo el valor peyorativo de la expresión ‘juego de palabras’. No creo que se pueda hacer una distinción precisa entre una etimología y un juego de palabras.

La ‘verdad’ etimológica es extremamente huidiza… Sólo el erudito puede hacer falsas etimologías, el pueblo, al contrario, cuando compara palabras, las liga realmente, como dos árboles que se injertan”.

Y nos da un ejemplo:

“En los Upanishads, la palabra que designa el himno cantado es ‘sâman‘, palabra formada de ‘sa‘, ‘ella, ésta’, y de ‘ama‘, ‘él, ése’. Así, la palabra ‘sâman‘, de género neutro, es la unión de un elemento femenino y de un elemento masculino, la sustancia y la esencia”.3

Es cierto que hay en el uso del Nirukta un cierto riesgo, como por otra parte en los procedimientos de la Cábala. (La Gematría y otros de los que hablaremos más adelante). El riesgo consiste en comparar palabras, o incluso transformarlas, para obtener, de forma completamente arbitraria, el sentido buscado. Pero, en la práctica de estos procedimientos, hay que saber siempre “guardar la razón”, bajo pena de ir a parar a verdaderos absurdos.

Demos algunos ejemplos de un uso legítimo del Nirukta.

Se conoce al dios Hermes-Mercurio, idéntico al Toth egipcio. Ahora bien, en India, al planeta Mercurio se le llama Budha, palabra cuya raíz significa la Sabiduría, y ciertos atributos del Budha planetario han sido transferidos al Buddha, Sâkya-Muni, iluminado por la irradiación del planeta.

Aquí, se puede observar que, fonéticamente, la B se cambia en V (ejemplo: “faber” deviene “Lefébure”, después “Lefevre”); así, Budha (Mercurio) ha devenido Woden o Wotam. Es el Odín escandinavo, y el Miércoles es siempre y en todas partes el día de Mercurio, Hermes, Odín.

Se sabe también que la madre de Sâkya-Muni tenía el mismo nombre, Maïa, que la madre de Mercurio-Hermes, entre los latinos y griegos.

Se puede observar que el mes de Maïa, el mes de Mayo, ha devenido el mes de María, Maria o Myriam, sin insistir en las tan conocidas comparaciones entre María, el mar, mater, materia, las Aguas, la materia prima, la sustancia primordial, etc…

Volvamos a Hermes para señalar que ciertos autores han indicado que la raíz HRM se encuentra en el nombre de Hiram, el arquitecto bíblico del Templo de Salomón: no se puede aceptar esta comparación sino con reservas, ya que la palabra Hermes se escribe con una E (Epsilon) y no con una H (Eta), ¡pero quizás es esto un argumento cientista!

Otros autores, hablando también del nombre de Hiram, han tomado la Heth inicial, (una H fuerte pronunciada Kh) por una Hé, letra hebrea casi parecida que tiene el sonido de “a”. Han creído poder darle la vuelta a la palabra Hiram para obtener “María”. No hay en esto más que fantasía o ignorancia y nada de Nirukta.

El nombre de Hermes está ligado evidentemente al hermetismo. Pero en la tradición hermética, se trata también de una entidad llamada “Elías-Artista”. La palabra “artista” designa al artesano o al arquitecto. (La palabra “arquitecto” pediría cierto desarrollo en el dominio que nos ocupa). Para los rosacruces, Elías-Artista es análogo al Vishwakarma del hinduismo que es, nos dice Guénon,

“el aspecto o la función del ‘Hombre universal’ que corresponde al Gran Arquitecto del Universo de las iniciaciones occidentales”.4

Hay que observar, a propósito de esto, que la palabra Elías se escribía siempre Helías, por referencia a Helios: el Sol.

El nombre del profeta Elías, el anunciador, o el precursor del Mesías – o del Cristo de la segunda venida – está formado por dos palabras, EL e IAH. La palabra EL es la palabra “Dios” e IAH es el nombre del “Dios único”. “Elías” significa pues: “El Dios, es Iah”. Observemos que en hebreo y en arameo, la palabra ELI, (EL, Dios, seguida de I, posesivo en primera persona) quiere decir “Mi Dios”, lo cual explica el error de los soldados romanos, oyendo al Cristo Jesús agonizante decir: “Eli, Eli, lamma sabachtani” (“Mi Dios,,…”), que creían que invocaba al profeta Elías (Eliahu).

Contemplemos ahora una cuestión simbólica de la que se trata mucho en la tradición hermética, es el del árbol. Se conoce el valor “axial” del árbol, en pie como el hombre, intermediario entre la Tierra y el Cielo.

El Hombre, “homo“, ha salido de la tierra, “humus“; se conoce la otra palabra latina, opuesta, en cierta medida, a “homo“, es la palabra “vir“. Se compara “vir” con la sánscrita “vîrya“: ahora bien, la vîrya, término técnico de la doctrina hindú y más especialmente budista, es la fuerza heroica, agente de la regeneración. Para Julius Evolavîrya es el “poder de rectificación”.5

Se conocen las palabras que proceden de “vir“: virtus, virilidad… Existe también el verdor, que tiene su importancia en simbólica. Hay árboles “siempre verdes”. La alquimia atribuye mucho valor al color verde: la Tabla de Esmeralda, “Tabula Smaragdina“, es la Tabla verde.

En el Islam, se conoce el papel de esa entidad que se manifiesta bajo la forma de un personaje asimilado a Elías: es Kidhr el Verdeante (éste es el tema de la novela de G. Meyrink, El rostro verde). El verdeante (“semper virens“), es aquel que no conoce la muerte, aquel que será el testigo del anunciador del fin del ciclo de manifestación.

Se puede contemplar, para el hombre, un sentido intermedio entre Homo y Vir: hay que recurrir aquí al inglés con la palabra “man“, fuente de múltiples palabras, en diversas lenguas, en estrecha relación unas con otras.

El sentido primero es el del latín “mens” o el del sánscrito “manas“, es decir lo mental, la facultad puramente humana. Es conocido Manú, el Legislador primordial, reflejo del Principio, análogo al Menes egipcio, al Minos griego, al Menw céltico e incluso al Numa romano…

Según el Vedanta, el manas ocupa, en el ser humano, una posición, si se puede decir, central, análoga a la del hombre en el universo, ya que, entre las cinco envolturas del Sí, ella es la tercera (manomaya-kosha). El manas no es sin embargo el centro del ser, siendo, por supuesto, este centro, el intelecto informal, así pues supra-individual.

No insistiremos sobre las palabras emparentadas con esta raíz. Observemos ciertas palabras que designan a la luna, reflejo del sol, mediador entre la tierra y las influencias celestes: “moon“, “mundo”, “mêné“.

El mes, “mensis” está ligado a la luna que sirve para “medir” el tiempo. De donde las palabras que se refieren a la medida y al mes (medición, mesura, menstruación, etc.). Observemos también que la palabra medida en sánscrito, “mâtra“, es análoga a nuestra palabra “metro”.

El hombre es la medida de todo: posee en sí elementos que corresponden a todas las cosas y que hacen de él el microcosmos, imagen del Macrocosmos. Esta noción de medida, ligada a la condición formal, no puede ser percibida más que por lo mental que es de naturaleza formal.

Hay que decir aquí una palabra de la “mano”, imagen, o mejor resumen del ser entero. (Es el principio de la quiromancia). La mano es propia de los seres dotados de lo mental. (El mono no siendo más que una caricatura del hombre, como, se dice, el diablo es el mono de Dios). La mano es una medida a escala humana. (El palmo, la palma, como por otra parte, el codo o el paso).

Pero volvamos al árbol que es, como el hombre, intermediario entre la tierra y el cielo.

En él, las influencias terrestres y celestes se combinan: el agua y las sales tomadas de la tierra por las raíces forman la savia bruta que sube hacia el cielo por la madera, la parte dura y compacta –que se puede decir “substancial”. Observemos que la palabra “savia”, como la palabra “sabor”, viene de la raíz “Sap“, que es también la de “saber” (del latín “sapere“), en razón de la analogía que existe entre la asimilación nutritiva en el orden corporal y la asimilación cognitiva en el orden mental e intelectual.

Se piensa aquí en la sapiencia. Llegada a las hojas, la savia se elabora recibiendo las influencias celestes del aire y del sol, y la savia elaborada vuelve a bajar hacia la tierra, nutriendo todas las partes del vegetal mediante el líber, de consistencia menos compacta que la madera. (El líber es la más interior de las tres partes que forman la corteza, que servía para la escritura antes del uso del pergamino).

Observar que el líber es normalmente exterior con respecto a la madera.

La influencia terrestre es pues, en apariencia, central, y la influencia celeste, periférica, en virtud de la analogía inversa por la cual el cielo, en el orden sensible, envuelve a la tierra, mientras que, desde el punto de vista metafísico, es verdaderamente “interior”.

No insistimos sobre la simbólica del árbol: se conoce el Árbol de vida del Paraíso terrestre y el Árbol de la ciencia del bien y del mal, de la dualidad, fuente de la multiplicidad – del alejamiento progresivo de la unidad: el fruto de este árbol, en latín “malum“, es al mismo tiempo, la manzana y el mal.

Hablando del líber, no se puede dejar de invocar el “Liber Mundi” de los rosacruces: es el libro por excelencia, el Libro sagrado, el Libro de la Tradición, el “gradale“, el Graal.

Se asocia por supuesto, a la palabra “Liber”, la liberación, objetivo final de la iniciación. “Conoceréis la Verdad, dice San Juan, y la Verdad os liberará”. La Verdad es el Conocimiento supremo que da la visión del Graal.

Se conoce el Árbol de la vida de la Cábala: un texto Cabalístico habla de un gran Árbol, en medio del Paraíso, “cuyos ramos que son las sentencias, se prolongan en pequeños ramilletes y en hojas que son las letras”.

El Conocimiento supremo, es también la Gnosis. Es la palabra griega “Gnosis” la que tiene el sentido de “saber”. En sánscrito, se tiene la palabra “Vidyâ” que tiene, a la vez, el sentido de “ver” (latín “videre“) y de “saber” (latín “sapere“). El conocimiento es comparado así con una vista o con una visión interior. Se conoce, en sánscrito, la palabra contraria, “a-vidya“: ignorancia.

Sabida es la importancia del árbol entre los celtas, y especialmente de la encina. Se conoce el papel que jugaba para los druidas: se ha discutido mucho sobre el origen de esta palabra. Desde Plinio, se hace derivar esta palabra del griego “drus“, la encina. En realidad, la palabra druida estaría formada por dos palabras, la palabra “dru” y la palabra “uid” o “vid“. Ahora bien, la palabra “vid” es literalmente la sánscrita “vidyâ“, conocimiento, sabiduría, Gnosis.

La raíz “vid” (análoga a la raíz griega “id” que ha dado “eidon“, ver), tiene pues el sentido de un conocimiento ligado a una visión. Así, los Vedas fueron “vistos”, se nos dice, por los “rishis“, los sabios, los “videntes” de la primera edad.

Igualmente, en la Biblia, (Exodo, XX-18), se dice que, mientras que Moisés recibía la Ley en el Sinaí, los sabios de Israel, al pie de la montaña, “veían” el trueno y el sonido de la trompeta. (Hay que referirse aquí al texto hebreo, que emplea la palabra “raïm“, el verbo “ver”, que la versión francesa traduce por “escuchar”).

En cuanto a la palabra “dru“, significaba, entre los celtas, “poderoso, fuerte”: puede ciertamente referirse a la palabra latina que designaba la encina, “robur“, devenida “rouvre“, que ha dado robusto. Hay que señalar que los celtas llamaban a la encina “deruos“.

Se puede decir, en una palabra, que los Druidas, los hombres de la encina, unían la Fuerza a la Sabiduría.

Pero hay aún más: en sánscrito, la raíz DHRI expresa la idea de estabilidad. Así, “dhru” es la raíz de “Dhruva“, el Polo, y “dhri” es la raíz de la palabra “Dharma“, la ley, estable e inmutable, la rectitud, (análoga al TE del Tao Te King). El árbol es el camino que hay que recorrer para llegar al Conocimiento: la vía iniciática es asimilada a la subida al árbol, el eje del mundo, el madero de la redención, levantado entre el Sol y la Luna.

Los frutos de este Árbol, Árbol de Vida, que hay que recoger, son también manzanas, pero manzanas de oro, como las del Jardín de las Hespérides.

El Árbol está guardado por un dragón análogo a los Querubines que defendían la entrada del Paraíso, el Pardés (una palabra sobre la cual habría mucho que decir). Se puede aquí evocar a Jasón y al Vellocino de oro ligado a una encina.

La encina juega un papel importante en la literatura alquímica. Se trata siempre de una “vieja encina”. (“Observa bien esta encina” subraya Nicolas Flamel). Además, es una encina hueca y quizás se puede encontrar aquí el sentido de receptáculo (“grasalis“, un plato hondo, el Santo “Vaso” [Vaissel = francés Vaisseau, barco = castellano Bajel] y esto nos lleva al simbolismo de la nave.)

Pero atengámonos a la encina, el árbol por excelencia, en el mundo occidental, al menos. Tiene importancia, en el dominio de la simbólica, señalar que, del pie de la vieja encina, se escapa una fuente de agua viva: el manantial bajo el árbol.

La encina lleva a menudo en sus hojas pequeñas excrecencias, llamadas “nuez de agalla”. Se impone una aproximación entre “galla“, la agalla de la encina, y “gallus“, el gallo, y, por supuesto, con los Galos (y esto en razón del juego de palabras que hicieron los romanos asociando el nombre latino del gallo al del pueblo de la Galia).

Ahora bien, el gallo, que ha llegado a ser emblema de la Galia, es, en alquimia, el atributo de Mercurio: mejor aún, es, él mismo, Mercurio: el gallo anuncia la aparición del sol, de la luz. En virtud de esto, figura en el Gabinete de Reflexión de los francmasones: está ahí en tanto que mercurio, mientras que el azufre y la sal, los dos otros “elementos” de la obra alquímica, están presentes bajo su forma material.

Señalemos a propósito de esto la palabra VITRIOL, una palabra simbólica de una importancia capital en alquimia, formada gracias al procedimiento cabalístico, llamado Notarikon (una palabra y un procedimiento emparentados con el Nirukta hindú).

Este procedimiento consiste en formar una palabra por medio de las iniciales de las palabras de una frase. (En prosodia, es el acróstico).6

Otro procedimiento cabalístico, llamado Temurah, es el anagrama: se le encuentra utilizado muy a menudo en la mayoría de los tratados alquímicos, a veces como “aproximadamente”: es así cómo la palabra “acier” [acero] es comparada con la palabra “aries”, el carnero, el signo zodiacal bajo el cual la obra debe emprenderse. Dom Pernéty, autor, en el s. XVIII, de un Diccionario Mito-Hermético7, escribe, por ejemplo:

“Los adeptos dicen que sacan su ‘acero’ del vientre de Aries”.

Estos diversos procedimientos están abundantemente utilizados en las dos obras publicadas bajo el nombre de FulcanelliEl misterio de las catedrales y Las moradas filosofales:8 las comparaciones que hace el autor son siempre sorprendentes, a veces poco convincentes, pero algunas no hay que desdeñarlas, como éstas que le tomamos prestadas ahora.9

Fulcanelli nos dice que:

“La encina no solamente suministra la Agalla, sino que da también el Kermes, una palabra que tiene el mismo significado que Hermes, siendo permutables las consonantes iniciales”.

Volvemos pues a Hermes por otro camino. Pero ¿qué es el kermes? Un simple diccionario va a informarnos: es un insecto, una especie de oruga, que se encuentra en las encinas, y que sirve para la fabricación de una tintura roja. Fulcanelli nos dice:

“Mientras que la agalla da el nombre de la materia mercurial bruta, el kermes caracteriza la sustancia preparada.”

Añade:

“recordad que el mercurio de los filósofos debe poseer la virtud de teñir”.

Nos dice además que los griegos llamaban “kokkos” al kermes, una palabra que recuerda a nuestro gallo [en francés “coq“], palabra simbólica del mercurio.

Pero el diccionario nos dice también que el kermes se utiliza en farmacopea. Es un producto a base de sulfuro de antimonio. Henos aquí encaminados hacia una nueva pista. Los alquimistas hacen un gran misterio del antimonio.

La materia primera de la Obra, la “minera”, podría ser un sulfuro de hierro y de antimonio: en metalurgia, el antimonio del mineral es una impureza, mientras que en alquimia, éste sería el elemento esencial. No interpretemos la palabra “antimonio” misma, nombre vulgar del metal llamado Stibium, palabra tomada en préstamo al griego y que significa el camino, la vía. (La Vía, es el Tao del Tao Te King).

El Stibium tiene dos símbolos gráficos, uno es el cuatro de cifra: Este es una cruz griega cuya extremidad superior está unida a la extremidad izquierda. Se traza de un solo trazo que parece indicar el camino – una vía que no sería una “vía recta”, pero cuyo trazado sería significativo, según los alquimistas.

El cuatro de cifra es una “marca” del Compañerazgo que se encuentra a menudo, pero sobre todo, era el signo adoptado por la corporación de los impresores, (unos “fabricantes de libros”). Es cierto que el antimonio servía para la fabricación de los caracteres de imprenta.

El otro símbolo gráfico, mucho más utilizado que el anterior, es un círculo, coronado de una cruz: es la representación gráfica exacta de la esfera o de la bola, coronada por la cruz, que los reyes de Francia tenían en la mano, cuando su consagración: es el símbolo de la “posesión del mundo” – en hebreo “Tubal Caïn”, una palabra de paso, para los francmasones.

Por otra parte, en la Francmasonería, uno de los más altos grados del Escocismo, el “Caballero del Sol”, tiene como palabra simbólica de paso “Stibium”, que sería, según un antiguo Tuileur, “la Materia de todas las cosas”, y en el cuadro del grado, el stibium-antimonio forma parte de los siete metales que rodean al Sol, siendo los seis restantes los signos distintivos de los planetas tradicionales, y la palabrastibium figura en la parte baja del Cuadro.10

Dicho esto, se puede volver todavía al libro-liber con Fulcanelli que nos enseña que los antiguos alquimistas llamaban “liber” a su materia prima, ya que este mineral presenta una configuración particular: ¡las láminas cristalinas que forman la textura del mismo, están superpuestas a la manera de las hojas de un libro!11

Se puede citar también, en este dominio, a Rabelais que usó del Nirukta de manera magistral. El es quien comparó la palabra latina “galla“, la agalla de la encina, con la palabra griega “gala“, la leche (que ha dado galaxia, vía láctea…). ¿Sería esto porque el mercurio es llamado también la “leche de la Virgen”?

Y Nicolas Flamel hacía Nirukta cuando nos dice, en sus Figuras jeroglíficas,12que la encina es el árbol alquímico

“porque suministraba la agalla y la casca”.

Y Eugène Canseliet, comentando esta frase, dice que Flamel señala así

“¡los dos grandes desconocidos de la obra de los Sabios, es decir la materia (simbólica de la obra) y el tiempo!”13

Dejemos ahora la alquimia simbólica, para terminar con algunas consideraciones masónicas de Jean Tourniac quien se ha interesado en la palabra “baúl”.14 El origen de esta palabra es desconocido, su primer sentido es el de un cofre o tapadera abombada, destinado a encerrar objetos preciosos o útiles. El autor nos dice que, ”en la Edad Media, ‘baúl’ designaba el cofre portátil en el cual los compañeros itinerantes llevaban sus útiles”.

Se ha visto llevado así a hacer una comparación entre la palabra “baúl” [en francés “bahut“] y la palabra “bauhütte“: los antepasados de los francmasones de hoy, los constructores de las catedrales, se reunían en lugares cerrados, Logias, y, en los países germánicos, la logia se llamaba “bauhütte“: (se conoce especialmente bien la bauhütte de Estrasburgo). Más exactamente, “bau” significa construcción, y hütte es el local.

“Es la ‘cabaña’ [hütte] del pastor, dice Jean Tourniac, la Logia Simbólica que cubre, protege, encierra, pone al abrigo y conserva, preserva de los peligros y de las tempestades, en suma el Arca o el Templo.”

Es interesante mencionar aquí la palabra “hat” en inglés y “hut” en alemán, el sombrero. Y también recordar que, en su Logia, los masones trabajan “a cubierto” (de donde el uso de un “retejador” y la importancia del “retejeo”.

Una palabra todavía sobre el baúl: en hebreo, el cofre es ARON, el Arca de la Alianza, sede de la Shekhinah, la presencia divina; el cofre, el arca son llamados a veces la “Barca de la Alianza”, y se puede evocar así la Barca del Sol de los egipcios, el arca considerada como un navío, la Nave, ya sea el Arca de Noé o la cuna de Moisés recién nacido: es siempre un receptáculo, y se vuelve al Santo Vaso, el Graal.

Un último ejemplo tomado prestado a René Guénon: se trata todavía de la Logia Simbólica. Recordemos primero que el gran dios de los celtas era Lug quien no era otro que Mercurio (el nombre de Lug aparece en numerosas villas de Francia, Lugdunum, entre otras, la ciudad de Lug-Mercurio). Lug ha sido asimilado al Logos, el Verbo – y también al dragón extremo-oriental, (símbolo del Verbo). “Long“, una palabra que, según Matgioi, se pronunciaría “logue“.

René Alleau nos dice que la unión entre el Verbo y el Fuego es confirmada por estas palabras de la Escritura (Jeremías XXIII, 29):

“Mi palabra ¿no es como el Fuego? dice el Eterno”.

Para este autor, el Logos, el Verbo, reposa sobre la raíz indo-europea “Leuk” que tiene el sentido de “brillar”, “ser luminoso”. Encuentra esta raíz en “lux“, en “logia” y en numerosas palabras armenias, eslavas, irlandesas, etc…

René Guénon nos dice en fin que la palabra sánscrita “loka“, el mundo, derivada de la raíz “lok“, tiene relación simbólica con la luz, como lo muestra la comparación con la latina “lux“. Por otra parte, la comparación de la palabra Logia con “loka“, posible por el intermedio de la latina “locus” que es idéntica a ésta, queda lejos de estar desprovista de sentido, puesto que la logia es considerada como un símbolo del mundo o del cosmos: ella es propiamente, por oposición a las tinieblas exteriores que corresponden al mundo profano, el lugar ”iluminado y regular“ donde todo se hace según el ”rito“, es decirconforme al Orden.

 

 

NOTAS

 

1  L’Homme et son devenir selon le Vêdanta (Ed. Traditionnelles 1947, nota p. 43).

2  Symboles fondamentaux de la Science sacrée (Gallimard 1962, p. 42).

3  Chaque fois que l’Aube paraît (Gallimard 1953, pp. 153 y 154).

4  L’Homme et son devenir selon le Vêdanta, nota p. 47.

5  La Tradition hermétique (Ed. Traditionnelles 1962, p. 103).

6   VITRIOL o VITRIOLUM: “Visita interiora terrae rectificando invenies occultum lapidem (veram medicinam)“. “Visita el interior de la tierra rectificando, encontrarás la piedra oculta, verdadera medicina.”

7   [Publicado en castellano en Editorial Indigo, Barcelona 1993.]

8   [Eds. castellanas respectivamente en Plaza y Janés, Barcelona 1995, e Indigo, Barcelona 2001.]

9   Las citas de Fulcanelli que van a continuación están sacadas de Le mystère des cathédralesEditions Omnium littéraire 1957, especialmente pp. 146, 147.

10  Tuileur Delaunay 1821, p. 203, y plancha IX.

11  Le mystère des cathédrales, p. 143.

12   [Ed. castellana en Obelisco, Barcelona 1996.]

13  Alchimie, Editions J.-J. Pâuvert 1964, p. 81.

14  Vie et perspectives de la Franc-Maçonnerie traditionnelle Dervy Livres 1978, pp. 71, 72

 

 

Traducción: Miguel A. Aguirre.

El original francés de este trabajo fue publicado en la revista  Vers La Tradition nºs 27 y 28, Marzo-Mayo y Junio-Agosto 1987

 

 

 

Publicado por:

Diario Masónico

Contenido Relacionado

shadow

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.