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Sitio de Jerusalén por Saladino


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Sitio de Jerusalén por Saladino

 

 

 

Hace 828 años, el 20 de septiembre de 1187, comenzaba el sitio de Jerusalén. Su resultado fue la conquista de Jerusalén por Saladino, entregando Balián de Ibelín, noble del reino cruzado, las llaves de la Torre de David, la ciudadela, el 2 de octubre.

Saladino permitió una marcha ordenada de Jerusalén e impidió el tipo de masacre que se había producido cuando los cruzados tomaron la ciudad en 1099. Los habitantes marcharon de allí guiados por los Templarios y en los reinos cristianos comenzaba a organizarse la Tercera Cruzada.

Las negociaciones se llevaron a cabo entre Saladino y Balián a través de la mediación de Yusuf Batit, uno de los clérigos ortodoxos orientales, que habían sido reprimidos en gran parte bajo dominio cristiano latino y sabía que tendría más libertad si la ciudad se volviese a manos musulmanas. Saladino prefería tomar la ciudad sin derramamiento de sangre, pero dentro se negaban a abandonar su ciudad santa, asegurando que la destruirían en una lucha hasta la muerte en vez de verla entregada pacíficamente. Así comenzó el asedio.

El ejército de Saladino se enfrentó a la Torre de David y la Puerta de Damasco. Sus arqueros hostigaban continuamente las murallas con sus flechas. Las maquinas de asedio se arrastraron hasta las paredes, pero fueron empujados de nuevo cada vez. Por días, las escaramuzas se lucharon con pocos resultados. El 26 de septiembre, Saladino trasladó su campamento a otra parte de la ciudad, en el Monte de los Olivos, donde no había puerta desde la que los cruzados pudieran contraatacar. Las paredes fueron machacadas constantemente por máquinas de asedio, catapultas, mangoneles, fuego griego, ballestas y proyectiles. Una parte de la pared estaba minada, y se derrumbó el 29 de septiembre. Los cruzados no pudieron expulsar a las tropas de Saladino fuera de la brecha, pero al mismo tiempo, los musulmanes no pudieron penetrar en la ciudad. Los musulmanes eran mucho más numerosos que los cruzados, y como antes sólo había unas cuantas docenas de hombres capaces de llevar armas y defender las murallas, no era posible encontrar más hombres incluso en el caso de la promesa de una enorme tasa.

Los civiles estaban en gran desesperación. De acuerdo con un pasaje posiblemente escrito por Ernoul, un escudero de Balián, en la continuación de la crónica de Guillermo de Tiro, los clérigos organizaron una procesión descalzos alrededor de las murallas, como habían hecho los clérigos durante la Primera Cruzada, marchando fuera de los muros en1099. En el Monte Calvario, las mujeres cortaron el cabello de sus hijos, después de la inmersión profunda del mentón en cuencos de agua fría. Estas penitencias tenían por objeto alejar la ira de Dios fuera de la ciudad, pero Nuestro Señor no se dignó a escuchar las oraciones o el ruido que se hizo en la ciudad. Porque el hedor de adulterio, la repugnante extravagancia y el pecado contra la naturaleza, no dejaron alzar las oraciones hasta Dios.

Publicado por:

Vicente Hernandez Gil

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